PARASHÁ DE LA SEMANA: SHOFTÍM
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 16:18 – 21:9
HAFTORAH: ISAÍAS 51:12 – 52:12

Tetzavé (110)

La Sección de Mishnaiot Moed, (Tratado Jaguigá), concluye 1 con el dictamen que establece que los Altares de Oro y Cobre [que se hallaban en el Gran Templo] no recibían impureza. Esto se debe, según la opinión de Rabí Eliezer, a que éstos se asemejan a la tierra; mientras que los Sabios [discrepan y] dicen [que estos Altares no recibían impureza] debido a que estaban revestidos.

La explicación simple del concepto es la siguiente:

Los Altares de Oro y Cobre del Gran Templo no recibían impureza, según Rabí Eliezer, porque la Torá los compara con la tierra, y la tierra no se impurifica; pero los Sabios opinan que no se impurificaban debido a que sólo estaban revestidos de oro y cobre, así, la cubierta, [cobra un status secundario, y por lo tanto] se anula a su [estructura] interior, por eso, el interior [de los altares, que es lo principal,] no recibe impureza.

La Torá sagrada, que nos fue entregada por el Altísimo que es Infinito, también es Infinita, [a ello se debe que] tiene vigencia con la misma intensidad y tenor en todos los lugares y épocas. Y así como era válida cuando fue entregada por Di-s al pueblo judío por medio de Moshe, exactamente igual, con idéntico rigor tiene vigencia y validez en nuestra época de oscuridad galútica, en todos los lugares de sobre la faz de la tierra.

La Torá es también Infinita puesto que todo concepto y cuestión tratados en ella contienen infinitas explicaciones, dividiéndose las mismas en cuatro facetas: Peshat (significado simple); Remez (insinuaciones y alusiones); Drush (estudios comparativos); y Sod (el aspecto místico, interior)2.

La enseñanza a la que esta Mishná del final de la Sección Moed hace alusión –el remez del tema–, en cuestión de valores y conductas, aplicable a la cotidianeidad [del judío], es la siguiente:

Todo judío, cada cual conforme su nivel y estado espiritual, es un Mikdash, un Santuario en el que mora la Shejiná –Presencia Divina–, [pues la Escritura así lo declara: “Harán para Mí un Mikdash] y moraré dentro de ellos“. Así como en el Beit HaMikdash –el Gran Templo de Jerusalem– había diferentes utensilios, paralelamente, en cada judío hay aspectos diversos: su intelecto, sus emociones, etc. En estas facetas de la persona es probable que se entremezclen intereses ulteriores, temas banales, algún pensamiento ajeno a la santidad, e incluso es factible que en esta instancia [de la estructura humana] se introduzcan, no solo elementos fútiles, sino también algún aspecto impuro relacionado con cierta transgresión jas veshalom –Di-s no lo permita–, es decir, algo contrario a la Voluntad de Di-s, contrario a la Tora y las mitzvot.

En otras palabras [la idea es la siguiente]:

Al impurificarse uno de los ‘utensilios’ de la persona –el intelecto, el pensamiento u otra fuerza del alma– es imprescindible hallar el modo de purificarlo para que vuelva a ser un ‘utensilio’ del Mikdash, pues el Mikdash, el Santuario de Di-s –llámese así a todo judío, hombre y mujer– debe estar en estado de pureza.

Las personas se clasifican, (espiritual o materialmente), en ricos y pobres. Acerca del hombre pudiente se dice que todo en él es oro3, mientras que al menesteroso se lo califica como alguien con ‘monedas de cobre’4. De todos modos, todos los judíos sin excepción, sin distinción del estado en que se encuentren sus fuerzas y emociones internas o externas, siempre poseen íntegro su ‘punto judío [interior]’ –el píntele id– [que en el fuero íntimo de cada uno se traduce como] el deseo de hacer la Voluntad Divina, conforme la máxima que mi suegro, el Rebe [anterior], solía decir: “El judío no quiere y no puede estar separado de la Divinidad”. Esta tendencia interior recibe el nombre de mizbeaj, ‘altar’, aludiendo a la zebijá, el ‘sacrificio’ y acercamiento de la ofrenda hacia el Altísimo, bendito Sea.

