Es costumbre lavarse las manos luego de participar de un funeral o visitar un cementerio.1

Según dice la ley, alcanza con verter agua una vez sobre cada mano.2 Sin embargo, lo que más se acostumbra es lavar cada mano tres veces, y alternar entre la derecha y la izquierda.3

Además, hay quienes opinan que lavarse luego de un funeral es necesario sólo si uno estuvo a menos de cuatro amot (unos 2 metros, aproximadamente) del cuerpo.4 Sin embargo, muchos se lavan luego de un funeral sin importar cuán cerca hayan estado del difunto.5

Espíritu negativo

La razón básica de este lavado es que siempre que lo sagrado parte (en este caso, el alma abandona el cuerpo), fuerzas negativas tratan de llenar el vacío. Los espíritus negativos que rodean al difunto se aferran específicamente a las manos de las personas, porque las manos son la parte del cuerpo que más se extiende hacia el “exterior”.6

No derramamos la sangre

Algunos explican que este lavado de manos hace alusión al lavado de manos ritual que llevaban a cabo los ancianos del pueblo cuando se encontraba un cuerpo fuera de los límites de la ciudad.7 Luego del lavado, los ancianos solían decir: “Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos han visto [el crimen].8 De hecho, algunos tienen la costumbre de recitar este versículo al lavarse las manos.9

Otros también agregan el siguiente versículo: “‘Perdona a tu pueblo Israel, al cual has redimido, oh Hashem, y no imputes la sangre inocente a tu pueblo Israel’. Y [así] la culpa de la sangre les será perdonada”.10

Purificarnos a nosotros mismos

Lavarnos las manos también nos sirve a los vivos como recordatorio de que debemos servir a Di-s con pureza a lo largo de nuestra vida.11

Recordar las aguas purificadoras

Luego de salir de un cementerio, algunos tienen la costumbre de arrancar un poco de pasto y de tierra y arrojarlos tras de sí. Luego, se lavan las manos. Una razón para hacer esto es rememorar las cenizas purificadoras de la vaca roja, que incluían la planta del hisopo y se mezclaban con un agua especial. Entonces, la tierra, el pasto y el agua simbolizan estos tres elementos.12

Otras costumbres vinculadas con el lavado posterior a un funeral

● Luego del lavado que se efectúa después de un funeral (pero no de una visita al cementerio), muchos tienen la costumbre de verter el agua sobrante del recipiente de lavado y dejarlo dado vuelta para que no queden restos de agua. En un nivel místico, lo que hacemos es “darles agua a las energías impuras” para que se sacien y no nos molesten.13

● Muchos tienen la costumbre de no secarse las manos y, en cambio, dejar que se sequen solas. Esto simboliza la idea de que no pretendemos olvidar este día vinculado a la muerte: no estamos ansiosos por “secar” nuestros pensamientos de duelo y de pérdida para que se vayan pronto.14 (Algunos se permiten secarse si hace frío).15

● Además, así como durante el entierro no se pasa la pala de una persona a otra, no se debería pasar el recipiente de lavado de mano en mano. En cambio, se pone boca abajo para que la siguiente persona lo tome por sí misma.16

● Una razón para estas dos costumbres es que como es un momento de dolor y de angustia, no queremos “pasar” ese dolor a otra persona. Otra razón es que cuando se trata del día de la muerte, todos somos iguales y nadie es más que otro. Pasar algo directamente a la siguiente persona puede implicar una cierta disparidad entre quien da y quien recibe.17

● La costumbre indica lavarse las manos lo antes posible18 y no entrar a una casa hasta haberlo hecho.19

Merezcamos el día en el que Di-s “destruirá la muerte para siempre; y Hashem, Di-s, enjugará las lágrimas de todos los rostros…”.20