Nunca es demasiado tarde

0
3

Todos conocemos el dicho: “Un perro viejo no aprende trucos nuevos”. Bueno, yo descubrí que eso no es necesariamente verdad.

Durante años mi esposo lamentó no poder tocar un instrumento musical. Cuando comenzó a tener un poco más de tiempo disponible, le sugerí que era el momento indicado para comenzar a tomar lecciones de piano. Al principio no estaba demasiado entusiasmo y se mostró más bien pesimista. No pensaba que pudiera llegar a aprender lo suficiente como para tocar música “verdadera”. Pero perseveré. Supongo que la sutil insistencia funcionó (una mala lección para el futuro), porque se lo mencionó a un amigo que tomó el asunto en sus manos, rentó un piano y le consiguió un maestro.

La suerte estaba echada…

¡Y al parecer creé un monstruo!

Ahora en cada momento libre, lo escucho practicar en el piano. Realmente lo está disfrutando (¿Yo? No tanto). Hay algo que se asemeja un poco a música flotando por la casa. Él está completamente concentrado y yo camino en puntas de pie para no molestarlo. A veces siento un poco de resentimiento por el tiempo y la atención que recibe el piano, pero en general estoy feliz porque a él le da mucho placer.

Y funciona. En contra de la expresión del “perro viejo” (¡No digo que mi esposo lo sea!), él está aprendiendo a tocar el piano. Requiere esfuerzo y disciplina, pero está aprendiendo un lenguaje y una habilidad completamente nueva. Es muy emocionante.

No sólo por lo que esto dice sobre nuestra capacidad de continuar aprendiendo sin importar la edad, sino también por lo que significa respecto a nuestra capacidad de seguir creciendo.

Nunca debemos darnos por vencidos ni sentir que somos “demasiado viejos”… Quizás lo seamos para empezar a esquiar, pero no para trabajar sobre nuestro carácter, para mejorar nuestra relación con Dios, para entender mejor la vida o para explorar nuestra herencia en un nivel más profundo.

Esto también requiere trabajo. Puede ser que también sea necesario ejercitar músculos que durmieron mucho tiempo. Quizás sea necesario adquirir un nuevo lenguaje y nuevas habilidades. Pero de escuchar a mi esposo tocar “Estrellita donde estás”, aprendí que sí es posible. Una cosa es creerlo en teoría; otra cosa es verlo en acción.

Es fácil rendirse ante la noción de que estamos atascados con lo que somos y donde estamos, que eso es lo más lejos que podemos llegar y que ya crecimos lo máximo posible… Pero esta no es una idea judía. No queremos dejar de crecer hasta que no nos quede otra opción.

También es difícil no aceptar que la meta de la vida sea jubilarse: relajarse, tomárselo con calma, dejar de empujar. Quizás sea cierto respecto a ganarse el sustento, pero no lo es en relación a la vida en general. De hecho, una vez que disminuye la presión de “trabajar” en un empleo, disponemos de un tiempo real para las actividades importantes de la vida (no, no me refiero a tocar el piano), para aprender y crecer.

Este es un mundo de oportunidades y es un maravilloso recordatorio de que esas oportunidades no necesariamente se acaban con la edad (¡En algunos casos incluso se incrementan!).

Me alegra que mi esposo finalmente esté tomando sus tan esperadas clases de piano (mi nieta de cinco años las toma al mismo tiempo) y que para él sea una fuente de placer. (Yo me compré unos espectaculares tapones para los oídos que me hacen feliz).

Pero también me alegra que esto me ayudó a recordar que tenemos un potencial constante para aprender y crecer. Es un buen empujón. Después de todo, aparentemente sí le puedes enseñar trucos nuevos a un perro viejo…

 

por Emuna Braverman

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.