Tirar los dados

Numerosos factores contribuyeron a la salvación del pueblo judío del decreto de Hamán, entre ellos el llamado de Mordejai a los judíos al arrepentimiento y los esfuerzos de Esther… Sin embargo, el nombre de la fiesta–la palabra elegida para expresar su esencia–se refiere a un detalle aparentemente menor: el hecho que Hamán seleccionó la fecha de la aniquilación de los judíos dejándolo a la suerte (pur en Pérsico es “sorteo”). Obviamente, en la importancia de este sorteo de Hamán radica el significado de lo que es Purim.

¿Por qué Hamán lo dejó a la suerte? Porque estaba intentando romper lo que, en su mente, era un “ciclo vicioso” que había estado persiguiéndolo a él y su gente desde la aparición de la nación judía hace mil años. Grandes y poderosos hombres, desde Faraón a Nabudoconosor–para no mencionar a los propios antepasados de Hamán, los Amalekites–habían intentado destruir este pueblo. Los judíos tienen un Di-s grande y poderoso, pero también tienen este necio hábito de encolerizarlo con sus transgresiones. Todo lo que uno necesita hacer, parecería, es esperar el momento oportuno. Pero siempre, a último momento, los judíos se arrepienten y, de nuevo, su Di-s se reconcilia con ellos y los salva.

Hamán supo que los judíos habían pecado de nuevo rindiéndole culto al ídolo de Nabodoconosor y festejando el banquete de Ajashverosh; ¿pero quién sabe cuánto tiempo durará su alejamiento de Di-s esta vez?

“Siempre que nuestros planes giren en torno a la virtud o iniquidad de Israel, razonaba Hamán, se repetirá siempre el mismo viejo “escenario”. ¿Puede ser que Di-s realmente cuida a este pueblo más que a otro? ¿Puede ser que Él realmente se deleite con las buenas acciones y se encolerice por las malas? Ciertamente Di-s está más allá de todo esto. Podría haber un nivel de realidad en que la bondad se premia y el mal se castiga, pero en un plano más elevado, estas cosas evidentemente no tienen sentido”, sigue pensando Hamán. “En ese nivel, un Di-s verdaderamente infinito no tiene la preocupación de lo que sucede en el mundo material, y el primer ministro del imperio más poderoso de la tierra puede hacer lo que quiera a una pequeña y dispersada minoría”.

Así que Hamán lo dejó a la suerte, esperando “conectar” con ese nivel de realidad que transciende las leyes de lo bueno y lo malo–en ese nivel de realidad en que, él creyó, todo estaba a disposición de cualquiera, libre de cualquier regla moral como un tiro de dados.

Lo que Hamán no comprendió fue que el pueblo de Israel es el pueblo elegido de Di-s–incluso en el nivel de “elección divina”, que transciende todo criterio lógico, Di-s los desea y los protege. Es verdad que Di-s, en esencia, está más allá de todo; pero este mismo Di-s escogió–sin otra razón que Su deseo–tomar al pueblo de Israel como Suyo propio.

El judío siempre sabe esto en lo más profundo de su alma, aun cuando su conducta externa, a veces, se aleje de esta conciencia. Ésta, finalmente, es la razón del por qué siempre volvemos a Di-s, y por qué Di-s siempre, al final, nos perdona.

Esto es la esencia del milagro de Purim, y la esencia del milagro llamado el Pueblo de Israel.

POR YANKI TAUBER
Yanki Tauber es editor de contenidos de Chabad.org

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