Los sorprendentes tesoros judíos de Notre Dame

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El mundo se paralizó ante las imágenes de las llamas devastadoras y las nubes de humo que salían del techo de la Catedral de Notre Dame en el centro de París. Con Notre Dame semi carbonizada, despojada de su techo y de la aguja del reloj, todo el mundo comparte con Francia el sentimiento de pérdida de un ícono religioso y cultural irremplazable.

Notre Dame data del siglo XII y provee una idea de lo que era la vida hace ocho siglos. Cuando la construyeron, la gran mayoría de la población era iletrada; muchas personas vivían en lo que hoy se considera una pobreza extrema. Muchos de los elaborados frisos, estatuas y vitrales tenían una función educativa, ilustraban historias bíblicas y religiosas y trataban de impartir mensajes a los cristianos de la París medieval. Sorprendentemente, la obra de arte más prominente de Notre Dame se refiere a los judíos.

Arriba de la entrada principal de la catedral hay un friso, o alto relieve, de dos santos cristianos: Ana y Joaquín, quienes se considera que eran los abuelos de Jesús. Como estos individuos eran judíos, el artista utilizó como modelos judíos locales.

En esa época, los judíos apenas eran tolerados. El rey Felipe II expulsó a los judíos de Francia en 1182, pero unos pocos años más tarde los judíos comenzaron a regresar al país y se asentaron en diversas ciudades y pueblos, incluso en París. Sus actividades estaban severamente restringidas: el Concilio de Letrán, convocado por el Papa Inocencio III en 1215, les prohibió a los judíos ejercer en Europa todas las profesiones, excepto ser prestamistas y vender ropa vieja. Además, los judíos fueron obligados a vestir prendas especialmente ridículas para diferenciarlos de los cristianos.

Sabemos cuáles eran las prendas especiales que usaban los judíos de París porque algo semejante adornó la catedral de Notre Dame durante 800 años. En el friso, los invitados judíos a la boda visten túnicas largas y tienen sombreros altos y puntiagudos.

A la izquierda, el friso muestra la boda de Ana y Joaquín y al parecer es una reproducción fiel de una sinagoga francesa medieval. El rabino que conduce la ceremonia está envuelto en un talit. Cerca se ve un arca conteniendo la Torá, una pila de libros y un Ner Tamid, la llama que permanece eternamente encendida en las sinagogas.

A la derecha, el friso representa a Ana y Joaquín llevando una ofrenda a una sinagoga. El artista incluso grabó un rollo de la Torá sobre una bimá. Allí se ve también a dos judíos medievales, conversando en la sinagoga.

En el momento que fue grabado el friso, los judíos eran perseguidos sin tregua en París y en toda Europa. En 1239, el Papa Gregorio I envió cartas a los líderes de la iglesia, así como a los reyes de Inglaterra, España y Portugal, enumerando decenas de cargos contra el Talmud. Esto llevó a convocatorias para confiscar y destruir esta obra sagrada judía. En ninguna parte estas instrucciones se cumplieron con tanto celo como en París. El 3 de marzo de 1240, los oficiales de la iglesia entraron a todas las sinagogas de Francia. Era Shabat y las sinagogas estaban llenas. Los judíos franceses observaron impotentes cómo eran confiscados los volúmenes sagrados del Talmud.

El rey Luis IX de Francia decretó que el Talmud fuera llevado a juicio. Cuatro rabinos tuvieron que defender a los libros sagrados judíos de una serie de acusaciones. Como era de esperar, decidieron que los rabinos perdieron y el Talmud fue condenado a ser quemado. El 17 de junio de 1242, los oficiales de la iglesia transportaron a Place de Greve en París, cerca de Notre Dame, 24 carretas apiladas con volúmenes del Talmud, aproximadamente 10.000 libros, todas las copias del Talmud cuya existencia se conocía en Francia en ese momento. Allí fueron quemados en público.

Rav Meir de Rothenberg, conocido como el Maharam, fue testigo de la quema. Él escribió después un doloroso lamento, dejando registro de que “Mis lágrimas formaron un río que llegó al desierto del Sinaí y a las tumbas de Moshé y de Aharón. ¿Hay otra Torá para reemplazar la Torá que nos han quitado?”.

Dos prominentes estatuas en la fachada de Notre Dame capturan los sentimientos de los cristianos y judíos de esa época. A la derecha, está de pie una mujer harapienta y derrotada, con los ojos cubiertos por una serpiente y con la cabeza inclinada. Ella sostiene un cetro roto y las tablas de la ley judía se caen de sus manos. Bajo sus pies se encuentra una corona pisoteada: ella es la “Sinagoga”, y representa a la sinagoga o al judaísmo en general.

La iglesia católica quería que aquellos que entraran a Notre Dame creyeran que el judaísmo estaba acabado, abatido y humillado. A su izquierda hay una mujer con ropa fina, erguida, que lleva un cáliz y un bastón con una cruz, con aspecto triunfante. Ella es conocida como Eclesia, y representa a la victoriosa iglesia católica.

Sinagoga y Eclesia sobre el pórtico de la Catedral de Notre Dame en París.

Estas alegorías de dominio cristiano y humillación judía eran tan importantes que cuando los originales fueron destruidos durante la Revolución Francesa, fueron recreados y reemplazados en el siglo XIX.

Sobre ellos hay todavía otra representación de los judíos: la galería de los reyes, representando a 28 reyes de Iehudá e Israel. También estos fueron reemplazados después de haber sido destruidos durante la Revolución.

En 1306, el rey Felipe III de Francia dio un paso drástico. Necesitaba fondos y decidió apoderarse de las pertenencias y de los bienes de los judíos de su reino. Esto no era algo que no tuviera precedentes: los judíos de la Europa medieval eran, de acuerdo con la frase en latín de la época, servi camerae mosrae, o siervos de la cámara del rey. Como con cualquier propiedad, el rey podía hacer con ellos lo que deseara.

El 22 de julio de 1306, el día siguiente de Tishá BeAv, fueron arrestados 100.000 judíos en toda Francia y llevados a prisión. Allí les dijeron que estaban sentenciados al exilio. Cada judío tenía permitido llevar sólo la ropa que tenía puesta y una pequeña suma de 12 sous cada uno. En los meses siguientes, el rey Felipe III subastó las propiedades de los judíos. Su orden de expulsión fue revertida por su hijo, el rey Luis X, pero volvieron a instaurarla en 1322. Sólo siglos más tarde volvió a ser seguro para los judíos vivir en Francia, cuando el territorio en expansión del reino francés creció e incluyó áreas en las que habían establecido nuevas comunidades los judíos franceses que habían huido.

Tras la revisión de los oficiales franceses de los daños en Notre Dame, se supo que la fachada delantera de la catedral quedó en gran medida intacta. Aparentemente, estos irremplazables tesoros artísticos que representan la historia de los judíos de Francia se han salvado. Ellos pueden enseñarnos mucho sobre la historia y la fortaleza judía en Francia y en el mundo.

 

por Yvette Alt Miller

 


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