Tehillim Diario Capítulos 18 – 22

Capítulo 18
Quien tuvo un milagro público, alabará a Dios incluyendo todos los milagros desde la creación del mundo, así como las bondades Divinas en la Entrega de la Torá. Dirá: “Quien hizo todos estos milagros, que también lo haga conmigo”.

Para el Director del Coro, del servidor de Adonái, de David, quien pronunció las palabras de este cántico para Adonái en el día en que Adonái lo salvó de la mano de todos sus enemigos, y de mano de Shaúl: Dijo: Te amaré, Adonái, mi fuerza. Adonái es mi roca, mi fortaleza y mi liberador. Mi Dios, mi roca, en Quien me refugio; mi escudo y el [son del] cuerno de mi salvación; mi baluarte. A Aquel que es alabado, Adonái, clamé y de mis enemigos fui salvado. Los estertores de la muerte me envolvieron y torrentes de hombres impíos me asustaron. Los dolores del sheól me rodearon, las trampas de la muerte me enfrentaron. En mi aflicción clamé a Adonái, al Dios de mi salvación imploré; El oyó mi voz desde Su Santuario, y mi clamor a El llegó a Sus oídos. La tierra se estremeció y rugió, los cimientos de las montañas se sacudieron, ellas temieron la explosión de Su ira. De Sus narices subió humo, un fuego devorador de Su boca, carbones ardieron de El. El dobló los cielos y descendió, una espesa oscuridad debajo de Sus pies. Montó un querubín y voló, Se elevó sobre las alas del viento. Hizo de la oscuridad Su escondite y Se envolvió en Su abrigo, aguas oscuras y nubes espesas. A causa del resplandor delante de El Sus nubes pasaron, granizo y carbones flameantes. Adonái tronó en los cielos, el Altísimo alzó Su voz, granizo y carbones flameantes. El envió sus saetas y los dispersó, muchos relámpagos y los perturbó. Torrentes de agua se tornaron visibles, los cimientos de la tierra quedaron al descubierto por Tu reproche, Adonái, por la respiración de Tus fosas nasales. El envió de lo alto y me tomó; me retiró de las aguas profundas. Me salvó del mi poderoso adversario, y de mis enemigos cuando fueron más fuertes que yo. Ellos me enfrentaron en el día de mi infortunio, mas Adonái fue mi sostén. Me trajo a espacios libres. Me liberó, pues me desea. Adonái me recompensó conforme mi rectitud, me retribuyó de acuerdo con la pulcritud de mis manos. Pues cuidé las sendas de Adonái y no me aparté perversamente de mi Dios. Pues todos Sus juicios están delante de mí, y yo no me apartaré de Sus decretos. Yo fui sincero con El, cuidándome de mi pecado. Adonái me retribuyó conforme a mi rectitud, de acuerdo a la pulcritud de mis manos delante de El. Con el devoto, Tú actúas con devoción; con el hombre sincero, con sinceridad. Con el fidedigno, con lealtad; y con los falsos, falsamente. Pues Tú salvas a la nación pobre; derribarán a los ojos altivos. Pues eres Tú quien encenderá mi lámpara. Adonái, mi Dios, iluminará mi oscuridad. Pues contigo destruyo una tropa, con mi Dios salto una muralla. Dios, cuyo camino es perfecto, la promesa de Adonái es refinada, El es un escudo para todos los que refugian en El. ¿Pues quién es Dios excepto Adonái, y quién es poderoso fuera de nuestro Dios? Dios, Quien me ciñe de fortaleza, Quien mantiene recto mi camino. Quien enderezó mis pies como las gacelas, quien me colocó sobre mis alturas. Quien entrenó mis manos para la batalla y mis brazos para tensar un arco de cobre. Tú me diste Tu escudo de salvación, y Tu diestra me sostuvo. Me trataste con abundante humildad. Alargaste mis pasos debajo de mí, y mis talones no temieron. Perseguí a mis adversarios y los dominé, no regresé hasta haberlos aniquilado. Los abatí y no pudieron ponerse de pie, cayeron debajo de mis pies. Tú me ceñiste de fuerza para la batalla, sometiste a mí a quienes se alzan en mi contra. Pusiste las nucas de mis enemigos hacia mí, y derribé a mis antagonistas. Gritaron, pero no hubo salvador; a Adonái, mas El no les respondió. Los pulvericé como polvo a los vientos, cual lodo de las calles los arrojé. Libérame de la disputa de la nación. Ponme a la cabeza de los pueblos; una nación que no conocí me servirá. Apenas me oigan obedecerán, extranjeros me adularán. Extranjeros se desvanecerán, aterrados por sus encierros. ¡Vive Adonái! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Enaltecido sea el Dios de mi salvación! El Dios que me concede venganza y subyuga pueblos a mí. Líbrame de mis adversarios, elévame incluso por encima de mis oponentes; sálvame del hombre de violencia. Por lo tanto, Te agradeceré entre los pueblos, Adonái, y a Tu Nombre cantaré. El da gran salvación para Su rey, y hace benevolencia a Su ungido, a David y sus descendientes eternamente.

