PARASHÁ DE LA SEMANA: SHOFTÍM
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 16:18 – 21:9
HAFTORAH: ISAÍAS 51:12 – 52:12

Simplemente déjalo Ser

Cuando me despierto por la mañana no sé cuánta energía tendré, qué me dolerá, qué requerirá atención.

¿Las cosas van como yo quiero? Honestamente no lo sé. Ciertamente, las cosas no van de la manera que creo que yo quiero. Pero quizá, sólo quizá, las cosas van a mi manera, sólo que yo no sé cuál es “mi manera”. Dejé de intentar deducirlo…

No por opción. Por elección, me gustaría que las cosas salgan de la manera que yo quiero. O por lo menos de la manera que yo pienso que quiero. Pero deseo considerar la idea de que hay un Plan, aunque yo no lo sepa.

Si dependiera de mí, me gustaría programar algo–a corto, a largo plazo–y luego ver que suceda de la manera prevista. Me gustaría hacer una lista, desglosarla en pasos a cumplir y día a día verificarla hasta que finalmente la tarea sea completada o la vacación tomada o la casa pintada o el trabajo eficazmente hecho.

Mi salud, por ejemplo. He alcanzado esa fase donde no importa lo que piense que va a pasar, algo pasa. No puedo descartar nada. Cuando me despierto por la mañana no sé cuánta energía tendré, qué me dolerá, qué requerirá atención, si necesitaré ir de urgencia a la guardia o si iré a trabajar y terminar el proyecto como lo había planeado. Es una lotería.

Es inútil frustrarse, o yo estaría frustrado todo el tiempo. Es inútil enojarse. Es inútil dar patadas y gritar. Totalmente inútil. Ninguna utilidad. Cero. No ayuda. Si yo fuera israelí, me encogería de hombros y diría: ¿Ma laasot? “¿Qué se puede hacer?”

Pero yo tengo otra manera para estas ocasiones. Me digo a mí mismo: simplemente permití que fluya. Cualquier cosa que haya pensado que pasaría, tengo que renunciar a ello y aceptar, en cambio, lo que está pasando. Mi vida diaria se ha vuelto como un revelador misterio, sin conexión alguna con lo intentado. ¡Sorpresa! ¡Sorpresa! Consigo ver lo que es mi vida mientras se despliega, y el guión no es el que yo escribí, ni necesariamente se adapta a la trama que había pensado.

No me malinterprete. No hay ningún gran drama desplegándose en mi vida. El inesperado argumento no es la aventura que pensé que sería mi vida. No hay ningún viaje a la selva. Ninguna montaña escalada. Incluso ningún gran destello de sabiduría ni entendimiento.

Hay simplemente el desconcierto de si pasaré las próximas horas en la cama. O esperando en un cuarto atestado con otros necesitando el tratamiento. O en mi escritorio haciendo mi trabajo. O llenando formularios para el seguro o la prepaga. O sentado a la mesa cenando con la familia.

Desconocimientos pequeños. Misterios pequeños. Pequeñas aventuras. Pequeños desafíos del espíritu. Momentos diminutos afrentando cualquier equilibrio que yo intente mantener.

Pero todos estos pequeños momentos, estos desconocimientos parecen haberse convertido en algo. Hay una cierta libertad que siento. Un sentido de excitación que transciende las momentáneas perturbaciones o depresiones y esto coexiste con ellos. Hay un alivio en dejar las expectativas, los resentimientos y las desilusiones que a menudo los acompañan. Hay un sentido de agradecimiento cuando las cosas más simples van a mi manera, o cuando las cosas que van de otra manera, terminan saliendo para bien.

Siento que mi vida está en las manos de Di-s. Y eso me gusta. No siempre me gusta lo que Él hace. Pero me gusta que Él está dirigiendo el show, día a día, detalle a detalle. Me gusta rendirme a Él. Me gusta ceder y dejar que sea. Permitir que sea… Simplemente que sea… Respirar y que sea lo que tenga que ser…

Recuerdo cuando no era así. Recuerdo cuando yo era fuerte y sano, cuando saltaba de la cama cada mañana, agenda en mente, ideas que fluían incluso mientras me duchaba. Planes y programas. Tareas. Proyectos. Tiempo y recursos. Personal y reuniones.
Había tensión en mí. Nitidez y precisión. Energía. Enfoque. Empuje y ambición.

