El Tania del Día Igueret HaKodesh, comienzo de Epístola 11

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Igueret HaKodesh, comienzo de Epístola 11

“Para iluminarte con entendimiento” que no por esta senda habrá de morar la luz de Di-s [dentro de uno], es decir, deseando la “vida de la carne”, e hijos, y sustento, pues sobre esto dijeron nuestros Sabios: “Anula tu voluntad [en deferencia a Su voluntad]”. Esto significa que [desde un comienzo] la propia voluntad debe estar [tan] anulada que no se tiene deseo alguno de cualquiera de las cuestiones mundanas incluidas [en las tres categorías generales de] “hijos, vida y sustento”. [Así, uno debe vivir] en el espíritu de la enseñanza de nuestros Sabios que “Contra tu voluntad vives”.


La clarificación de esta cuestión: Esto [puede lograrse] solamente [cuando existe] una franca creencia en el Iotzer Bereshit. Esto significa que la creación del iesh (el “algo”, “aquello que existe”) a partir de un estado de áin (“la nada”) —denominado reishit jojmá, o sea, la Divina [sefirá de] jojmá que no es captable a ningún ser creado— es una creación que tiene lugar en todo momento e instante en el que todos los seres creados cobran existencia a partir de la nada a través de la sabiduría de Di-s que lo anima todo.

Ahora bien, cuando el hombre medite en las profundidades de su entendimiento e imagine en su mente cómo cobra existencia a partir de la nada a cada momento, [de modo que es afectado por la sabiduría de Di-s en todo momento de su existencia,] ¿cómo puede abrigar el pensamiento de que está sufriendo, o tiene aflicción alguna de “hijos, vida [o sea, salud] y sustento”, o cualquier otro sufrimiento mundano? Pues el áin (la “nada”) que es la jojmá de Di-s es la fuente de vida, bondad y delicia. Es el Edén que trasciende el Mundo Venidero, salvo que, como no es captable, uno imagina estar sufriendo, o afligido. En verdad, sin embargo, “Ningún mal desciende de lo Alto”, y todo es bueno, aun cuando no es captado [como tal] a causa de su inmensa y abundante bondad [en un nivel que es inconcebible al hombre]. Y ésta es la esencia de la fe por la cual fue creado el hombre: creer que “No hay lugar vacío de El” y “A la luz del semblante del Rey hay vida”. En conformidad, “Fortaleza y alegría hay en Su lugar”, porque El es solamente bueno todo el tiempo.

Extraído del libro Tania Completo, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana
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