PARASHÁ DE LA SEMANA: SHOFTÍM
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 16:18 – 21:9
HAFTORAH: ISAÍAS 51:12 – 52:12

Permiso para proteger

Nasó (Números 4:21-7:89)

¿Alguna vez conociste padres permisivos, esos que veneran tanto la idea de ser abiertos que están dispuestos a exponer a sus hijos a casi cualquier cosa? Ellos dicen: “A fin de cuentas les enseñamos a nuestros hijos los valores apropiados, así que no importa lo que vean o escuchen. Se les debe permitir a los niños ver el mundo real para que no sean ingenuos. Ellos simplemente rechazarán las ideas contrarias a los valores correctos”.

¿Tienen razón estos padres? Por supuesto que no. Un Rashi en Nasó, la parashá de la semana, lo explica:

¿Por qué las leyes del nazareno se encuentran junto a las de la sotá, la mujer casada de quien se sospecha que cometió adulterio? Para decirnos que todo el que ve a una sotá en su desgracia debe abstenerse del vino (una de las leyes del nazareno), porque el vino lleva al adulterio (Rashi, Bamidbar 6:2).

La pregunta común ante este Rashi es que hubiéramos pensado exactamente lo opuesto. ¿Acaso quien ve la humillación del pecador, como ocurre en el caso de la sotá, no se ve inspirado a alejarse de la trasgresión? Si ves que a tu compañero de trabajo le gritan por llegar tarde, ¿no tendrás sumo cuidado de llegar a tiempo? Entonces, ¿por qué la Torá sugiere que ver la vergüenza de la sotá lleva a temer aún más caer en el pecado? ¿Por qué hay que poner cercos para evitar pecar, absteniéndose del vino, después de ver una transgresión de la Torá en la mujer sotá?

La respuesta es que nuestro entendimiento previo es erróneo. En realidad, el hecho de ser testigos de un pecado, tanto si vemos o no al pecador siendo degradado, debilita nuestra espiritualidad. Siempre que alguien quiebra las reglas en la escuela, esa regla pierde fuerza y es sólo cuestión de tiempo hasta que quebrar las reglas se convierte en la regla. Lo mismo ocurre con la Torá. Si bien las reglas y las mitzvot de Dios nunca caducarán, ver que son transgredidas quita automáticamente parte de nuestro respeto y temor por Sus mandamientos. Subconscientemente sentimos que la trasgresión ya no es algo intocable y aunque no soñemos con hacerlo, se convierte en una posibilidad. Una vez que se abre una mínima posibilidad, inevitablemente los resultados serán terribles.

Es por esto que Rav Moshé Feinstein escribe (Igrot Moshé, Ioré Deá 1:156) que así como es una mitzvá ver e involucrarse en una mitzvá, ver una trasgresión cuando es posible evitarlo es una trasgresión en sí mismo. Al ver una transgresión de la Torá de Dios, vemos que no se respeta a Dios. Esto afecta negativamente tu propio servicio a Dios porque, en algún nivel, tú también pierdes respeto por Él.

Por lo tanto, el nazir decide entrar a la institución de los votos nazarenos porque vio a la sotá. Él comprende que, temporalmente, necesita leyes especiales de santidad para volver a su condición previa de temor a las leyes y los mandamientos de Dios, que han sido transgredidos.

El entorno y la crianza tienen un rol vital en el desarrollo humano. No hay manera de negar esta verdad. Como dijo Maimónides (parafraseado): La naturaleza humana es verse atraído hacia las costumbres y las acciones de los amigos y los lugareños. Por esta razón, uno debería conectarse y ser amigo de personas rectas, para aprender de sus caminos y distanciarse de las personas malvadas. A diferencia de lo que ocurre habitualmente, Maimónides no cita un versículo de la Torá como prueba de sus palabras. Se trata de una simple verdad de la vida.

Lo que no es tan sabido es que todo lo que vemos y experimentamos pasa a ser parte de nuestra naturaleza. Si permitimos que nuestros niños vean televisión y películas sin ninguna restricción, los exponemos a influencias potencialmente nocivas. Como dijo Nicholas Johnson, exdelegado de la Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos: “Todo lo que se muestra en la televisión es educativo. La pregunta es: ¿qué enseña?”

De nada sirve ser tan abiertos. Es un experimento que falló miserablemente. Si somos padres responsables, debemos esforzarnos para proteger a nuestros hijos de las malas influencias. No deberían ver en la televisión miles de asesinatos y violencia año tras año de su valiosa juventud. Si se les permite hacerlo, pierden la sensibilidad respecto a lastimar a los demás y se vuelven personas más crueles.

Lo que vemos se vuelve parte de nuestro ser. Debemos intentar evitar exponer a nuestros niños a los males del mundo. La sociedad reconoce que el sistema de calificación de películas para niños es algo positivo, aunque como resultado del descenso moral, lo que antes se consideraba que requería el acompañamiento de los padres ahora probablemente merecería ser completamente restringido. Aún hay cosas que consideramos inapropiadas para los niños.

Lo que debemos preguntarnos es: si aceptamos que es inapropiado para los niños, ¿por qué es más apropiado para nosotros? Debemos ser extremadamente cuidadosos también con lo que nosotros vemos y experimentamos.

Recuerda: lo que ves es lo que recibes, en tu mente y en tu alma.

 

POR RAV BARUJ LEFF

 

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