PARASHÁ DE LA SEMANA: SHOFTÍM
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 16:18 – 21:9
HAFTORAH: ISAÍAS 51:12 – 52:12

¡Los rabinos pueden correr!

Me estoy preparando para participar en mi segunda Maratón de Jerusalem, para la cual falta más de medio año. Pero teniendo en cuenta mi último intento, necesito prepararme con tiempo.

Para mí correr largas distancias es algo nuevo. Pero me reclutaron junto a otros 14 rabinos para participar de “Rabbis Can Run” (los Rabinos pueden correr). El objetivo es despertar consciencia sobre la salud y juntar un poco de dinero para algunas entidades judías sin fines de lucro. En el proceso, logramos mejorar nuestra autoimagen.

Sólo tuvimos tres meses para prepararnos y en medio del programa de entrenamiento sufrí un severo caso de síndrome de la cintilla iliotibial (rodilla de corredor), una lesión por el uso excesivo del tejido conectivo en la zona lateral o exterior del muslo y de la rodilla. Esto provoca dolor y sensibilidad en el área, en especial justo por encima de la articulación de la rodilla. Básicamente sentía que mi rodilla se desgarraba y que mi cadera se desintegraba.

En consecuencia tuve que fijar mi objetivo en la maratón en llegar a 21 kilómetros en vez de 42, y tuve que correr tomando calmantes que más bien parecían ser placebo. Dios decidió que yo debía aprender una lección diferente: me estaba entrenando para aprender cómo correr con dolor. Mis rodillas se doblaban, pero yo deseaba seguir adelante. El dolor guio mi velocidad y me llevó a valorar que sólo estaba en un 8,0 en la escala de dolor, versus 9,5, un nivel en el que hubiera arrojado la toalla. Me sentía agradecido de que no fuera algo debilitante. Tenía que llegar a ese avión rumbo a Jerusalem.

Así es la vida. El mundo es tuyo si estás dispuesto a aceptar el dolor. Lo único que separa lo que eres ahora de lo que deseas ser es el dolor que estás dispuesto a soportar. Y ni siquiera pienses en el dolor. Mantén la mente focalizada en lo que estás logrando.

Tuve el privilegio de correr un viernes por la mañana a través de las calles acordonadas de Jerusalem. Había personas alentándonos, adolescentes israelíes que nos daban botellas de agua cada tres kilómetros con las sonrisas más bellas, bandas de rock y espíritu judío a cada paso del camino. Nos vimos empujados más allá de nuestros límites preconcebidos y todos los rabinos lograron los mejores tiempos y las mejores distancias.

Le debo haber dicho “Shabat Shalom” a más de 200 personas. Eso no lo haces en la Maratón de Bostón.

Mi objetivo era nunca dejar de correr. No caminar, ni siquiera en esas amenazantes colinas de Jerusalem. Nada se iba a interponer en mi camino. Sonreía como el tonto del pueblo con un único objetivo: poner un pie frente al otro. Eso era todo lo que importaba.

Mi mantra era una antigua sentencia: ein od milevadó, ‘no hay nada fuera de Dios’. Repetir esta frase brinda ayuda Divina. Pruébalo. Funciona. La Fuerza me acompañaba. Por lo tanto mi participación en la maratón consistió en rezar durante más de 2 horas mientras quemaba 1500 calorías y daba 23.000 pasos.

En el último kilómetro traté de quebrar mi marca y corrí lo más rápido que pude. Quería terminar sin que me quedara nada. Después de la maratón, no pude caminar normalmente durante una semana.

Aprendí a dejar de pensar en qué puede marchar mal en la vida, dejar de pensar sobre mis deficiencias y de imaginar el peor escenario. Cerrar el cerebro y dejar que Dios se haga cargo de mis preocupaciones. Mi tarea era rezar e intentarlo con todo lo que tenía. ¿Acaso hay una manera mejor de hacer las cosas?

No tenía que pensar en el pasado ni en el futuro, sólo en lo que debía hacer en ese momento. No me comparé con ninguna otra persona, en especial no con el ganador, Ronald Kimeli, de Kenia, que tiene casi la mitad de mi edad y pasó volando a mi lado como si yo estuviera parado. Competí contra mí mismo, ¿Acaso no es lo que nos ocurre a todos?

Me transformé y logré una nueva perspectiva. En verdad la vida es una maratón. Tenemos que ver las bendiciones, ver más allá de nuestra envoltura narcisista y reconocer la creación a la que le damos forma a lo largo de los años.

Y, en especial, ver la belleza a través del dolor y del esfuerzo. ¡El próximo año en Jerusalem al tratar de completar los 42 kilómetros!

Por más información, visita https://www.rabbiscanrun.org/

 

por Rav Aryeh Markman

 

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