No codiciarás

Vaetjanán (Deuteronomio 3:23-7:11)

Tiempo de Lectura: 2 Minutos

Todo el mundo sabe que uno de los diez mandamientos es “No codiciarás” (Deuteronomio 5:18). Sin embargo, la mayoría de las personas no saben cómo funciona esto.

¿Cuál es la diferencia entre admirar las cosas de alguien – incluso desearlas para ti mismo – y la codicia? Los sabios explican que la prohibición de codiciar sólo se transgrede cuando comienzas a planear cómo obtendrás algo de la otra persona. Incluso si tienes la intención de ofrecerle un precio muy por encima del valor de mercado, la mera planificación de cómo apoderarse de su propiedad es un problema de “codicia”. Por supuesto, si la otra persona ha indicado previamente su voluntad de vender algo, no hay restricciones. Pero la Torá es muy estricta acerca de algo que no está a la venta.

La idea es simple. Tenemos que aprender a respetar la propiedad de los demás hasta el punto en que consideremos que sus cosas son completa y absolutamente intocables bajo cualquier circunstancia. Si son puestas a la venta, entonces pueden entrar en nuestra dimensión en potencial – pero hasta ese momento, ni siquiera es algo que se pueda considerar.

La Torá lo expresa muy bien: “No codiciarás su propiedad, ni a su mujer”. Su propiedad debe ser tan tabú como su esposa. De la misma manera en que ninguna persona normal trataría de hacer un complot para conseguir que alguien entregue voluntariamente a su esposa, así también con su propiedad.

Los Sabios explican por qué: Si crees que tienes derecho a adquirir la propiedad de otro a pesar de que él es feliz con ella y no quiere venderla, entonces no tienes respeto absoluto por su propiedad. Y no tener respeto absoluto por la propiedad ajena es el primer paso en un camino muy resbaladizo hacia la deshonestidad y el robo descarado. Así que la próxima vez que leas acerca de una hostil adquisición en Wall Street, piensa en los Diez Mandamientos.


 

 

 

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