La Mishná nos dice, que ya sea aquellos judíos que están en la categoría de ‘altar de oro’ –los ricos– al igual que los judíos considerados ‘altar de cobre’ –los pobres–, al recordar y tomar consciencia que su ser judío constituye un ‘altar’, es decir, que su deseo interior y verdadero es ‘sacrificar’ el Ietzer Hará –el Instinto del Mal– y dar cumplimiento a la Voluntad de Di-s, entonces, ‘no reciben impureza’. La razón de ello: porque ‘son como la tierra’, tal como la tierra todos la pisan, del mismo modo, el judío no tiene voluntad propia [que responda a intereses egoístas,] sino, posee [en su interior, de manera palpable,] el deseo que Di-s nos reveló en la Torá, [Su Torá].

El estilo de servicio a Di-s antedicho responde a la opinión de Rabí Eliezer (ben Horkenus), conocido como Rabí Eliezer HaGadol –el grande–, pues pesaba igual que todos los Sabios judíos5, de todos modos, sin considerar su grandeza [y altura espiritual], no se miraba a sí mismo con importancia, al grado de, conforme lo señala la Guemará6, nunca haber dicho algo que no escuchó de sus maestros. [Y debido a que él mismo, invariablemente, estaba conectado con su esencia interior,] por eso, de manera natural distinguía, [y su mirada estaba dirigida directa e] inmediatamente al fuero íntimo de todo judío, su ‘punto judío’, [la faceta esencial donde] ‘el judío, la Torá y Di-s son uno’7. [En palabras simples, esto significa] que toda la vida del judío consiste sólo en dar cumplimiento a la Torá y las mitzvot. Así, Rabí Eliezer enseñó a sus alumnos el camino para servir a Di-s, según el cual el intelecto más extraordinario y potente va de la mano de la sumisión y auto-anulación absoluta, conforme se expresa en su estilo de estudio de ‘nunca haber dicho algo que no escuchó de sus maestros’.

‘Y los Sabios dicen’ que este modo de servicio, [el planteado por Rabí Eliezer], no es accesible a todos, por eso, ellos consideran también el aspecto externo de la persona: suele suceder que el judío ‘tropieza’, jas veshalom, y en particular puede pasar en aquellos que se hallan en la categoría de ‘altar de oro’, que al estar involucrados en cuestiones de ‘oro’, éstas pueden llevarlo momentáneamente a no observar la Voluntad de Di-s; asimismo en cuanto a los pobres, (el ‘altar de cobre’), debido a las grades dificultades a las que se ven abatidos para hacerse de dinero, también ellos, a veces, transgreden la Voluntad Divina. De todos modos, los Sabios dicen que el ‘punto interior judío’ (el altar) no recibe impureza ‘puesto que está revestido’.

Pues, tanto el ‘oro’ en el caso del rico, e incluso el ‘cobre’ en cuanto al pobre, no son más que una cubierta externa, mientras que el interior es puro y no puede recibir impureza. Y la fortaleza del aspecto interior y esencial es tan grande, que finalmente la ‘cobertura’ se anula, [haciéndose secundaria] en relación a la esencia. Y con certeza, [respondiendo a su naturaleza interior,] la persona hará teshuvá y accederá a la verdad, esto es, que la vida y la existencia del judío no son más que Divinidad, y la senda hacia esos ideales son el estudio de la Torá y observancia de las mitzvot.

Asimismo, la Torá y las mitzvot son el canal para recibir las bendiciones materiales que Di-s prometió en la Torá: “Si Uds. caminarán en Mis decretos y observarán Mis Mandamientos y los cumplen…la tierra dará su cosecha y el árbol del campo su fruto…”8.

