Como podrán imaginar, debido a mi condición, tengo muchos sentimientos encontrados acerca de mi cuerpo.

Comencé a darme cuenta de que entre estos sentimientos estaba el miedo, a causa del temor que sentía de lo que mi cuerpo podría causarme.

Ahora, cada vez que siento miedo, pongo especial atención, porque el miedo es una emoción que muestra que algo no está bien en mi perspectiva al relacionarme con aquello que lo causa. Desde que me convencí de que todo proviene de la voluntad de Di-s y su participación real en mi vida, caí en la cuenta de que estaba sintiendo miedo de algo que obedecía a una intención de Di-s para conmigo; y si provenía de él, entonces era para mí bien.

Así, el miedo significó el inicio de una exploración de mis sentimientos y mi relación con mi cuerpo. Principalmente, comencé por cuestionar la palabra “mi” cuando me refiero a “cuerpo”. ¿Quién es el “yo” a quien pertenece el cuerpo, el “yo” a quien mi cuerpo hace cosas? ¿No somos mi cuerpo y yo una sola entidad? ¿No será verdaderamente la enfermedad una expresión de ese “yo”, y consecuentemente ese “yo” no es una víctima de su cuerpo sino más bien un participante, un aliado?

Desde una perspectiva sanadora: ¿Cómo puede sanar mi cuerpo si mi actitud es la de un antagonista? ¿No necesitaré acaso enviar amor a mi cuerpo para su sanación, así como todas las cosas necesitan amor para sanar? Pero, ¿cómo amar algo que es capaz de causarme tanto dolor y amenaza mi vida misma?

Recordaba también una meditación de yoga que solía decir: “Yo no soy mi cuerpo, yo no soy mis emociones, yo no soy mi pie, no soy mis pensamientos, etc”. Y a pesar de ser cierto, no me sonó tan cierto como antes. Ahora me parecía que, en vez de pelar la cebolla hasta que no haya nada en el centro, cada capa de la cebolla era a su vez una cebolla. Todo era una cebolla, para expresar la “idea” de cebolla en forma física. Así que mientras no estaba limitado a lo que es “cuerpo”, “emociones”, “pie” o “pensamientos”, ¿podía seguir pensando que ellos no son parte de mi yo?

Mientras me hacía todas estas preguntas (no de una forma verbal y consciente, más bien en la forma de preguntarse que se da cuando se mezclan palabras con sentimientos e imágenes y fluyen una y otra vez sin un orden definido), de repente apareció una imagen distinta, una relación diferente a la que había imaginado antes.

En esta imagen, mi cuerpo no estaba separado de mi “yo”, ni tampoco era un recipiente de mi alma. Tampoco era una vestimenta de mi alma; era, en cambio, una emanación de mi alma, su expresión física. En esta imagen, mi alma emanaba diversas expresiones, no solo en el aspecto físico, sino también en otros aspectos, como el intelectual y el emocional, entre otros.

Comencé a relacionar esta imagen de mi alma y mi cuerpo para entender este mundo como una emanación de Di-s, y las otras emanaciones (intelectual, emocional, etc) de mi alma como equivalentes a “los cuatro mundos”, los cuales, tal como nos enseñan los cabalistas, Di-s emanó en el acto de la creación. Este modelo tenía sentido ahora para mi, de forma que, en un solo pestañear, todo pareció encuadrar perfectamente.

Como ya saben, suelo referirme a mi enfermedad como a algo que ha traído mucho bien a mi vida, una comprensión más profunda, fortalecimiento de mis relaciones y una mayor conexión con Di-s. Por ello afirmo que viene de Di-s, de la bondad de Di-s, ya que evidentemente ha traído bien a mi vida. No quiero decir con ello que disminuyó el “mal”, ni tampoco quiero incorporar más el cáncer a mi vida ni por más tiempo que el necesario. Más bien estaría complacido de que se fuera de una vez y para siempre (¡fuera de aquí!). Pero indudablemente ha habido un inusitado y abundante bien en mi vida a raíz de mi enfermedad. Claramente es algo que he debido “necesitar” o bien algo que se ajusta a mi destino, algo que es real en mi vida.

Así que este nuevo modelo comenzó a ajustarse. Si mi cuerpo es una emanación de mi alma, es decir su maljut (reinado –nos referimos a la emanación del mundo físico por parte de Di-s–) y no algo separado de ella, entonces cualquier cosa que acontezca en mi cuerpo es una expresión de mi alma. Yo (mi alma) estoy “creando” o emanando este cuerpo, y lo hago de acuerdo a la voluntad de Di-s, recibida a través de una comunicación o bien de una emanación de lo alto.

Siendo así, la voluntad de Di-s “permea” hacia abajo hasta mi alma, y luego se expresa de una manera física en mi cuerpo. Por tanto, mi alma no está atrapada en mi cuerpo, de hecho, lo que hace es expresarse a través del cuerpo más acorde a su funcionamiento y forma de expresarse, para su crecimiento y desarrollo.

