Quejas

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¡Quejas, quejas y más quejas! La parashá de esta semana está llena de desconcertantes quejas.

“El pueblo comenzó a quejarse; fue malo en los oídos de Hashem… La multitud mezclada que estaba entre ellos cultivó un deseo, y los Hijos de Israel lloraron una vez más, y dijeron: ¿Quién nos dará carne para comer? Recordamos el pescado que comíamos gratis en Egipto; los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y el ajo. Pero ahora nuestra vida está reseca, no hay nada; no tenemos nada que esperar fuera de maná” (Bamidbar 11:1, 4-6).

El érev rav, la multitud mezclada, tenía un fuerte antojo y lloró. El pueblo judío también clamó por carne, y recordaron el pescado que comían gratis durante su esclavitud en Egipto, así como los zukinis, las sandías, las cebollas y el ajo. Rashi, citando al Sifrí, explica que mencionaron esos alimentos en particular porque el maná tenía el sabor de lo que ellos quisieran salvo esas cosas, que son perjudiciales para mujeres que amamantan.

¿Qué está pasando? ¿El pueblo judío se queja por escasez de carne? ¿Anhelan pescado? ¿Extrañan el sabor del zukini? ¿Es por eso que se están quejando? Recuerda, estamos hablando de la Dor Deá, la generación que veía el pilar de fuego en la noche y las Nubes de Gloria durante el día. Vivían con milagros y oyeron a Dios hablar en Sinaí. ¿Y ahora preguntan “en dónde está el ajo”?

¿Cómo podemos entender esto? Los adultos no lloran por una falta de carne, ¡en especial cuando son profetas de Dios! Debemos examinar el significado de su queja, porque no puede ser entendida en base a lo que aparenta a simple vista.

La mayor tragedia

A fin de cuenta, sólo hay una tragedia por la que llora la gente grandiosa, y es estar lejos de Dios. Para la generación que recibió la Torá directamente de Dios, la cercanía a Él era lo único que importaba, mientras que un vacío en este aspecto era realmente una tragedia.

El pueblo judío no se estaba quejando por no tener pescado; estaba reaccionando ante lo que la falta de pescado implica respecto a su relación con Dios. Creían que esa falta significaba que Dios se había alejado de ellos. Incluso cuando estaban esclavizados en Egipto, Hashem había hecho que tuvieran abundancia de pescado en el Nilo. Hasta pudieron comer pepinos y sandía en Egipto; pero ahora esas cosas les faltaban. Eso los llevó a pensar: “Si Hashem estuviera realmente cerca de nosotros, nos daría todo lo que necesitamos. Tener esta deficiencia debe significar que nos hemos alejado de Él”.

La tragedia es su concientización de que ya no estaban tan cerca de Dios como antes. Eso es algo por lo que valía la pena llorar. De hecho, es lo más importante por lo que llorar.

Si su llanto estaba justificado, ¿en qué se equivocaron? Rashi (11:7) explica: “Los israelitas dijeron: ‘No tenemos nada que esperar salvo maná’, mientras que el Santo, bendito Sea, escribió en la Torá: ‘El maná era como semilla de coriandro…’ como diciendo: ‘Vean, todos los habitantes del mundo, sobre lo que mis hijos se quejan; ¡el maná es excelente en tantos aspectos!’. Más aún, hubo una razón por la que el maná no podía saber a esos alimentos que carecían: son nocivos para las mujeres que amamantan” (Rashi 7:5). Bnei Israel no se equivocaron en creer que kol deavid Rajmana letav avid – todo lo que hace Hashem es para nuestro bien (Brajot 60b). Sí, había deficiencias, pero tenían una razón. El error del pueblo judío fue interpretar que las deficiencias eran causadas por el abandono de Dios, en lugar de verlas como algo que un padre amoroso hace para alentar a sus hijos a crecer.

La raíz de su error fue la falta de hakarat hatov (apreciación) por todo el bien que Dios les había dado. Eran abrazados por la Shejiná y rodeados por milagros: Nubes de Gloria, agua que brotaba de una piedra, maná todas las mañanas con sabor a lo que ellos quisieran. Si bien encontraron una buena razón para creer que Dios se había alejado de ellos, si hubieran sido lo suficientemente agradecidos por todos Sus regalos, no se hubieran quejado. Hubieran entendido que el maná era exactamente lo que necesitaban: les estaba enseñando una lección sobre bitajón, los estaba entrenando para confiar en que Hashem les proveería su sustento diario. Hubieran entendido que todo lo que Hashem hacía era para ayudarlos a crecer, y que una carencia no es señal de rechazo.

Todos tenemos alguna deficiencia en nuestras vidas; la manera en que respondemos a nuestros desafíos únicos refleja nuestro sentido de gratitud. Si carecemos valoración por el bien que Hashem nos ha dado con tanto amor, probablemente responderemos con quejas y negatividad, concluyendo incluso que Dios nos ha abandonado. Pero si somos agradecidos por todo lo que Dios hace por nosotros y como resultado sentimos Su generoso amor, entonces tomaremos la carencia con calma y nos enfocaremos en lo que Dios nos quiere enseñar y en cómo nos empuja a crecer. Cuando nos damos cuenta de todo lo que Hashem ha hecho por nosotros, nuestras quejas se evaporan.

Cuando despertamos por la mañana es un momento perfecto para trabajar en apreciar los incesantes regalos de Dios. Cuando digas Modé Aní, siente que estás en presencia de Dios y siente Su amor. Te está dando el regalo de otro día. Y hazte consciente de que todo lo que hará hoy por ti será para tu bien. Dios está aquí contigo, alentándote y llenándote de regalos. Así que deja de quejarte y comienza a apreciar, y escucha los mensajes que Hashem te está enviando.

 

 

 


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