(De una carta del 15 de MarJeshván de 5711)

NOTAS AL PIE
1. ℵ En conexión con el final de la Sección Tetzavé, en donde se menciona la orden acerca del Altar de Oro, y en la Sección anterior –Terumá– que hace alusión al Altar de Cobre, editamos un resumen de una carta del Rebe (que fuera dirigida a [la agrupación] ‘Jevre Mishnaiot’ en ocasión de la culminación del estudio de la Sección Moed), en la que se describe el significado de los dos Altares.
2. Véase Shaar HaGuilgulím Hakdamá 17.
3. Véase Bavá Batrá 25:2, ‘del norte proviene el oro…y al rico se lo orienta hacia el norte’.
4. Véase la Mishná en el comienzo de Cap. 4 de Bavá Metziá, que hay sólo tres clases de monedas: oro, plata y cobre.
5. Avot 2:9.
6. Sucá 27b y 28a
7. Véase Zohar III, 73a.
8. El concepto desarrollado en el interior de la carta, explicado más en profundidad y muy sintéticamente, es así: Véase detenidamente en el Sefer HaMitzvot del Rebe Tzemaj Tzedek, Mitzvat Binian Mikdash cap. 2, allí hace referencia a que en el Mikdash había cuatro utensilios principales: el Candelabro, la Mesa, el Altar Interno y el Altar Externo, éstos se corresponden a las Sefirot de Jesed, Guevurá, Tiferet y Maljut. Con esto se entiende el comienzo de la Mishná en cuestión, que señala que el Candelabro y la Mesa sí pueden recibir impureza, no así los Altares Interno y Externo por pertenecer al kav haemtzaí –la ‘línea media’– (véase también Likutei Torá Bamidbar 60a y 51a) que asciende hacia el interior de Keter, [es decir,] el Arca (que fue enterrada, dado que no hay gobierno [de fuerza impura] sobre ella, jas veshalom,) que se hallaba en el Santo de los Santos en la que estaban las Tablas de la Ley. Y en cuanto a estos conceptos, [que los Altares no reciben impureza,] es imprescindible dar una explicación, dado que se corresponden con las Midot del kav haemtzaí, y la razón es que [los Altares] son como la tierra, como la nada absoluta de Keter – (apéndices de Torá Or). Pero sólo en relación al Altar Externo –Maljut– la Escritura explícitamente lo compara con la tierra –”Un Altar de tierra harás para Mí–, esto se debe a que ‘el final se conecta con el principio y el principio con el final’, e incluso en Shevirat HaKeilim la tierra (sólo) se anuló. Y en cuanto a los dos Altares propiamente dicho, el Altar Interno, Tiferet deZo, es ‘rico’ en comparación con el Altar Externo, Maljut, que nada propio tiene. Y la razón por la que no necesitan tebilá [–sumergirse en aguas de manantial o mikve para purificarse y lograr el bitul, la anulación propia del estado de pureza y santidad que se logra por medio de la inmersión, pues] tebilá tiene las mismas letras hebreas que habitul –anulación–, y ellos mismos están en estado [permanente] de bitul, al igual que la tierra, o porque su revestimiento se anula en relación a su interior. Rabí Eliezer, cuyo nombre alude a la Esencia misma del Infinito, Bendito Sea, pues su nombre hace referencia a ‘El Di-s de mi padre me ayudó’ (Bamidbar Rabá Cap. 19:7), y es conocido como ‘el Grande’, ‘en el lugar de su grandeza…’, él, Rabí Eliezer veía incluso en el aspecto exterior [del Altar], su interior, y [para su modo de ver] no era necesario que la cobertura esté anulada y sea secundaria en relación al interior, dado que el revestimiento externo de por sí, también esta anulado [y forma parte de lo Divino] –’nada hay [fuera de Di-s]’–. En contraste, los Sabios, y la Halajá se dictamina según ellos, [señalan que] ‘la Torá no está en el cielo’, más bien hay que conducirse por los canales [naturales] del Seder Hishtalshelut. Así expuesto, [desde esta perspectiva,] el revestimiento [externo] por sí solo puede recibir impureza, de todos modos, puesto que es [sólo] cobertura de lo interno, se anula [a lo interior]. No es este el lugar para explayarse en este tema y basta para el entendido.

Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las no­tas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE).
Textos originales: Likutei Sichos (Kehot Publication Society, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.

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