FestividadesPurim

¿Por qué adar es el mes de la felicidad?

Fue para ellos un mes que se convirtió de duelo en día festivo. Esther 9:22

Cuando ingresa el mes de adar, aumenta nuestra alegría -Talmud, Taanit 29a

Existen numerosas fechas festivas en el calendario judío, pero ninguna tiene un efecto como el de Purim, festividad que transforma al mes en auspicioso y lleno de júbilo. ¿Cuál es la conexión intrínseca entre Purim y adar? Tal vez si entendemos la naturaleza única de Purim podremos comprender por qué su alegría se extiende a través de todo adar.

Hamán quería aprovecharse de los judíos cuando estuvieran desanimados. Tras casi un milenio de libertad, independencia y constante confianza en los milagros, los judíos fueron expulsados de su tierra, y así quedaron sin ayuda y a la merced de las leyes de la naturaleza. Fue un capítulo nuevo en la historia del pueblo judío, cuyo estado espiritual se vio muy afectado. Yacía en ruinas el templo de Jerusalem en el que Di-s manifestó su presencia, símbolo de la relación especial que tiene con su pueblo elegido. En cuanto a la reconstrucción, hasta los gentiles conocían la profecía de Jeremías que decía que luego de 70 años de exilio Di-s ayudaría a los judíos a volver a su tierra y a reconstruir el Templo. Pero ya había pasado ese tiempo (o al menos eso pensaban todos, basándose en cálculos erróneos) y la esperada redención aún no había llegado.

“Mejor momento no podría haber”, pensó Hamán. “Estoy seguro de que el Pueblo Elegido perdió lo que lo hacía eminente. Este es el momento ideal para implementar la Solución Final”.

Hamán, sin embargo, no estaba del todo seguro: necesitaba alguna otra señal para confirmar la vulnerabilidad de los judíos. Entonces lo dejó a la suerte, y en efecto la suerte le dio la señal que esperaba: decidió que su nefasto plan se pondría en funcionamiento en el mes de adar.

El Talmud nos dice que Hamán estaba extasiado por su presagio favorable: “La suerte indicó que mi plan se llevaría a cabo en el mes en el que murió Moisés”, exclamó. ¡La desaparición de Moisés, la “cabeza” del pueblo judío, era una suerte de metáfora de la desaparición de todo el pueblo!

Hamán identificó con éxito el peor momento de los judíos, tanto en términos históricos como respecto al calendario, para implementar su plan. Y a pesar de todo, no lo logró.

¿Por qué?

La historia de nuestro pueblo se puede comparar con el desarrollo de la vida humana. Cada persona atraviesa momentos drásticos en su vida y las fluctuaciones son lo más consistente que tenemos. El indefenso recién nacido no tiene nada en común con la personalidad talentosa e independiente que seguramente se desarrollará con los años. A su vez, la adultez también tiene momentos álgidos y tranquilos, días alegres y tristes, días llenos de aprendizajes y días que parecen perdidos. De todas maneras, hay una constante: la identidad y la esencia de cada uno. Cada cual es quien es desde el día que nace hasta que muere.

Lo mismo sucede con nuestro pueblo: tenemos momentos álgidos y de calma, tanto material como espiritual, pero eso no cambia nuestra identidad ni el hecho de que Di-s nos convirtiera en el pueblo elegido.

Se puede discutir si nuestra relación perpetua con Di-s es más evidente cuando estamos en el exilio y oprimidos por nuestros pecados, ya que Di-s intercede en nuestro nombre, como quedó demostrado con el milagro de Purim, fenómeno que prueba la durabilidad de nuestra relación y la capacidad de nuestra identidad esencial para sobrevivir pese a todo.

Las demás festividades recuerdan los momentos destacados de nuestro pueblo, pero su alegría es limitada. Purim celebra un momento penoso en nuestra historia, que sin embargo demostró la estabilidad de nuestra relación con Di-s. Por eso la alegría es mayor que en otras festividades: porque demuestra la naturaleza esencial y constante de nuestro vínculo con Di-s.

El mes de adar, en el que Hamán creyó ver el peor mes para los judíos, es el más feliz del año, es el mes en el que recordamos que la adversidad no tiene nada que ver con nuestra relación con Di-s.


POR NAFTALI SILBERBERG
El rabino Naftali Silberberg, nacido en Detroit. Conocido por su agudo ingenio y extenso conocimiento del Talmud. Él reside en Brooklyn, NY, con su esposa Jaia Mushka y sus tres hijos.
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