Los judíos y Japón: 7 hechos interesantes

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Algunas de las más grandes influencias de Japón surgieron del contacto con judíos. Asimismo, Japón influyó sobre la cultura y la historia judía. Aquí hay siete hechos fascinantes sobre las conexiones judías con la tierra del sol naciente.

1) Primeros contactos judíos

Al parecer, algunos de los primeros extranjeros que navegaron a Japón durante la era de la exploración en los siglos XVI y XVII, fueron mercaderes y exploradores judíos contratados por la marina holandesa y británica. Con el objetivo de aislar a la nación de las costumbres extranjeras, en 1639 Japón cerró sus puertas al Occidente y prohibió durante más de 200 años que entraran extranjeros.

Sinagoga Beth Israel, Nagasaki, Japón

Este edicto fue anulado en 1853 y algunos de los primeros extranjeros que se asentaron en Japón fueron judíos. En 1860 había una comunidad judía en Yokahama, cerca de Tokio, donde se estableció la primera sinagoga de Japón. En 1895, vivían en Yokahama 50 familias judías. Aunque pequeña, la comunidad era diversa. Las lápidas en el cementerio judío de la ciudad están grabadas en hebreo, alemán, francés, ruso y japonés. Rápidamente florecieron comunidades judías en Nagasaki, Kobe y Tokio. Muchos de estos primeros colonos eran judíos que huían de los pogromos en Rusia.

2) Un héroe judío en Kobe

La guerra ruso-japonesa de 1904-5 enfrentó a las fuerzas navales del imperio ruso y del japonés, porque Japón quiso limitar las ambiciones territoriales de Rusia hacia el este. Más de 70.000 soldados rusos fueron llevados prisioneros a Japón, entre ellos había alrededor de 2.000 soldados judíos.

Trumpeldor en 1917

Uno de estos prisioneros era un héroe de guerra judío llamado Iosef Trumpeldor, quien había perdido un brazo en la batalla. Trumpeldor creció en una familia judía asimilada, pero en el campo de prisioneros de guerra conoció judíos de Polonia, Lituania, Besarabia, Volhynia, Siberia y otras áreas del imperio ruso y se sintió indignado por las experiencias antisemitas de sus compañeros judíos en sus países de origen. Trumpeldor organizó una Sociedad de Prisioneros de Guerra Judíos, se convirtió en su presidente y en prisión se unió a la causa de establecer una patria judía en Israel.

Cuando fue liberado del campo de prisioneros de guerra, Trumpeldor emigró a Israel y ayudó a organizar el Cuerpo de Muleros de Sión y a construir las fuerzas de defensa del naciente estado judío. Él luchó en la Primera Guerra Mundial, fue herido en la Batalla de Galípoli y después de la guerra formó un movimiento juvenil de pioneros en Rusia para preparar a los jóvenes judíos para emigrar a Israel. Trumpeldor fue asesinado en 1920 por terroristas árabes que atacaron el pueblo judío de Tel Jai, en el norte de Israel.

3) Chiune Suguihara, un justo entre las naciones

En el verano de 1940, el representante de Japón en Lituania, Chiune Suguihara, comenzó a empacar. Lituania acababa de ser anexada por la Unión Soviética y los diplomáticos extranjeros volvían a sus hogares. Justo en ese momento, un mensajero le informó a Suguihara que una delegación de judíos quería hablar con él.

Sugihara salió y se encontró con Zeraj Warhaftig, un refugiado judío que después se convertiría en ministro del gobierno israelí. Warhaftig tenía una petición: habían llegado a Lituania miles de refugiados judíos que estaban desesperados por irse. Casi todas las naciones del mundo les cerraban sus fronteras. Sólo un país permitía entrar a los judíos: Curazao, una colonia holandesa en el Caribe. Pero los judíos no tenían visas de tránsito para cruzar la Unión Soviética y navegar a Curazao. ¿Acaso Suguihara podía emitirles visas?

Conmovido por el sufrimiento de los judíos, Suguihara comenzó a emitir visas de inmediato. Al cabo de unos días, sus supervisores en Tokio le ordenaron detenerse. Años después, Yukio, la esposa de Suguihara, recordó que su esposo pasó noches enteras sin dormir. Estaba muy angustiado por desobedecer órdenes, pero la imagen de los hombres, mujeres y niños aterrorizados que habían llegado caminando desde regiones destruidas por la guerra, lo obligaban a desafiar las órdenes oficiales.

