Como director de la juventud de Jabad de Pittsburgh, trabajo con la juventud judía de todas las clases sociales. Un estimado amigo, el Sr. Jaim Reisner, me presentó al Sr. Michael Pasternak, director del programa Transición, un centro de rehabilitación para jóvenes judíos con problemas de alcohol y drogas. El programa Transición hace su trabajo muy reservadamente, a punto tal que muchas personas de la comunidad judía de Pittsburgh ni siquiera han oído hablar de él. En respuesta a la invitación de Michael, he visitado el centro frecuentemente.

Purim se acercaba, y le pregunté a Mike si mi familia y yo podríamos recibir al grupo para una celebración de Purim obviamente “sin alcohol”. Estos muchachos merecen celebrar Purim como el resto de los judíos en todo el mundo. Si servíamos vino y otras bebidas alcohólicas (de acuerdo con la tradición de Purim) pondríamos a los muchachos en riesgo de volver al hábito de tomar. Se me ocurrió una idea, de hacer el tradicional Lejaim pero con jugo de uva. Mike se entusiasmó con la idea, y mi esposa comenzó a planear el menú para el acontecimiento.

Dos semanas antes de Purim, recibí un llamado de Mike. Él me comentó sobre un joven que acababa de incorporarse al programa. Brian (así lo llamaremos), era Kohen y fue criado en un hogar jasídico en Brooklyn. Hasta su Bar Mitzvá, Brian era un chico normal, con sus peies largos (bucles) y todas las vestimentas jasídicas. Actualmente, además de ser un adicto, Brian declaraba haber perdido su fe en el judaísmo, incluso llego a usar un collar con una cruz, para demostrar su falta de fe.

Cuando encontré a Brian al día siguiente, me pareció un individuo agradable. Comenzamos a hablar, y Brian me confesó que pensaba suicidarse. Su pasado estaba lleno de horrores que lo abrumaban, y quería que su vida terminara. Sin embargo, el sabía que el suicidio esta completamente prohibido por el judaísmo, y por miedo al castigo en el mundo venidero, él dudaba en quitarse la vida.

Charlamos durante un rato, y Brian compartió conmigo algunas de las ideas alternativas con las cuales se proponía quitarse la vida. “Quizás me uniré a una unidad de combate del ejército y recibiré una bala enemiga, de modo tal que moriré como un verdadero héroe.” Él había llegado a un nivel de creatividad tremenda.

A pesar de su perdida de fe en el judaísmo, Brian obviamente tenía un gran conocimiento de muchos de los principios fundamentales de nuestra fe. Después de que nuestra charla terminara, el aceptó mi oferta de ponerse los Tefilin y de rezar con ellos.

El día de Purim llegó. Los muchachos empezaron a llegar y la fiesta comenzó. Pasé mucho tiempo pensando en que mensajes podría transmitirles a estos muchachos .

Comencé con la siguiente historia en honor a Brian. ¡Hace unos años atrás, una persona se acercó a su rabino de Jabad y le pidió su bendición para suicidarse! El rabino sugirió que antes de realizar esta terrible acción debería consultarlo primero con el Rebe de Lubavitch.

El joven viajó a Brooklyn, y en su primera oportunidad, se acercó al Rebe e indicó su petición. El Rebe le dijo que con el suicidio, él no lograría la meta de terminar su sufrimiento. El dolor que él siente en este mundo sería substituido por el dolor espiritual y sufrimiento en el mundo por venir como resultado de sus acciones. El hombre desafió al Rebe con un grito de exclamación, ” ¿Pero Rebe, dónde esta Dios?”

Señalando el corazón del hombre, con una expresión solemne el Rebe contesto, ” Bai dir in Bai hartzen – dentro de tu corazón.”

Concluí la historia diciendo que el joven ahora tiene una familia maravillosa y es una luz brillante en el mundo judío.

Puesto que no teníamos música, comenzamos a cantar canciones judías genéricas. Gradualmente, cada uno se prendió. Cantábamos una melodía particularmente animada, cuando Brian se levanto de su asiento. Se sacó el abrigo y comenzó a bailar, un baile jasidico. Viendo su cara, estaba claro que estaba experimentando una emoción intensa.

Poco después de eso, Brian salió. Asumí que necesitaba un cigarrillo. Alejado de nuestras miradas Brian se sacó la cruz, que colgaba de una cadena alrededor de su cuello, y se la metió en el bolsillo.

La fiesta acabó en medio de un ambiente espiritual. Nos despedimos, y salí a ver al grupo alejarse. Mientras conversaba con algunos muchachos, Brian se acercó jugueteando con algo en su mano, comentó, “Saben que esto me costó unos buenos dólares.”

¡Antes de que pudiéramos entender a que se refería, él abrió su mano y arrojo el collar con la cruz con toda su fuerza!

“Amigos,” dijo. “¡Todo ha terminado!”

Es increíble lo que acabábamos de atestiguar, los muchachos y yo lo tomamos de los hombros y comenzamos a bailar. A lo largo de mi vida he oído numerosas historias donde la chispa de un judío estalla para expresar su conexión con el Todopoderoso.

Como shlujim nos enseñan a actuar. No todos los días vemos las frutas de nuestro trabajo. Esa noche fuimos testigos de un milagro, como la neshama (alma) de Brian, estalló y abrazó la belleza de nuestra herencia.

POR SHMULY ROTHMAN
Este artículo fue gentilmente traducido por Jai Kohan