Necesitaba y esperaba que las cosas salieran a mi manera, yo las haría funcionar a mi manera. Y cuando no resultaran de ese modo, buscaría la falta y al culpable, mi disgusto y frustración permearian mis palabras y acciones.

Claro que intentaba dejar estas frustraciones en el trabajo, mantener mis expectativas y manipulaciones al mínimo en casa. Pero no funcionó. Parecería que cuando nos acercamos al mundo como si lo controláramos, esta actitud nos sigue a dondequiera que vayamos. Pronto, esperamos que nuestra esposa e hijos se comporten como nosotros quisiéramos y las actividades de la casa deben ejecutarse con la misma eficacia y programación del trabajo.

Usted es el amo de su destino. Al mando de su destino. Responsable de sus resultados. Capaz de afectar a otros y al mundo para conformar sus propias expectativas y necesidades.

Y entonces un día usted se despierta y encuentra algunos bultos en su cuerpo. Y éstos resultan ser una enfermedad que comerá sus fuerzas. Eso le exigirá que se rinda a los tratamientos y horarios que lo sacarán a usted del mando de control de su tiempo y su energía.

Usted esperará horas para las pruebas de sangre y las citas del médico. Entrará al hospital a horas inesperadas. No podrá planear su trabajo porque nunca sabrá si estará en el trabajo al próximo día o al día siguiente o si tendrá la energía para salir de la cama o sentarse a su escritorio.

Usted se preguntará por su valor mientras hace la transición de Sr. Productivo a Sr. Enfermo. Usted buscará desesperadamente su valor, mientras todo lo que usted consideraba valioso o se sentía que valía, desaparece.

Se preguntará si todavía es amado aunque esté defraudando a aquellos alrededor suyo, quedándose en la cama. Alguna vez paradigma de confiabilidad, ahora usted se ha vuelto dependiente y su autoestima está casi mordiendo el polvo.

Y con todo eso y más, finalmente allí viene ese “permitir que sea”, un “déjalo ser”, simplemente que “sea lo que tenga que ser”. Al principio hay un suspiro de resignación y desesperación mientras salen las palabras de su boca. “Permitir que sea”, “déjalo ser”, simplemente que “sea lo que tenga que ser”.

Pero mientras los días y las semanas y los meses y los años pasan y usted lo dice una y otra vez, de nuevo y de nuevo, “que sea lo que tenga que ser”, “déjalo que fluya”, una sonrisa surge. Déjalo ser…Finalmente, yo puedo permitir que sea.

Recuerda hace varios años en una sesión de la terapia de grupo cuando el terapeuta dijo: “Dese la vuelta, cierre sus ojos, y déjese caer hacia atrás que sus compañeros lo sostendrán”. ¿Recuerda cómo se sintió?, ¿Estarían ellos allí? “¿Y si me caigo y me lastimo?” Recuerda tirándose y siendo sostenido. Recuerda la emoción de esos pocos segundos mientras se tiraba, preguntándose que pasaría. Recuerda la sensación de confianza y fe que duró tan poquito, pero que fue tan placentero mientras sucedía.

Recuerda estas cosas mientras cede a la debilidad, a lo desconocido, a la tristeza, al futuro, al nuevo “usted” que está descubriendo, que es amado a pesar de las desilusiones que generó, los proyectos que permanecen inacabados, los viajes que nunca se hicieron, la ayuda que usted ya no puede dar en casa.

Ríndete, permite que fluya, cede y siente la emoción. Ríndete a la confianza y a la fe. Ríndete y permita a esta enfermedad ser el catalizador a su libertad. Cede y sé libre.

POR JAY LITVIN
Jay Litvin nació en Chicago en 1944. se trasladó a Israel en 1993 para servir como enlace médico para el programa Jabad de los niños de Chernobyl, y tuvo un rol fundamental en elevar emocionalmente a los niños de las áreas contaminadas por el desastre nuclear de Chernobyl; también fundó y dirigió el programa de las víctimas del terror de Jabad en Israel. Jay falleció en abril de 2004 después de una valerosa batalla de cuatro años con un linfoma Non-Hodgkin, y es sobrevivido por su esposa, Sharon, y sus siete niños.

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