PARASHÁ DE LA SEMANA: EKEV

LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 7:12 – 11:25

HAFTORAH: ISAIAS 49:14 – 51:3

Casa Vaikra Behar Sé humilde, sé sabio

Sé humilde, sé sabio

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Hashem le habló a Moshé en el Monte Sinaí, para decir: “Háblales a los hijos de Israel y diles: cuando entren a la tierra que les entrego, la tierra descansará un Shabat para Hashem. Durante seis años sembrarás tu campo… y en el séptimo año habrá un cese total para la tierra… no sembrarás tu campo… (Vaikrá 25:1-4).

Nuestros Sabios preguntan: ¿Por qué el versículo nos dice específicamente que Hashem le habló a Moshé sobre la mitzvá de shemitá en Har Sinaí? ¡Allí le dio todas las mitzvot! Los Sabios responden que esto nos enseña que tal como la mitzvá de shemitá nos fue dada en el Sinaí con todas sus reglas, detalles específicos y sutilezas, lo mismo ocurrió con todas las otras mitzvot. (1)

Nosotros podemos preguntar: ¿Cuál es la importancia de que todas las mitzvot hayan sido transmitidas en el Sinaí con todas sus reglas generales, sus detalles específicos y sus sutilezas? ¿Qué diferencia tiene cuándo o dónde Dios le dio a Moshé toda esa información? Todavía más: ¿Por qué se eligió la shemitá como el prototipo a partir del cual se aprenden todas las otras mitzvot?

Los Sabios enseñan que el Monte Sinaí fue elegido como el lugar para la revelación y la entrega de la Torá porque era más bajo que el resto de las montañas. Esto nos enseña que para recibir la Torá debemos ser humildes. Hashem sólo llegará, por así decirlo, adonde tú se le permitas. Los Sabios también explican que la Torá se compara con el agua porque así como el agua fluye hacia el punto más bajo, también el conocimiento de Torá encuentra su lugar en quien es realmente humilde.

Al contemplar la idea de adquirir el conocimiento de todo el cuerpo de la Torá (2) y dominarlo, lo que le brinda a la persona la capacidad de plasmar todo ese conocimiento y clarificar el psak final de cada halajá hasta su más mínimo detalle, uno puede sentirse abrumado ante la abismal magnitud de la tarea. De hecho, ¿cómo es posible que alguien pueda intentar lograrlo?

Nuestros Sabios nos dicen que quien piensa de esta forma es un tonto. La persona sabia dice: “Estudiaré dos halajot hoy y dos mañana, hasta aprender toda la Torá”.

Rav Iaakov Weinberg explicó que quien está enfocado en convertirse en un gran talmid jajam no necesariamente disfrutará de su estudio, mientras que quien está enfocado en la adquisición del conocimiento de la Torá disfrutará mucho de su estudio. El primero no está realmente interesado en el conocimiento de la Torá, sino en el prestigio que trae aparejado ser un gran talmid jajam. El segundo, en cambio, realmente está interesado en el conocimiento de la Torá que estudia y tiene consciencia de que es el bien más valioso que se puede tener.

El primero no es humilde. Es egocéntrico y lo que busca es engrandecer su imagen. Por lo tanto el foco de atención está sólo en el resultado: ser un gran talmid jajam. Por eso le resulta difícil disfrutar del estudio de la Torá, porque se puede sentir intimidado por la enorme y abrumadora tarea que le puede parecer algo muy tedioso. En ese caso, le cuesta mucho más tener éxito.

El segundo, en cambio, no está enfocado en sí mismo. Él ama la Torá porque reconoce su valor infinito. Para él, incluso adquirir el conocimiento de una halajá genera gran alegría y entusiasmo. Lo emociona la idea de estudiar “dos halajot hoy y dos halajot mañana”, porque el acto mismo de estudiar Torá y absorber sus enseñanzas y sabiduría lo llena de vitalidad. Es una persona extremadamente sabia, consciente de que no depende de ti terminar la tarea, pero no eres libre para renunciar a ella” (3). Para él es irrelevante si llega o no a ser un gran talmid jajam. Lo que sí le importa es que Hashem nos dio una Torá infinitamente valiosa y nos ordenó respetarla y estudiar sus enseñanzas. Él estudia “dos halajot hoy y dos halajot mañana” y eventualmente tendrá el mérito de saber toda la Torá.

