PARASHÁ DE LA SEMANA: SHOFTÍM
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 16:18 – 21:9
HAFTORAH: ISAÍAS 51:12 – 52:12

El suspiro que quiebra el cuerpo

¿Todas las mujeres que conoce tienen la espalda tan tensa?

No sabía cómo contestar su pregunta, especialmente dado que soy masajista y ¿quién más va a una masajista sino mujeres con espaldas tensas?

“Ya sé,” responde ella por mí. “Todas la tienen. Todas la tenemos.” Suspira. Es un suspiro pesado. “El peso de ser una mujer.”

Me quedo callada un minuto mientras continúo masajeando sus hombros. Pienso sobre lo que dijo y sobre su suspiro mientras lo decía.

La Guemará (Berajot 58b) cuenta la historia de dos rabinos, Ula y Rav Jisda, que estaban viajando. Cuando pasaron por la casa desolada de Rav Jana bar Janilai, Rav Jisda suspiró.

Ula: ¡No deberías suspirar! Rav enseñó que suspirar quiebra la mitad del cuerpo…” [Y de acuerdo al sabio Rabí Iojanan:] Quiebra todo el cuerpo…”

Lo que quiebra nuestros cuerpos ¿es el desafío, la situación difícil, la prueba misma? ¿O es el suspiro, la forma en que lo percibimos, lo que quiebra?

Me levanto una mañana con nuestra casa inundada. Los caños bajo la pileta estaban tapados, y salía agua debajo del piso. Esa misma mañana nuestro secarropas se rompió sin posibilidad de reparación. El alquiler estaba vencido, y uno de nuestros hijos necesitaba un terapeuta privado. Sentí que todo mi cuerpo se tensaba. Mis hombros se encorvaron. ¡Presión! ¡Stress! Definitivamente di un suspiro pesado esa mañana.

Cerré mis ojos y cambié mi pensamiento. “Gracias D-os, que me levanté por la mañana. ¡Estoy viva! Puedo ver. Puedo caminar.” Repasé una lista, una lista que no tenía fin. Mis hombros se enderezaron un poco, y sentí los músculos relajados. “¡Mira cuánto haces por mi! ¡Mira cómo Tu siempre me cuidas!” Empecé a pensar “El hecho que la semana pasada teníamos dinero para las compras ¿no es menos milagroso que tener el dinero que necesitamos ahora?

La tensión dejó mi cuerpo al conectarme con la Fuente de todo. Mi día continuó. Lo que se tenía que arreglar, como los caños, se arregló. Lo que no era una emergencia, como el secador, lo dejamos para después. No fue que nuestras necesidades de dinero desaparecieron, pero la presión y el stress, sí. Dejé que se fuera todo. Lo saqué de mis hombros al darme cuenta que no soy yo quien carga el peso. Me di cuenta que no tengo el control.

Los levitas, la tribu sacerdotal, fue elegida para cargar el Tabernáculo sagrado y sus utensilios. El arca misma tenía dos palos con cuatro levitas que la cargaban; sin embargo, como explican nuestros sabios, los cuatro levitas en realidad no cargaban el arca. En su lugar “el arca cargaba a sus cargadores.” El peso del arca era tan grande que no había forma que cuatro hombres pudieran cargarlo. Era un milagro. No hay duda de que cuanto más grande la persona, más grandes son sus responsabilidades. Así también cuanto más uno tiene, más responsabilidades tiene. ¡Hay tanto que lograr, tantas cosas que hacer, tanto que cargar en nuestras espaldas! Tenemos responsabilidades espirituales, físicas, financieras y sociales que parecen demasiado que soportar. Es verdad que la vida implica tener un equilibrio, y es necesario tener paciencia, experiencia y sabiduría saber cuándo decir “sí” y cuándo decir “no”, cuando decir “puedo” y cuando decir “no puedo”.

Pero como terapeuta masajista le voy a revelar un secreto (que me puede dejar sin clientes) para aliviar el stress y la tensión. Es un secreto para enfrentar la vida cuando esta se siente abrumadora: Solo va a poder cargar el peso si se da cuenta de que, en realidad, ¡tú no eres quien lo está cargando!

Es el suspiro el que quiebra el cuerpo, no la carga.

Cada mañana, digo una lista de bendiciones denominadas birkot hashajar (las bendiciones matutinas). Una de ellas es para agradecer a D-os por enderezar al encorvado. Mientras digo esta bendición, rezo en silencio: “Por favor D-os, abre mis ojos para ver que ¡eres Tú quien está cargando el peso real sobre mis hombros! Eres Tú quien me fortalece y endereza cuando estoy agobiada. Dame la sabiduría y el entendimiento para ver esta situación desafiante de una forma positiva. Permíteme responder a cada prueba con mayor fe… y no con un suspiro.”

POR ELANA MIZRAHI
Nacida en el Norte de California y graduada en La Universidad de Stanford, Elana Mizrahi hoy vive en Jerusalem con su esposo e hijos. Ella también prepara a novias para el casamiento y es escritora.

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