“¿Papá?”, le preguntó el joven a su padre.

“¿Sí, hijo?”

“¿Por qué el cielo es azul?”

“No lo sé, hijo”.

“¿Por qué el césped es verde?”

“No lo sé, hijo”.

“¿Cómo vuelan los pájaros?”

“No lo sé, hijo”.

Y así continuó: el hijo hacía preguntas y el padre respondía: “No lo sé, hijo”.

Un día, el hijo le dijo a su padre: “Papá, espero que no te moleste que te haga todas estas preguntas todo el tiempo”.

“Para nada, hijo”, replicó el padre. “¿De qué otra forma se supone que aprendas algo?”.

La lectura de la Torá de esta semana, Jukat, incluye una lección sobre la inteligencia. La inteligencia tiene sus límites. A veces tenemos que dejar las cosas a la fe.

Un jok es una ley sin un sentido lógico aparente, que aun así estamos obligados a cumplir. Hay tres tipos de mandamientos en el judaísmo, denominados eidotjukim y mishpatim. Los mishpatim son leyes que podemos suponer por nuestra propia cuenta (no matar, no robar, etc.). Eidot son leyes que pueden no resultar obvias de inmediato, pero que tienen una lógica particular (shabat, el concepto de los diezmos o cosas por estilo). Los jukim son leyes que no tienen razón aparente, pero que cumplimos de todas maneras.

A veces necesitamos un recordatorio de que está bien ser lógico y racional. Pero, de vez en cuando, el judaísmo nos pide que dejemos de lago todos esos cálculos. A veces sólo tenemos que disfrutar el momento, sin todos los porqué y las preguntas. No hace falta que entendamos absolutamente todo.

Una vez estaba en la casa de un amigo. Estaba por tomar un vaso de un buen whisky, cuando otro de los invitados abrió la boca: “Un segundo. Yo fui a clases para catar el whisky. No se puede tomarlo así como así; hay que hacer esto, aquello y lo otro antes de tomarlo, para poder apreciarlo de manera correcta”. Luego enunció una lista de los prerrequisitos y sus motivos racionales, ¡y no me dejó disfrutar de mi lejaim hasta que hubo terminado! Para ese momento, ¡ya no tenía ni siquiera ganas de tomar ese buen whisky! ¡Hasta ahí había llegado mi “apreciación”!

A aquellos bendecidos con el don de la inteligencia, es importante recordarles usarla con sabiduría: hay que tener en cuenta que es sólo eso, un don, y no volverse engreído o arrogante. También hay limitaciones a la inteligencia. A veces sólo tenemos que pasar a la acción y no dejar que la mente humana, analítica y lógica, nos detenga.

POR MORDEJAI WOLLENBERG
El rabino Mordejai Wollenberg vive en Cardiff, Gales, Reino Unido. Es rabino y líder espiritual de la Sinagoga Unida de Cardiff.
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