Capítulo 19
Para contemplar el poderío de Dios, debe observarse el cielo, el sol y la Torá. De estos se perciben colosales milagros y maravillas, al grado de que las criaturas relatan por ello la gloria de Dios.

Para el Director del Coro; un Salmo por David: Los cielos relatan la gloria del Todopoderoso; el firmamento proclama la obra de Sus manos. Día a día fluye el habla; noche a noche expresa conocimiento. No hay dicho, no hay palabras; la voz de ellos es inaudible. Su arco se extiende a través del mundo; su mensaje hasta los confines de la tierra. El fijó en ellos [en los cielos] un pabellón para el sol que es cual un novio que sale de su palio nupcial, cual un hombre fuerte alegrándose de correr por el camino. Su salida es en un extremo de los cielos, y su órbita abarca los otros extremos; nada se oculta de su calor. La Torá de Adonái es perfecta, restaura el alma; el testimonio de Adonái es fidedigno, hace sabio al necio. Los preceptos de Adonái son rectos, alegran el corazón; la mitzvá de Adonái es clara, ilumina los ojos. El temor de Adonái es puro, perdura para siempre; los juicios de Adonái son verdad, todos ellos juntos son justos. Son más deseables que el oro, que mucho oro fino; más dulces que la miel o que las gotas que destila el panal. En verdad, Tu servidor es escrupuloso con ellos; en su observancia hay abundante recompensa. Sin embargo, ¿quién puede discernir los males involuntarios? Límpiame de los pecados ocultos. Asimismo, detén a Tu servidor de los pecados voluntarios; no permitas que me dominen; entonces seré inmaculado y me mantendré limpio de la transgresión flagrante. Sean las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón aceptables ante Ti, Adonái, mi Fortaleza y mi Redentor.

Capítulo 20
Si un ser amado o un pariente –incluso distante, donde no es posible ayudar– está sufriendo, ofrece tú esta plegaria por aquel.

Para el Director del Coro; un Salmo por David: Que Adonái te responda en el día de aflicción; que el Nombre del Dios de Iaacov te fortalezca.Que El envíe tu ayuda desde el Santuario, y desde Tzión te sostenga. Que El recuerde todas tus ofrendas, y que siempre acepte favorablemente tus sacrificios. Que El te otorgue lo que tu corazón desea, y cumpla todas tus sugerencias. Nos deleitaremos en tu salvación, y en el nombre de nuestro Dios alzaremos nuestros estandartes; que Adonái cumpla todos tus deseos. Ahora sé que Adonái ha salvado a Su ungido, respondiéndole desde Sus santos cielos con la poderosa fuerza salvadora de Su diestra. Algunos [confían] en carrozas y algunos en caballos, pero nosotros [confiamos en el] invocamos el Nombre de Adonái nuestro Dios. Ellos se doblan y caen, pero nosotros nos levantamos y nos mantenemos firmemente erguidos. Adonái sálvanos; que el Rey nos responda en el día en que clamamos.

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Capítulo 21
Quien goza abundancia, recibiendo todo lo que desee, no debe ser ingrato. Alabará y agradecerá a Dios, reconociéndolo como la Causa de su prosperidad. Confiará en El, pues todo resulta de la benevolencia Divina.

