La tradición judía es muy democrática cuando se refiere a los fallecidos. Por ellos ordena a todos los judíos a ser enterrados con las mismas vestimentas. Ricos y pobres, todos son iguales frente a Di-s y lo que determina su recompensa no es lo que tienen puesto sino quienes son. Hace 1900 años atrás Raban Gamliel impuso esta práctica para que los pobres no se avergüencen por no poder comprar ropas y los ricos no compitieran unos a los otros para ver quien utilizaba las vestimentas más costosas en sus funerales.

Las vestimentas deben ser apropiadas para alguien que se encontrara en corto tiempo frente a Di-s, Rey del Universo. Por ello deben ser vestimentas simples, hechas a mano, inmaculadas y blancas. Estas mortajas simbolizan pureza, simpleza y dignidad. Las mortajas no poseen bolsillos, simbolizando que ninguna posesión material puede ser llevada al mundo venidero. En las Jevra Kadisha (Sociedad fúnebre judía) poseen mortajas listas para su uso. Si no es posible conseguirlas a tiempo, es necesario retrasar el entierro hasta conseguirlas ya que son de suma importancia.

Las mortajas pueden estar hechas de muselina, algodón o lino. La costumbre es que no se debe gastar en una tela más costosa que el lino, pero si se puede utilizar otro material más económico.

Luego se envuelve al fallecido en un Talit sin importar si es caro o no, o si es nuevo o usado. Una de las puntes se debe cortar. Una persona que generalmente no utilizaba un Talit, si así lo desean puede comprar un Talit nuevo para ser utilizado en esta ocasión. Los familiares deberán decidir en este caso.

POR MAURICE LAMM
Extraído de “La costumbre judía para el fallecimiento y el duelo” de Maurice Lamm