Los hermanos Goering: La herencia no determina el destino

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Hermann Goering fue la mano derecha de Hitler y el fundador de la Gestapo (quiera Dios que este monstruo sufra las verdaderas y justas consecuencias por sus actos).

Albert Goering era el hermano menor de Hermann. Mientras su maníaco hermano mataba judíos, Albert trabajó incansablemente para salvarlos.

Los hermanos Goering, con sólo dos años de diferencia, crecieron en un castillo en Bavaria. Desde muy temprana edad fue obvio que eran muy diferentes. Hermann era audaz, confiaba en sí mismo y estaba obsesionado con juegos de guerra. Albert era tímido y reflexivo.

Más tarde, desde su celda en Núremberg, Hermann le dijo a un psiquiatra: “Albert siempre fue mi antítesis”.

En la década de 1930, el despiadado Hermann ascendió en los rangos del partido nazi hasta convertirse en el principal comandante militar de Hitler.

Albert se oponía por completo al nazismo y en protesta partió de Alemania. Se mudó a Viena, donde trabajó en la industria cinematográfica y había varios judíos entre sus amigos más cercanos.

A medida que se intensificó la campaña de Hermann en contra de los judíos, así también se afianzó la decisión de Albert de ayudarlos.

Una vez, en Viena, Albert se encontró con un grupo de matones nazis que habían colocado un letrero alrededor del cuello de una anciana judía proclamando: “soy una cerda judía”. Una multitud se había reunido para burlarse de la mujer.

Albert se abrió paso entre la muchedumbre y empujó a dos oficiales de la Gestapo para salvar a la mujer. Su vida podría haber terminado allí mismo, cuando la multitud se volvió en su contra. Pero los hombres de la SS exigieron ver sus documentos.

Cuando vieron su nombre, lo escoltaron a un lugar seguro, en deferencia a Hermann.

Cuando los nazis arrestaron a los amigos judíos de Albert en Viena, una vez más Albert aprovechó su singular posición para salvarlos.

Él falsificó documentos, usando el nombre de su hermano, para ayudar a su viejo amigo Jacques Benbassat a escapar a Suiza, y aprovechó su influencia para lograr que su ex jefe Oskar Pilzer, y toda la familia Pilzer, fueran liberados. Una y otra vez salvó vidas judías.

Familias enteras deben su existencia a Albert. Él salvó a muchos judíos enviando camiones a los campos de concentración pidiendo trabajadores. Una vez a bordo, los camiones los llevaban a un bosque y les permitían escapar.

Después de la guerra, Albert fue aprisionado y llevado a Núremberg, donde lo interrogaron durante 15 meses. Nadie creyó su historia hasta que 34 judíos que él había salvado emitieron declaraciones juradas en su beneficio.

Lo liberaron, pero rápidamente descubrió que su nombre lo convertía en un paria y le era imposible obtener un empleo. Albert se hundió en la depresión y el alcoholismo, sobrevivió gracias a una mínima pensión del gobierno y a los alimentos que le enviaban los judíos que él había salvado.

Murió en la oscuridad en 1966.

El heroísmo de Albert durante la guerra fue desconocido hasta que hace poco salieron a la luz documentos de los archivos británicos que muestran que él salvó a cientos de judíos. Su vida demuestra que somos nosotros —y sólo nosotros— los que definimos nuestras opciones y determinamos nuestro camino en la vida, no nuestros parientes.


Reimpreso con permiso de Accidental Talmudist.

 

por Salvador Litvak

 


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