Desde el 31 de julio hasta el 28 de agosto de 1940, Suguihara comenzó a conceder visas por propia iniciativa. Durante 18 horas escribía más de 300 visas diarias, más de la cuota regular de un mes. Se trataba de documentos largos y escritos a mano. Él se rehusaba a tomar descansos para comer, porque sabía que cada momento era una oportunidad para salvar otra vida. Su esposa recuerda que al final de cada día masajeaba sus manos hinchadas.

Suguihara emitió aproximadamente 6.000 visas a refugiados judíos. Él continuó emitiendo visas hasta que lo obligaron a dejar su cargo el 4 de septiembre, cuando su consulado fue disuelto debido a la inminente invasión Nnazi.

Al regresar a Japón en 1946, lo despidieron del servicio diplomático japonés por el “crimen” de emitir esas visas. En 1984, Yad Vashem honró a Chiune Suguihara como un justo entre las naciones.

4) Una Ieshivá en el Japón devastado por la guerra

De todas las grandes Ieshivot de Europa, sólo una sobrevivió intacta a lo largo del Holocausto, la famosa Ieshivat Mir. Gracias a Chiune Suguihara, unos 500 estudiantes, rabinos y sus familias salieron de Lituania hacia Kobe, Japón en 1940 y 1941. Al llegar a Japón, los refugiados de Mir descubrieron que sus visas de entrada a Curazao ya no eran válidas, se asentaron en Kobe, restablecieron su Ieshivá y siguieron adelante con sus clases.

La Ieshivá Mir en Shanghái

Al principio, los vecinos japoneses de la Ieshivá se sintieron confundidos. Los estudiantes de la Ieshivá estudiaban 18 horas cada día y el sonido del fuerte canto y rezo llenaba el vecindario. Enviaron oficiales locales a investigar qué ocurría y ellos se impresionaron. La Ieshivá obtuvo permiso para continuar operando y las autoridades japonesas llamaron a sus miembros “idealistas santos”.

Un Beit Midrash de la Ieshiva Mir en la actualidad

En 1943, Japón trasladó a los refugiados extranjeros, incluyendo a los miembros de la Ieshivat Mir, a la ciudad de Shanghái que estaba ocupada por Japón. Allí fueron restringidos a un gueto. Sin embargo, las autoridades japonesas se resistieron a la presión de sus aliados alemanes para que deportaran a los judíos bajo su control y la Ieshivat Mir continuó operando durante la guerra. En 1946, la Ieshivá se trasladó a Jerusalem, en donde continúa floreciendo y cuenta con miles de estudiantes cada año.

5) La protección de los derechos de las mujeres en la constitución de Japón

La constitución de Japón es una de las que más provee derechos y protección a las mujeres en todo el mundo. Allí se ordena equidad y libertad para todos sus ciudadanos. Lo que no es tan sabido es que estas revolucionarias estipulaciones fueron escritas por una refugiada judía de 22 años de edad, Beate Sirota Gordon.

Beate con sus padres y Kosaku Yamada en 1928

Beate nació en una familia judía de Viena en 1923. Su padre, Leo, era un famoso pianista que llevó a su familia a Tokio cuando Beate tenía cinco años, para asumir un puesto en la prestigiosa Academia Imperial de Música de Japón. Beate fue a la escuela en Japón, y hablaba con fluidez en japonés, ruso, inglés, alemán, francés y español. Beate era una estudiante brillante, y se fue a estudiar en la universidad en los Estados Unidos cuando tenía apenas 15 años, en 1939.

Después del ataque japonés en Pearl Harbor, Beate perdió el contacto con sus padres. Con la esperanza de saber más sobre el destino de su familia, ella se unió al esfuerzo de guerra norteamericano. En la universidad le dieron permiso para estudiar para sus exámenes sin asistir a las clases y tomó un trabajo en un puesto de espionaje del gobierno de los Estados Unidos en San Francisco, donde monitoreaban transmisiones de radio japonesas y escribían propagandas de radio alentando a los japoneses a rendirse. (A pesar de su trabajo, Beate se graduó con un título en idiomas modernos en 1943).