El hombre humilde es el hombre sabio porque distingue entre lo que es realmente valioso y el “polvo mágicoque desaparecerá con la primera ventisca. Él sabe que la gloria y el prestigio personal son falsos y vacíos. Son insignificantes. La verdadera adquisición del conocimiento de la Torá es lo que tiene un valor real en la vida y lo que imbuye al individuo con un honor verdadero e intrínseco. Gracias a su postura de humildad y sabiduría logrará cumplir el objetivo.

A partir de esto podemos comprender, al menos parcialmente, la importancia de que todas las mitzvot hayan sido entregadas en el Sinaí con todas sus reglas generales, sus detalles específicos y sus sutilezas. Hashem nos dice: “¿Se preguntan cómo es posible saber toda la Torá con su miríada de detalles y matices? Adopten la postura del Sinaí y lo lograrán”. Si son realmente humildes y dan forma a su entendimiento valorando la sabiduría, lo lograrán.

Ahora también podemos tratar de entender la razón por la que la shemitá fue elegida como el prototipo. Rav Iaakov Weinberg explicó que la observancia correcta de la shemitá exige una profunda conciencia del hecho que Hashem es Quien provee nuestro sustento y que no es el resultado de nuestro esfuerzo. Si alguien cree que su propio esfuerzo es lo que le permite ganarse la vida, será incapaz de respetar las leyes de shemitá, porque estaría sentenciándose a sí mismo y a su familia a morir de hambre, o por lo menos a sufrir grandes privaciones.

Por lo tanto la shemitá es la poderosa expresión de la conciencia de que “Hashem es quien te da la fortaleza para amasar riqueza y el rechazo de la idea de que es “mi fortaleza y el poder de mis manos lo que logró esta riqueza”(4). Podemos decir que la diferencia entre quien comprende que Hashem es el proveedor y quien cree que él se provee a sí mismo, es la diferencia entre el hombre sabio humilde y el tonto arrogante. La shemitá, por lo tanto, es la prueba de fuego de la verdadera humildad y sabiduría y, como tal, también es el ejemplo apropiado para enseñarnos esta idea fundamental respecto a que el conocimiento de la Torá se logra a través de estas cualidades.

¿Cómo logramos este enfoque de humildad y sabiduría? ¿Qué debemos hacer cuando el corazón se consume de deseo de honor y prestigio?

Nuestros Sabios nos enseñan que “uno siempre debe estudiar Torá y respetar las mitzvot incluso sheló lishmá, con una motivación no sincera, porque desde la situación de lo lishmá la persona pasará a la de lishmá (5), a hacerlo por amor al Cielo”.

Rashi explica que el lo lishmá al que se refieren los Sabios es el estudio de la Torá con el objetivo de recibir honor y prestigio. La única situación en la que el estudio de Torá se considera completamente ilegítimo es cuando la persona desea ignorar las leyes que aprende y utilizar ese conocimiento para enfrentar agresivamente a los demás (lekanter). Sin embargo, el estudio de una persona que cumple las leyes que aprende, aunque su motivación sea el cavod que recibe un talmid jajam, (a pesar de no estar a la altura de quien estudia por amor al Cielo) se considera una actividad muy valiosa que llega a las esferas celestiales y, eventualmente, lo llevará al estado de lishmá. (6)

¡Ahora parece que dimos un giro de ciento ochenta grados! Una vez que descubrimos que incluso si estudiamos Torá con la motivación de recibir cavod, eso es algo muy valioso, y que eventualmente eso nos llevará al nivel de lishmá, ¿qué objetivo tiene hablar de sabiduría y humildad? Incluso si alguien comienza desde un lugar de egocentrismo y búsqueda de gloria, en algún momento alcanzará el objetivo. ¿Para qué molestarse en enfatizar la necesidad de trabajar con un enfoque de humildad y sabiduría?

En Even Shelemá dice en nombre del Gaón de Vilna que el efecto que tiene la Torá en el alma de la persona es similar al que tiene la lluvia en el suelo. Así como la lluvia hace que cualquier semilla que haya en el suelo brote y crezca, también la Torá hace que las buenas cualidades de la persona broten y crezcan. Tal como el agua hace que crezcan hierbas y espinas si esas son las semillas que se encuentran en el suelo, así también la Torá hace que crezcan y se intensifiquen las cualidades negativas de la persona, si eso es lo que tiene en su interior. Por lo tanto, así como debemos asegurar que el suelo fue sembrado con semillas buenas y beneficiosas antes de que llueva, también debemos trabajar sobre nosotros mismos para asegurar que haya en nuestro corazón sólo cualidades positivas antes de regarlo con las palabras de Torá.