Para el Director del Coro, un Salmo por David: Adonái, en Tu poder se regocija el rey, en Tu salvación, cuánto se alegra. Tú le concediste el deseo de su corazón, y la expresión de sus labios nunca le negaste. Le precediste con bendiciones de bien; sobre su cabeza pusiste una corona de oro refinado. Vida pidió él de Ti, Tú le diste extensión de días, por siempre jamás. Grande es su gloria en Tu salvación; majestad y esplendor conferiste sobre él. Pues lo hiciste una bendición para siempre, lo alegras con el regocijo de Tu presencia. Pues el rey confía en Adonái, y en la benevolencia del Altísimo, que no vacilará. Tu mano hallará a todos Tus adversarios, Tu diestra encontrará a Tus enemigos. Ponlos cual horno ardiente en el momento de Tu ira. Que Adonái los consuma en Su furia; que un fuego los devore. Elimina su fruto de la tierra, a su descendencia de entre los hijos de los hombres. Pues dirigieron el mal contra Ti, conspiraron maliciosamente, mas no pudieron [ejecutarla]. Pues Tú los colocas como una porción separada, con Tu arco que apuntas a sus rostros. Sé enaltecido, Adonái, en Tu poderío; nosotros cantaremos y entonaremos Tu fortaleza.

Capítulo 22
Toda persona debe rezar en desconsuelo por la longitud del exilio y nuestra caída de prestigio a bajeza. También hará votos [de enmienda] en su aflicción.

Para el Director del Coro, sobre Aiélet HaShájar, un Salmo por David: Mi Dios, mi Dios, ¿por qué me abandonaste? ¿[Por qué estás] lejos de salvarme, ante las palabras de mi clamor? Oh Dios mío, clamo de día y Tú no me respondes; de noche, no hay descanso para mí. Y Tú, Santo, estás entronizado en las alabanzas de Israel. En Ti confiaron nuestros padres, confiaron y Tú los liberaste. A Ti clamaron y fueron liberados, en Ti confiaron y no fueron avergonzados. Mas yo soy un gusano y no un hombre, escarnio de la humanidad, desprecio de las naciones. Todos los que me ven se mofan de mí; abren sus bocas, sacuden sus cabezas. “Confía en Adonái; El te liberará; El lo salvará porque lo quiere”. Pues Tú me sacaste del útero, me hiciste [sentir] seguro en los senos de mi madre. A Ti fui lanzado desde el vientre, desde el útero de mi madre Tú eres mi Dios. No guardes distancia de mí, pues la aflicción está próxima, pues no hay quien ayude. Muchos toros me cercan. Los poderosos de Bashán me envuelven. Ellos abren sus bocas contra mí, como un león desgarrador y rugiente. Soy derramado cual agua, todos mis huesos se dislocan. Mi corazón es como cera, fundido dentro de mis entrañas. Mi fuerza se secó cual arcilla, mi lengua adherida a mi paladar. Me colocaste en el polvo de la muerte. Pues me cercan perros; una banda de malhechores me circunda, como un león en mis manos y mis pies. Conté todos mis huesos, ellos miran y se regocijan. Reparten mis ropas entre sí, y sobre mis vestimentas echan suertes. Mas Tú, Adonái, no Te alejes; ¡Fuerza mía!, apresúrate en mi ayuda. Libera mi alma de la espada, mi única [alma] de la garra del perro. Sálvame de la boca del león, como respondiste a los cuernos de Reimím. Yo proclamaré Tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación Te alabaré. Vosotros que teméis a Adonái, ¡alabadlo! Todos vosotros, simiente de Iaacov, ¡glorificadlo! Sentid pavor de El, vosotros, la simiente de Israel. Pues El no despreció ni aborreció los clamores del pobre, ni ocultó Su semblante de él. Cuando Le suplicó [ayuda], El escuchó. Tú eres la causa de mi alabanza en la gran congregación. Saldaré mis promesas delante de quienes Le temen. Los humildes comerán y se saciarán, quienes procuran a Adonái Lo alabarán. Que vuestros corazones vivan por siempre. Todos los confines de la tierra recordarán y loarán a Adonái, todas las familias de naciones se inclinarán delante de Ti. Porque la soberanía es de Adonái, y El gobierna a las naciones. Comerán toda la abundancia de la tierra y se prosternarán, todos los que descienden al polvo se inclinarán ante El, mas El no revivirá su alma. Por la simiente que Lo servirá, Dios será proclamado a la generación. Vendrán y narrarán Su rectitud a la nación recién nacida, ésta que El hizo.

Extraído del libro Tehilim con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial. Derechos Reservados.

 

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