Beate Sirota Gordon, 1947

Después de la guerra, los viajes de civiles a Japón estaban restringidos, así que Beate se unió al equipo del General Douglas MacArthur como una trabajadora civil. Ella viajó con el general a Tokio en 1946 e inmediatamente fue a la casa de su familia, la que estaba completamente quemada. Eventualmente Beate encontró a sus padres en un campo de refugiados y los cuidó hasta que recuperaron la salud. Todo esto fue mientras trabajaba para MacArthur.

En febrero de 1946, le asignaron a Beate una misión ultrasecreta: ayudar al General MacArthur a redactar una nueva constitución para el Japón post-guerra. Como era la única mujer del equipo de MacArthur, Beate fue la encargada de escribir los artículos de la Constitución relativos a las mujeres. Le dieron siete días para completar la tarea. Beate deseaba ayudar a elevar el estatus de las mujeres en Japón: “Históricamente, las mujeres japonesas eran tratadas como propiedades”, dijo después, y esa era su oportunidad de cambiarlo.

Beate estudió las constituciones de la mayor cantidad de países que pudo y luego redactó los siguientes dos artículos en la constitución de Japón. El artículo 14, que dice: “no habrá discriminación…debido a raza, credo, sexo, estatus social u origen familiar”; y el artículo 24, que garantiza los derechos de las mujeres para la “elección de pareja, derechos de propiedad, herencia, elección de domicilio, divorcio y otros asuntos”.

Beate se casó con un compañero judío del equipo, Iosef Gordon y dedicó el resto de su vida a introducir en los Estados Unidos el arte y los artistas asiáticos. Beate falleció en el año 2013.

6) Ayuda después del tsunami

El 11 de marzo del 2011, el norte de Japón sufrió un terremoto de 9.0 de magnitud que desencadenó un devastador tsunami. Como ocurrió en muchas otras tragedias, Israel fue uno de los primeros (y el grupo mayor) que llegó a ofrecer su ayuda.

El Ministerio de Relaciones Exteriores envió de inmediato a Japón un cargamento inicial de ayuda con decenas de miles de artículos de emergencia. El embajador de Japón en Israel en ese momento, Haruhisa Takeuchi, emitió una declaración pública: “Agradezco al equipo de personal médico desde lo más profundo de mi corazón, por ayudar voluntariamente ante esta tragedia y por llevar a cabo esta difícil misión”.

Voluntarios israelíes distribuyen suministros a los sobrevivientes japoneses. Foto: IsraAID

Tras enviar el cargamento inicial, los grupos israelíes se establecieron a largo plazo en Japón y entrenaron personal para ayudar a las victimas traumatizadas a recuperar su salud mental. Meirav Tal-Margalit, una voluntaria del grupo humanitario israelí internacional IsraAID, explicó por qué los voluntarios israelíes fueron tan efectivos: “Lamentablemente, Israel es casi un laboratorio de traumas… tenemos extensa experiencia en este campo y las herramientas que utilizamos aquí (en Israel) han probado ser efectivas en todo el mundo. Por supuesto que se hacen adaptaciones culturales, pero en definitiva todos somos humanos y compartimos los mismos temores y los mismos sueños”.

7) Sushi kósher

La cocina japonesa ganó popularidad mundial y los consumidores judíos la abrazaron con pasión. De acuerdo con el New York Times, Borough Park, la comunidad jasídica más grande de Nueva York, cuenta con 62 restaurantes de sushi. De acuerdo con el Rav Elefant, director de operaciones de la división de kashrut de la OU (Orthodox Union), un 80-90% de los restaurantes de Nueva York sirven sushi.

“En una época, lo que definía a una comunidad judía era una sinagoga y una carnicería kósher… Luego agregamos una pizzería kósher. Ahora es indispensable que haya una tienda de sushi kósher”, explicó el Rav Elefant

La opción de sushi kósher y otras comidas japonesas sigue en expansión: tanto la OU y la certificación kósher de Gran Bretaña KLBD abrieron oficinas en Japón para ayudar a satisfacer el creciente mercado de comidas y bebidas japonesas kósher en todo el mundo.

 

 

por Yvette Alt Miller

 


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