¿Cómo es posible? Acabamos de ver que quien estudia motivado por un deseo egoísta de obtener cavod (honor), eventualmente llegará a estudiar lishmá. Pero si las palabras de Torá sólo son capaces de nutrir, cultivar y estimular lo que ya hay dentro de la persona, ¿cómo es posible que no termine siendo un despreciable y arrogante megalómano?

La respuesta está aludida en las palabras de Rashi. Rashi no sólo contrastó la actitud de “No me interesa lastimar a nadie, sólo quiero mi propio cavod” con la de quien busca ascender la escalera social pisando las cabezas de los demás, sino que también incluyó el componente del deseo de cumplir lo que aprende. Si la motivación es categórica y exclusivamente el deseo de gloria, no le interesará respetar las leyes que aprende y su actitud será kintur (usar su conocimiento para vencer a los demás, establecer su dominio y demostrar su superioridad). Quien desea cumplir las leyes que estudia obviamente está motivado por algo más que su deseo de cavod. Si siente el mandato imperativo de la Torá que aprendió con suficiente fuerza para respetarla, necesariamente posee también un elemento de temor a Dios que mantiene su deseo de gloria bajo control y no le permite deteriorar y caer en un estado de kintur.

El corazón judío responde a la Torá de forma natural y automática. Dado que sus sentimientos más puros emanan de la neshamá, y la neshamá es la parte más elevada de la creación y lo más cercano a Dios, y lo que Él más ama, el corazón judío se conecta de forma innata a la Torá y responde positivamente a su luz y a su dulzura. Siempre y cuando no esté obstruido con una barrera infranqueable, la exposición del corazón judío a la Torá inevitablemente acerca a la persona a la kedushá en todos los sentidos.

Si el deseo conciente de la persona al estudiar Torá es exclusivamente engrandecer su imagen a cualquier costo, al punto en que considera que pisotear a los demás es la forma principal para obtener lo que quiere, no se molestará en cumplir lo que aprenda, porque en ese momento habrá aislado por completo su bondad interior y eso le impedirá conectarse con la Torá. La bondad continúa en su interior, pero no puede emerger a la superficie y conectarse. En este caso, la única faceta con la que la Torá puede conectarse y afectar a esa persona es con su lado negativo. En consecuencia la Torá sólo le sirve como un sam mávet (una poción venenosa, jas veshalom) que provoca que crezcan y se expandan sus cualidades negativas. Sobre esta persona que estudia para kintur, nuestros Sabios dijeron que para ella hubiera sido mejor no haber sido creada. (7)

Pero este no es el caso para alguien que aunque en ese momento se ve motivado a estudiar por su deseo general de cavod, en verdad tiene una conexión consciente con su punto interior de pureza y bondad, lo que queda manifiesto porque cumple lo que estudia y no usa su Torá para kintur. Gracias a que su erlijkait y su irat Shamáim encuentran una expresión consciente, la Torá los riega, los nutre, y le permite florecer y crecer.

Por otro lado, su motivación principal sigue siendo el deseo de cavod, obviamente no una midá positiva. Podríamos pensar que también es posible que la Torá riegue ese aspecto de la persona, y que incluso eso puede llegar a superar el riego de sus cualidades positivas. De la misma manera que en un campo que tiene un 90% de semillas de hierbas y un 10% de especies deseadas, el riego producirá un campo bastante pobre. Todavía es difícil entender cómo es que lo lishmá tiene el potencial de llevar a la persona a lishmá.

¿Qué ocurriría nuestro campo tuviera un 90% de semillas de hierbas con menor potencial de crecimiento comparado al 10% de semillas de cultivos deseados? En ese caso, aunque podría llevar varias temporadas, los cultivos deseados prevalecerían y todo el campo se convertiría en algo productivo y maravilloso. Hashem dirige el mundo de forma tal que la cara positiva de las cosas sea puede ser hasta 500 veces más poderosa que la negativa. Por lo tanto podemos entender que la nekudá tehorá (el punto de pureza) tenga la capacidad de vencer a los aspectos defectuosos de la personalidad, y eventualmente se pueda llegar a un estado general de lishmá.

Por supuesto, un factor decisivo de la naturaleza dinámica de este proceso es el grado en que se permite que la nekudá tehorá aflore durante los momentos de estudio. Por eso debemos estar alertas a la importancia de adoptar, concientemente, un enfoque de humildad y sabiduría, porque si bien el estudio lo lishmá llevará obligadamente a lishmá, hay que ver cuánto tiempo será necesario y a qué nivel de lishmá se llegará. Si desde el lo lishmá deseamos concientemente llegar a lishmá y nos esforzamos para lograrlo, llegaremos a él con mayor rapidez y calidad.

