¡¿Por que no llorar por la leche derramada?!

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Pesaj Sheni, el “Segundo Pesaj”, es observada el 14 de Iyar. El origen de esta semi-festividad es bastante fascinante. En el primer aniversario del Éxodo, mientras todos los judíos estaban ocupados preparando sus corderos para la Ofrenda Pascual anual, Moisés fue encarado por un pequeño grupo de judíos que estaban ritualmente impuros y por lo tanto excluidos de ofrendar o participar del Cordero Pascual. No estaban satisfechos por su “excepción” de esta mitzvá de Pesaj. “¿Por qué nos veremos privados?” Exclamaron. “¡Nosotros también queremos experimentar de la libertad espiritual lograda al participar del servicio Pascual!” Moisés estuvo de acuerdo en transmitir su queja al Todopoderoso, e increíblemente, el ferviente deseo de este pequeño grupo provocó que Di-s agregara una mitzvá a la Torá. Di-s ordenó que desde ese año en adelante todos aquellos que no fueran capaces de ofrendar el Cordero Pascual en su momento apropiado el 14 de Nisan, debido a la impureza o a la lejanía del Templo, debían ofrendar el Cordero Pascual exactamente un mes después, el 14 de Iyar.

Las festividades judías no son conmemoraciones de eventos históricos; sino que son reformulaciones espirituales. No hay dos festividades iguales —cada festividad presenta una energía espiritual distinta, dándonos la oportunidad de lograr inspiración y los poderes espirituales necesarios en un área específica de nuestro servicio a Di-s. En Pesaj recibimos las fuerzas para liberarnos de nuestra esclavitud natural a nuestros impulsos y hábitos destructivos; en Shavuot nos adentramos en el corazón de la Torá, volviendo a comprometernos a conectarnos con Di-s a través de su estudio; y en Sucot llenamos las reservas de nuestros corazones con verdadera alegría. Almacenamos esos poderes espirituales únicos lo suficiente como para que duren todo un año, hasta que vuelva la festividad. Las mitzvot particulares de cada festividad son las herramientas que nos posibilitan internarnos en las energías espirituales presentes en ese momento.

Pascua es la primera festividad del año; el “calendario festivo” comienza el 1 de Nisan. Inmediatamente después de esta festividad se nos enseña una importante lección; una lección que se aplica también a todas las festividades subsiguientes. En verdad, hay un tiempo bíblicamente ordenado para Pascua, pero una persona que por uno u otro motivo la ha perdido y no puede tomar ventaja de los beneficios que tiene para ofrecerle la festividad, puede tener una Pascua personal toda vez que anhele sinceramente la asistencia Divina para lograr la redención personal.

De acuerdo con la Cabala los meses de Nisan e Iyar son diametralmente opuestos: Nisan es un mes impregnado por la Bondad Divina; el mes cuando Di-s redimió —y redime —aun a aquellos que nos merecedores de la redención. Iyar, por el otro lado, es un mes de disciplina y auto-mejoramiento; el mes durante el cual contamos el Omer y estamos involucrados en el refinamiento personal para ganar el derecho a recibir la Torá al mes siguiente. Sin embargo el judío penitente ¡tiene la habilidad de experimentar una festividad redentora de Nisan aun durante el mes de Iyar!

La enseñanza de Pesaj Sheni es que nunca es demasiado tarde. Nunca piensen: “Todos los demás ya han dejado Egipto hace varias semanas y están en camino de recibir la Torá — ¡Y yo ni siquiera he comenzado mi viaje espiritual! ¡Soy impuro!” No desesperen, ustedes también pueden dar el gran salto de Pesaj y unirse a los demás en su estado de Redención, merecedores de recibir la Torá en la festividad de Shavuot.

No se acostumbre a llorar por la leche derramada, pues Di-s tiene un abundante suministro de leche al que se puede llegar en cualquier momento —probando que tenemos una sed verdadera, y expresándole este sentimiento.

Que pronto merezcamos ver la venida del Mashíaj, cuando nosotros —quienes en nuestra actual condición de exiliados (en Galut) somos considerados “impuros” debido a nuestra “distancia” de Di-s —traigamos el Cordero Pascual al Tercer Santo Templo en Jerusalén. ¡Amen!

 

POR NAFTALI SILBERBERG
El rabino Naftali Silberberg, nacido en Detroit. Conocido por su agudo ingenio y extenso conocimiento del Talmud. Él reside en Brooklyn, NY, con su esposa Jaia Mushka y sus tres hijos.

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