Pésaj y la libertad de expresión

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Pésaj se trata de hablar. El Talmud nos dice que la matzá se llama lejem oni, el ‘pan de la respuesta’, porque es el pan sobre el cual declaramos muchas cosas. Hay una mitzvá específica de relatar la historia del Éxodo. Nos alientan a no ser sucintos, sino que “se debe elogiar a quien se extiende en el relato y lo cuenta con la mayor cantidad de detalles posibles”.

Sin embargo, nuestros Sabios dijeron: “Habla poco y haz mucho”, y también: “el que es charlatán y locuaz comete errores”. ¿Por qué en Pésaj tenemos una actitud completamente diferente hacia el habla?

En su libro El hombre en busca de sentido, Victor Frankl describe lo que sucedió al ser liberados de los campos de concentración:

El cuerpo tenía menos inhibiciones que la mente. Él aprovechó bien la nueva libertad desde el primer momento. Comenzó a comer vorazmente, durante horas y días, incluso en medio de la noche. Es sorprendente la cantidad que uno puede comer. Cuando uno de los granjeros vecinos invitaba a algún prisionero, este comía y comía y luego bebía café, lo que soltaba su lengua y comenzaba a hablar, a menudo durante horas. La presión que había tenido en su mente durante años finalmente se liberaba. Al escucharlo hablar, uno tenía la impresión de que tenía que hablar, que su deseo de hablar era irresistible. Conocí gente que estuvo bajo mucha presión durante poco tiempo, y tienen la misma reacción. Pasaron muchos días hasta que no sólo la lengua se aflojó, sino también algo en nuestro interior; y entonces eso logró sentirse liberado de las extrañas cadenas que lo habían contenido”.

En el momento del Éxodo, los israelitas recuperaron la capacidad de hablar.

El Arizal ve una conexión entre el habla y la libertad en el mismo nombre de la festividad. Él explica que Pésaj viene de pé-saj, una boca que conversa. Parte de la afirmación de nuestra libertad en Pésaj es afirmar la impresionante responsabilidad que viene junto con la libertad de expresión.

En cierta medida, lo que hace que los Estados Unidos sean un país excepcional y una verdadera democracia es la primera enmienda que promete la libertad de expresión. Libertad de expresión significa que podemos protestar, defender, objetar, decir lo que pensamos, etc. Sin embargo, incluso la liberta de expresión tiene restricciones. Uno no puede utilizar sus palabras para incitar o calumniar a otro. No se puede compartir libremente obscenidades ni plagiar las palabras de otra persona.

El judaísmo también cree en la libertad de expresión y de hecho considera la capacidad de hablar como una de las mayores expresiones de libertad. La ley norteamericana tolera las palabras negativas, insensibles y sin tacto. Cuando el juez Louis Brandeis afirmó la libertad de expresión en la decisión de la Corte Suprema en 1927, él reconoció que esa libertad posibilita la “diseminación de doctrinas nocivas”.

La Torá no tolera doctrinas nocivas. No sólo tenemos prohibidos los chismes (sean o no verdaderos), sino que también se nos alienta a elegir conscientemente nuestras palabras. En contraste a lo nocivo, nosotros evaluamos si las palabras son o no aceptables teniendo en cuenta si se trata de lashón nekiá, limpio, adecuado, conciso y si logra elevarnos. El lashón hará está prohibido porque daña a los demás y las blasfemias están prohibidas porque nos degradan y nos dañan a nosotros mismos.

Pésaj y Tishá BeAv siempre caen el mismo día de la semana y tienen una conexión íntima. Algunos sugieren que en Pésaj tenemos más consciencia de la pérdida del Templo y recordamos que la noche no está completa sin la ofrenda pascual. Por eso comemos un huevo, el símbolo de duelo, y recordamos cómo Hilel comía su sándwich cuando el Templo estaba de pie.

Sin embargo, el Gaón de Vilna se oponía a ver el duelo como parte de la elevada noche del Séder. ¿Cuál es entonces la conexión entre Pésaj y Tishá BeAv?

Rav Abraham Schorr sugiere que comenzamos la Hagadá recitando kol dijfin iesei veijol, que todo el que tenga hambre venga a comer, como una forma de expresar nuestro amor por cada judío. Kol, todos están invitados a unirse a nuestro Séder. Los que están a mi derecha y a mi izquierda, los que son más religiosos y los menos religiosos, los que están de acuerdo conmigo y los que no podrían pensar más diferente, a los que les gusta mi candidato y los que apoyan a otro.

En la noche del Séder, todos están invitados a compartir conmigo la matzá. Están invitados mis amigos, el desconocido e incluso los que se llaman mis enemigos. Todos. En Pésaj tratamos de corregir el daño de Tishá BeAv. La destrucción resultó de mi abuso de mi capacidad del habla. La redención sólo tendrá lugar cuando use mi habla para construir puentes, para crear conexiones y reparar el mundo.

Celebrar la libertad nos eleva a una consciencia superior. Rav Kook (Orot HaKodesh, volumen III, pág. 285) escribió: “Cuando el alma se eleva, tomamos aguda consciencia del terrible poder que tiene nuestra capacidad de hablar. Reconocemos claramente el enorme significado de cada sílaba, el valor de nuestras plegarias y bendiciones, el valor de nuestro estudio de la Torá y de todas nuestras palabras. Aprendemos a percibir el impacto general del habla. Sentimos el cambio y el estremecimiento que tiene lugar en el mundo a través de las palabras”.

Pésaj celebra nuestra capacidad de pensar diferente, de hablar y escribir libremente nuestras opiniones diferentes.

En la noche del Séder, la noche de pé-saj, de las bocas que hablan, renovamos esa promesa de usar el habla que viene junto con nuestra nueva libertad para ser bondadosos con el prójimo, para ser considerados no sólo en lo que decimos sino en cómo lo decimos. La Torá no busca acallar opiniones ni suprimir perspectivas. La celebración de Pésaj de la libertad de expresión es una celebración de nuestra capacidad de pensar diferente, de hablar y escribir libremente nuestras opiniones diferentes. Lo que no nos permite hacer es ignorar el impacto que lo que escribimos y decimos tiene en los demás y en cómo ellos se sienten; cómo nuestros mensajes provocan dolor o lastiman a los demás.

En Pésaj no sólo nos preocupa lo que entra en nuestra boca, sino que también tenemos consciencia de lo que sale de ella.

 

por Rav Efrem Goldberg

 


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