Otra razón, quizás todavía más importante, para tener conciencia de la necesidad de adoptar seriamente el enfoque de sabiduría y humildad, es evitar cometer el trágico error de impedir por la fuerza la progresión natural de lo lishmá a lishmá al aferrarnos conscientemente al deseo de cavod.

La clave es esforzarse tanto como sea posible para impedir que las cualidades negativas se manifiesten durante el estudio y en ese momento dejar de lado el deseo de cavod. Incluso si el deseo de cavod es lo que te llevó a sentarte con un libro, debes ignorarlo durante el estudio. Mientras estudias, trata de olvidar todo lo demás (no te preocupes por el cavod, eventualmente llegará por sí mismo), enfoca tu atención y concéntrate en las palabras de Torá que estás estudiando. Permítete valorarlas y disfrutarlas, sentir su sabiduría y relevancia. Cuando la persona logra esto, se conecta con el punto de lishmá, lo hace emerger a la superficie y permite que la Torá lo riegue para que crezca y se vuelva mucho más poderoso que cualquier otra fuerza que tenga en su interior.

Quizás durante la mayor parte del tiempo de estudio no logre abandonar el deseo de cavod. Quizás sólo logre abandonarlo por un breve instante. Pero en ese momento aislado, su corazón se conecta completa e íntimamente con la Torá, y sus aguas vitales saturan y nutren sus cualidades esenciales de irat Shamáim, humildad y sabiduría. Ese momento de lishmá purifica y mekadesh (santifica) todo el limud (estudio). E incluso si alguien siente que no logró alcanzar ese punto ni por un momento, aún le queda el valor incalculable del estudio además de su deseo interior de lishmá y el esfuerzo invertido para lograr por lo menos tocar ese punto. Esto también tiene la fuerza de acelerar y amplificar los efectos del proceso hacia lishmá. Sin embargo esta idea en realidad es un error, porque es imposible que una persona que se dedica asiduamente a estudiar Torá no tenga momentos ocasionales de lishmá. Esos momentos definitivamente ocurren, aunque la persona no logre reconocerlos.

También es crucial reconocer que la progresión de lo lishmá a lishmá no es como una nave espacial que todo lo que necesita es salir de la órbita terrestre y seguir adelante. Por el contrario, este es un proceso constante y dinámico, con permanentes altibajos, similar a una tabla de fluctuación del mercado de valores. La naturaleza de una acción en el mercado de valores, de cualquier acción, es que en ocasiones tiene picos extremos, y en otras tiene caídas precipitosas; a veces mantiene un crecimiento firme, a veces su crecimiento es insoportablemente lento.

Dado que el ser humano es una entidad compleja, fluctúa constantemente en todas sus etapas y fases, como el gráfico que describimos. Por lo tanto, no existe un momento en que pueda decirse: “Muy bien, ¡lo logré! Llegué al nivel de lishmá y, a partir de ahora, lo puedo dejar en piloto automático”. Para mantenernos debemos luchar constantemente, es un esfuerzo continuo. Debemos aprovechar toda motivación aceptable (incluso si es lo lishmá) para sentarnos a estudiar, sin importar en qué etapa de la vida estemos. Al mismo tiempo debemos tratar de abandonar ese factor lo lishmá mientras estudiamos, para no arrastrar nuestros rasgos negativos al estudio y permitir que emerjan nuestros aspectos positivos y se conecten con la sabiduría y la luz infinita de la Torá.

Cuando hacemos todo lo que está a nuestro alcance para adoptar el enfoque del Sinaí de humildad y sabiduría, evitamos molestias potenciales de la progresión natural de mitoj sheló lishmá ba lishmá y de esta manera aprovechamos al máximo ese proceso al infundirlo con toda nuestra energía.

Veet Tzenuim jojmá, con los humildes está la sabiduría (Mishlé 11:2).


NOTAS

(1) Rashi, Vaikrá 25:1

(2) Por supuesto, esto se refiere al aspecto finito de la Torá. Es decir, a todas las obras básicas desde el Tanaj hasta la Mishná Brurá. Pero en verdad la Torá es absolutamente infinita. Así como Hashem es infinito, Su sabiduría también lo es, porque Él y Su sabiduría son uno. La profundidad del análisis, deducciones, extrapolaciones, etc. es literalmente infinita. En lo que respecta a la sabiduría de Torá que podemos adquirir, ni siquiera comenzamos a arañar la superficie.

(3) Avot 2:21

(4) Devarim 8:17

(5) Pesajim 50b

(6) Pesajim Ibíd.

(7) Brajot 17a

 

por Rav Iehoshúa Berman

 

 

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