Desde esta perspectiva, nada que ocurra en mi cuerpo esta pasándome a mí, sino más bien pasa desde mí. A un nivel más profundo, no hay diferencia entre yo y mi cuerpo, estamos juntos, uno emana del otro. Somos una sola expresión, una extensión de lo espiritual en lo material, algo completo que refleja que Di-s y su mundo son uno.

Pueden imaginarse entonces lo complacido que estaba con este modelo. Se ajustaba perfectamente a lo que venía experimentando y me dio una perspectiva distinta para relacionarme con mi enfermedad y sus síntomas: ellos eran yo manifestándome a mí mismo. Si hiciera un seguimiento hacia atrás y hacia adentro de mi enfermedad, podría comprenderla más allá del plano material que incluye un viaje a través de las emociones, revelaciones y relaciones. Todo acarrea un sentido, un objetivo y un destino. Es el camino trazado por Di-s para mí, no como castigo, no es una prueba o un desafío, solo una expresión de la emanación de mi vida, sencillamente eso. La pregunta de “qué es” mi vida se transformó en muchas otras preguntas sobre el trabajo, la familia, etc. Era yo emanándome a mí mismo totalmente conectado con Di-s.

Dejó de existir la “prisión” del cuerpo. No hubo más alma que sufriera los juicios y tentaciones del cuerpo, no existía más separación en entidades separadas.

Una vez que comprendí que mi cuerpo era una emanación de mi alma, entendí que ella puede cesar de emanar en el plano material y emanar en otro plano de una manera más acorde al mundo que habitará en un tiempo futuro, o bien en el cual habita, desde ya además de la emanación material/física que habita en este mundo material.

También logré visualizar que pudiese existir –o bien existiese– algún proceso por medio del cual el alma se “retirara” de mi cuerpo, dando la apariencia o sensación de separación, creando la falsa creencia de que el cuerpo es mi “propiedad” o bien que es mi “oponente”, o bien que tiene una existencia independiente, separada de mí, a pesar de creerme su dueño (por ejemplo, al decir “mi pie”, “mi tobillo”, y hasta “mi cáncer”). Mientras que lo que verdaderamente acontece es que es una emanación del alma expresada en el pie, el tobillo o bien como cáncer.

En algún punto de esta contemplación, mis pensamientos llegaron arrolladoramente, porque parecía que lo estaba experimentando –imaginando de manera muy vívida– estaba en contradicción con todo el lenguaje adquirido y todo lo leído y escuchado durante años sobre la oposición de cuerpo y alma, es decir, dualidad, separación, oposición, y, como resultado de ello, sufrimiento, victimización, etc.

De hecho, en la Torá (capítulo 2 del libro de Bereshit), leemos cómo Di-s formó al hombre de la tierra y soplo el alma dentro de él. Si esto es así, ¿no es el cuerpo una cosa y el alma otra? ¿No refuerza esto el modelo del cuerpo como vestimenta o bien el alma presa en el cuerpo o tal vez el doloroso descenso del alma al cuerpo?

Entonces pensé que tal vez es por ello que existen dos relatos de la creación del hombre en la Torá. Uno se encuentra en el primer capítulo del libro de Bereshit, donde sencillamente se nos relata que Di-s nos creó a su imagen, sin referencia alguna a la dicotomía cuerpo/alma; y el segundo relato (Bereshit, capítulo 2), donde se describe al alma siendo insuflada en el cuerpo. ¿Acaso estos dos relatos describen dos niveles de creación y realidad? ¿O tal vez el segundo relato es la Torá describiendo una dicotomía que refleja más bien la percepción del hombre sobre sí mismo y no la verdad de que en realidad es una emanación de Di-s?

Sinceramente, no tengo idea al respecto, simplemente especulo, o mejor aún, cuento mi propio proceso en busca de claridad.

Para mí, una persona que está lidiando en su relación con su cuerpo (¿o más bien debería decir, su relación con el cuerpo, sin el “su”?), las ampliaciones de mi perspectiva, orientación, relaciones e incluso curación son inmensas, o al menos así lo parecen.

Todo esto me hizo cambiar mi posición de antagonista a la de aliado, redefinió el concepto de sanación, me permitió la aceptación.

POR JAY LITVIN
Jay Litvin nació en Chicago en 1944. se trasladó a Israel en 1993 para servir como enlace médico para el programa Jabad de los niños de Chernobyl, y tuvo un rol fundamental en elevar emocionalmente a los niños de las áreas contaminadas por el desastre nuclear de Chernobyl; también fundó y dirigió el programa de las víctimas del terror de Jabad en Israel. Jay falleció en abril de 2004 después de una valerosa batalla de cuatro años con un linfoma Non-Hodgkin, y es sobrevivido por su esposa, Sharon, y sus siete niños.