Judaísmo en Español

Madre hay una Sola

Para mis hijos, hay una sola madre y está esperando afuera, frente al colegio

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Soy psicóloga. Soy escritora. He logrado tener éxito en estas dos áreas de actividad. A veces me encuentro con gente que parece considerarme una persona sumamente competente. A veces conozco gente cuyos logros eclipsan a los míos. En cada una de estas escalas mi valoración aumenta o disminuye, según con quien me estoy comparando. Soy una profesional entre tantas otras, una profesional entre muchas voces que compiten entre sí, que se esfuerza por obtener un reconocimiento en su área de trabajo.

Aún así, también soy madre. Cuando cierro la puerta de mi casa, no hay otra mamá. Para mis hijos, soy la única mamá del mundo, la única mamá que van a conocer en toda la vida. Aquí, a los ojos de mis hijos, soy especial, irremplazable y totalmente única.

Para mis hijos, soy irremplazable

La suerte está echada y estamos mutuamente predestinados. Nadie podrá pronunciar palabras que signifiquen tanto para ellos, o que dejen una huella tan profunda como las mías.

Cuando voy a buscar a mis hijos al colegio, soy una madre más que espera a la hora de salida. En esos momentos es fácil ignorar lo que soy.

Las voces se agolpan en mi cabeza, burlonas e increpantes y me amonestan, que los adultos productivos no se quedan charlando fuera de los colegios cuando el sol todavía está alto en el cielo y el trabajo se sigue acumulando.

Pero me quedo en silencio, imperturbable frente a sus comentarios irónicos – porque tengo un secreto. Para mis hijos, hay una sola madre y está esperando afuera, frente al colegio. Hay una sola Madre que ellos buscan cuando salen, formando parte de esa alborotada y ruidosa desbandada hacia la puerta. A sus ojos, soy la única merecedora de poder responder al llamado de “Mamá”.

Nunca podré rendir cuentas de esos momentos que pasé siendo su Mamá. El tiempo ha ido trascurriendo hacia otra dimensión, y no ha dejado siquiera una sola línea que pueda ser agregada en mi curriculum vitae.

La maternidad no es un tema de ‘hacer’, si bien las madres hacen mucho. Es un tema de ‘ser’. He permitido que otros me coloquen en el centro de su mundo y hacer que ellos se conviertan en el centro del mío. He acunado esta enorme responsabilidad, decidida a no decepcionarlos ni a defraudar su confianza.

No siempre estoy disponible. Soy tan cambiante como lo es cualquier otra madre, sujeta a fluctuantes cambios de humor y niveles de energía. Estoy inspirada como cualquier otro escritor, atrapada por la pasión por el proyecto que tengo entre manos, a la vez que me siento presionada por la cercanía de la fecha de entrega. Estoy en sesión de terapia como cualquier otro psicólogo, transitoriamente entregada a otra persona que me mantiene totalmente concentrada.

La maternidad es un tema de ‘ser’

Aún así, cuando estoy haciendo algo que las madres generalmente no hacen, sigo siendo una madre en cuerpo y alma, el sol que gira en torno del pequeño universo de mis hijos, momentáneamente oculto pero a punto de completar una nueva órbita.

Estas rotaciones diarias son las que van moldeando el ritmo de nuestros días, un ritmo que es tan suave como el canto de un grillo, que se alcanza a oír mejor al atardecer, cuando el día está terminando y el alboroto de mis hijos se transforma en la rítmica y pareja respiración de su sueño. Duermen tranquilos y felices sabiendo que llegará otro día y que su madre volverá a estar allí, esperando para recibirlos.

POR TZIPORA PRICE
Tzippora Price es terapeuta de parejas y familias, tiene su consultorio en Ramat Beit Shemesh, Israel.

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