Generalmente, no somos de hacer gran cosa para celebrar nuestro aniversario el 28 de mayo, sobre todo porque nuestro aniversario coincide con el nacimiento de mi hijo, Daniel. Mi hijo fue mi regalo de aniversario. No necesité ningún otro. Cuando Daniel era pequeño estaba siempre tan agotada por sus fiestas de cumpleaños que no tenía energía para honrar mi propia celebración de boda. Pero el 28 de mayo de 2002, fue diferente. Ya habíamos festejado junto a Daniel su Bar Mitzvah, y puesto que ya lo habíamos inundado con amor y atención – sin mencionar los presentes – no necesitábamos festejar nuevamente su cumpleaños. En lugar de ello, salimos almorzar, mi marido y yo.

Mientras entrábamos a el restaurante, una camarera nos recibió con una enorme sonrisa, diciéndomelo linda que le parecía mi falda. Esta joven mujer, con su oscuro y brillante pelo negro, tenía un espíritu y una efervescencia que yo admiraba. Pensé para mí: ella no tiene ni idea del dolor que estoy viviendo, el peso que me toca cargar. Gracias a Di-s que ella no conoce el sufrimiento que puede ser parte de la vida, la manera que cada alegría que experimento esta mezclada con pérdida. Gracias a Di-s que ella esta libre de esto.

Mientras mi marido y yo comíamos nuestra comida, notamos que el restaurante era el lugar perfecto para conmemorar lo que sería el próximo cumpleaños de Koby, cumpliría 15 años. Deseábamos llevar a quince pobres o gente necesitada a disfrutar de una cena afuera para recordar el cumpleaños de Koby – y poder dar un poco de alegría a lo vivos.

Hablamos con el encargado sobre nuestros planes. Él nos dijo que trabaja voluntariamente en un centro cercano que ayuda a adolescentes en necesidad de las familias pobres y destruidas, él pensó que los adolescentes disfrutarían salir con nosotros. La idea prácticamente se estaba materializando sola. No habíamos pensado en invitar adolescentes para nuestra comida, pero tenia sentido. Después de todo, Koby era un adolescente cuando lo mataron. Sentíamos que desde arriba, Koby estaba moviendo los hilos correctos para ayudarnos a organizar su cumpleaños. Cuando le dijimos al encargado que el cumpleaños de Koby era el viernes, él nos dijo que normalmente no servían almuerzo los viernes, pero él abriría el restaurante especialmente para nuestro grupo.

Le agradecimos y antes de que se alejara, mi marido le pregunto: ¿“Usted conoce a la familia Goodman? Vivian por aquí cerca. Perdieron un hijo este año en un accidente – fuimos a la shiva (primera semana de luto)- y me gustaría saber como están. “

“Puede preguntarles usted mismo. Su camarera es su hija. “

La miré, a su belleza y a su espíritu, y pensé – nunca se sabe qué ocurre dentro de una persona. La había juzgado incorrectamente. Ella se acerco a nuestra mesa, y le contamos de de nuestra pérdida y ella compartió la suya. Me sentía como si fuéramos hermanas del alma. Le dije lo que pensé apenas la vi – cómo ella estaba sin tocar por el dolor. Hablamos del dolor de vivir con una muerte; cómo su peso puede machacarte o hacerte más fuerte, dependiendo de cómo tú lo lleves. Le dijimos lo maravilloso que era tenerla como nuestra camarera en este día, ya que temíamos celebrar nuestro aniversario.

Mientras hablamos, me percaté de cuánto de la vida se oculta. No vemos lo que está dentro de la gente. Al interior de casi todos existe un bolsillo de dolor – algunos son más grande, algunos más pequeños – pero están siempre allí. No podemos ver la angustia del otro hasta que la comparte con nosotros. Siento que cuando no comparto mi dolor, es como si tuviese un huésped indeseado en la mesa, alguien que exige vajillas chinas de lujo, servilletas planchadas; un huésped con quien no puedo sentirme cómodo nunca. Pero cuando comparto el dolor, se convierte en alguien con quien puedo vivir. Alguien que se sentaría en la mesa conmigo en pijama. No tengo que estar parado ceremonialmente con el.

Cuál es la manera Yael, la camarera nos preguntaba. Vimos como repentinamente traía un pedazo de torta con una vela brillante en el centro.

“Feliz Aniversario” ella nos dijo con una sonrisa enorme en su cara.

No puedo dejar de sentir que Koby nos arregló esta reunión y nos dio este presente. No puedo dejar de sentir que si pudiese verlo más claramente, vería a Di-s, a Koby y al hermano de Yael, Tani, en alguna parte arriba, encendiendo las velas.

Nota del editor: Koby Mandell tenía apenas 13 años cuando el 8 de mayo de 2001, él y su amigo Yosef Ishran salieron del colegio para ir de excursión. Sus cuerpos fueron encontrados el día siguiente. Los habían golpeado brutalmente con piedras hasta que los mataron en una cueva en el corazón del desierto de Judea.

POR SHERRI MANDELL


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