Judaísmo en Español

¿Por qué no hay milagros bíblicos hoy en día?

Uno podría pensar que si Di-s mostrara hoy su mano, inspiraría a millones a creer en él.

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Dos guerras

¿Por qué no vemos en nuestro tiempo milagros similares a los que nuestros ancestros veían en tiempos bíblicos? Uno podría pensar que si Di-s mostrara hoy su mano, inspiraría a millones a creer en él. Como respuesta a esta pregunta, rabí Iejezkel Landau, el gran rabino de Praga durante el siglo dieciocho,1 señaló que en los tiempos bíblicos hubo ocasiones en las que a los israelitas les hubiera venido bien un milagro, pero el milagro nunca apareció. Podemos leer un ejemplo en el libro de Bamidbar.2

Mientras Moshé y los israelitas se acercaban al final de su travesía de cuarenta años a través del desierto, se preparaban para entrar a Israel. Moshé ya sabía que no entraría a la Tierra Prometida, pero estaba comprometido con la tarea de conducir a su pueblo al río Iardén. El problema fue que varios pueblos poderosos se instalaron entre el desierto y el río y les negaron el paso a los israelitas.

Moshé les pidió permiso para pasar, pero los ejércitos de los amoritas y de Bashán se movieron para bloquearles el paso. Di-s se le apareció a Moshé y le dijo que no tuviera miedo. Los fuertes y los ejércitos poderosos caerían ante los israelitas. De hecho, la Torá habla de la victoria absoluta del pueblo judío: “No quedó ciudad poblada que los israelitas no tomáramos”.3Cada aldea, colonia y pueblo, cada ciudad, región y provincia cayeron ante el avance de los israelitas.

La fuerza relativamente desconocida de los guerreros judíos destruyó por completo ejércitos desarrollados. Fue una victoria extraordinaria que no estuvo acompañada por ningún milagro sobrenatural. No se dividieron aguas ni cayeron muros. Un ejército pequeño y austero derrotó a uno inteligente y poderoso en términos justos y naturales.

Esta historia demuestra que Di-s es perfectamente capaz de salvarnos o de ayudarnos sin recurrir a hazañas milagrosas. Sólo manipula los acontecimientos en patrones que nos resulten favorables. Los ejércitos pequeños a veces resultan victoriosos incluso sin necesidad de milagros, y así fue en este caso.

Esto da lugar a una pregunta: si Moshé fue capaz de ganar guerras sin milagros, ¿Por qué Ieoshúa necesitó de milagros para conquistar Israel? ¿Los israelitas hubieran perdido la batalla de Jericó si los muros no se hubieran derrumbado por milagro? Si Moshé ganó esta batalla en forma natural, seguro Ieoshúa también podría haber resultado victorioso.

En esta línea de pensamiento, rabí Landau concluye que los milagros sobrenaturales no son para salvar a los honrados. Los honrados pueden ser salvados en acontecimientos que podríamos definir como “coincidencias”, que no recurren a lo milagroso. Di-s hace milagros para hablar a través de ellos. Era necesario pronunciarse acerca de la guerra de Ieoshúa, mientras que no lo fue en el caso de las batallas de Moshé.

El derecho judío a una tierra judía

Di-s les prometió la Tierra de Israel a nuestros antepasados muchas veces. Abraham, Itzjak, Iaacov y Moshé recibieron de Di-s promesas de que la tierra les sería dada a sus hijos. Pero estas profecías fueron acontecimientos privados de los que nadie más estuvo al tanto. Estos profetas compartieron con otros sus profecías, pero los escépticos y los negadores podían no creer en ellas.

Cuando Ieoshúa ingresó con sus ejércitos a Israel, parecía que se trataba de una guerra de conquista. Los israelitas necesitaban un lugar en el que vivir e Israel era conveniente. Sin que le importaran los derechos de los residentes locales, Ieoshúa entró y tomó la tierra. El derecho de conquista era respetado en aquellos días, pero si el mundo hubiera asumido que este era el único derecho que los israelitas tenían sobre Israel, habría estado por completo equivocado.

Di-s realizó milagros durante esta guerra para probar que su deseo era que los Israelitas recibieran la Tierra Prometida. No se trataba de una guerra normal, en la que el botín pertenece al vencedor. Era una campaña divinamente ordenada en la que el Creador otorgó este trozo de tierra a los israelitas. Nadie podría luego discutir que los israelitas tuvieran la obligación moral de devolver la tierra a sus propietarios originales, pues les había sido dada por Di-s.

En la guerra de Moshé no fueron necesarios milagros semejantes, porque en realidad esta guerra no estuvo pensada por Di-s para otorgarles la tierra a los israelitas. Esta guerra se podría haber evitado si los pueblos les hubieran permitido el paso. Fue sólo porque se movilizaron contra los israelitas que Di-s le dio a Moshé permiso para defenderse. No había necesidad alguna de pronunciarse sobre esta guerra. Era lo que era: un pueblo que se defendía ante un ataque y ganaba la guerra. Estas tierras fueron de los israelitas por derecho de conquista, no por promesa divina. Fue una conquista prometida de antemano por Di-s, pero eso fue todo.

Los milagros hoy en día

No creo que sea exagerado extender este argumento a nuestros tiempos. Hoy no vemos milagros alucinantes. Las aguas no se dividen, el pan no cae del cielo. Los fuertes no se derrumban y no mueren los primogénitos. Pero la verdad es que tampoco necesitamos ya recibir estos mensajes. Los mensajes ya nos han llegado. Di-s todopoderoso ya dijo todo lo que debía ser dicho, y no hay necesidad de que lo repita. Por el contrario, si Di-s fuera a repetirlo al menos una vez, esperaríamos que repitiera sus mensajes con regularidad. Asumiríamos que Di-s debe probarse constantemente ante nosotros, o que estamos en condiciones de negar su existencia, como si los mensajes de Di-s prescribieran o tuvieran una fecha de renovación.

No es necesario que Di-s vuelva a nosotros una y otra vez para probarnos que existe y que ejerce el control. Si elegimos creer en él, tenemos evidencia suficiente en los milagros del pasado. Si elegimos no creer, encontraríamos una manera de permanecer al margen incluso si en el presente ocurrieran milagros. Incluso si debiéramos creer sólo en el presente, encontraríamos una manera de hacer que estas pruebas expiraran en el futuro.

Esta es la conclusión. Hoy no necesitamos milagros para creer en Di-s. Con todos los milagros del pasado y con la tradición que nos transmitieron nuestros antepasados, tenemos toda la evidencia que necesitamos. Si elegimos creer, somos afortunados. Todo lo que necesitamos hacer es poner nuestras creencias a trabajar a través de la Torá y de las mitzvot..

NOTAS AL PIE
1. Noda BiIehudá Al HaTorá, Bamidbar 21:21–31.
2. Capítulo 21.
3. Devarim 3:4.
POR LAZER GURKOW
El Rabino Lazer Gurkow es el líder espiritual de la congregación Beth Tefilah de London, Ontario. Es un popular disertante sobre temas relacionados con el judaísmo, y sus artículos han sido publicados en varias publicaciones y sitios web. Para más información sobre el rabino Gurkow visite: InnerStream.ca.

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