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Likutei Sijot: Itró Vol I

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PARASHÁ DE LA SEMANA: TRUMA
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: ÉXODO 25:1 – 27:19
HAFTORAH DE ESTA SEMANA: REYES I 5:26 – 6:13
1+

Bsd.

Es usual leer en la Filosofía Jasídica que “todo lo que existe en el plano físico de la Creación tiene su raíz y paralelo en la dimensión espiritual. Y lo contrario es cierto, nada existe en el plano físico sin antes existir en la dimensión espiritual y derivarse de ella”.

En esta Sijá, el Rebe toma este principio y explica con extraordinaria claridad y lógica, cómo el mismo se aplica a la aparición y cura, de una de las principales afecciones físicas de las últimas generaciones, aquella en la que se experimenta el crecimiento de un “cuerpo extraño” añadido al propio organismo, que no tiene ninguna función ni sentido. Este “cuerpo extraño” físico, es producto de una malformación espiritual que crece en el alma: el iesh, el “Yo enfermo” de la persona. La cura del “Yo enfermo” y su destrucción, se cristaliza a través del estudio de la Filosofía Jasídica. Jasidut es la “quimioterapia” del “ego enfermo”, pero a diferencia de la qui­mioterapia convencional –Di-s nos libre- además de destruir los aspectos negativos del carácter de la persona, fortifica los positivos.

A

  1. [Luego del Exodo de Egipto el pueblo judío se reunió frente al Monte Sinaí para recibir la Torá de Di-s]. Acerca del momento de la Entrega de la Torá, [y como introducción a los Diez Mandamientos,] está escrito: “Di-s habló todas estas palabras, para decir”1. Los comentaristas [bíblicos se detienen en esta frase y] analizan qué significa, [en este contexto,] la expresión “para decir” – “lemor”. [Su planteo es el siguiente:] En todo lugar de la Torá, cada vez que se dice [“Di-s habló…] para decir” su sentido es que estas palabras [de Di-s] debían transmitirse [y comunicarse] a los judíos, quienes no las habían escuchado por sí mismos en el momento en que fueron dichas2. Sin embargo, [éste no puede ser su significado en este contexto, pues] en el momento de la Entrega de la Torá todos los judíos estaban presentes, y por lo tanto todos escucharon (las palabras de Di-s directamente de El). Pues entonces, ¿a qué alude aquí el término lemor – “para decir”?

Sería incorrecto sugerir que esta expresión se refiere a que [la Torá] fuera transmitida también a las generaciones futuras, pues Matán Torá (la Entrega de la Torá) fue un evento presenciado y experimentado por todas las almas judías, incluso aquellas de generaciones por venir3.

Predicador (Maguid) de Mezritch explica4 que Matán Torá consistió en introducir los Aseret HaDibrot (los Diez Mandamientos) de la Torá en los Asará Maamarot (las Diez Aserciones) de Di-s pronunciados durante los Seis Días de la Creación, mediante los cuales el universo todo fue, [y es,] llamado a ser. El Zohar5 interpreta la doble expresión de “diez” en el versículo “Cada cucharón (pesaba) diez, diez (shékel) de los shékel sagrados”6 indicando que los Asará (Diez) Maamarot (de la Creación) se corresponden con los Aseret (Diez) HaDibrot (de la Torá). Como éste es el objetivo de la Entrega de la Torá, nuestro versículo dice “vaidaber… lemor” (“Di-s habló… para decir”), es decir, para infundir el vaidaber, los Diez Dibrot, en el lemor, los Diez Maamarot7.

  1. El mencionado concepto, aplicado al servicio a Di-s por parte del judío, significa que la luz de la Torá –los Diez Mandamientos– debe brillar incluso en las cuestiones mundanas –las Diez Aserciones (de la Creación)–.

Hay quienes piensan erróneamente que “Torá” y “mundo” son dos entidades independientes; estos, al estar en un ambiente de Torá, se comportarán como lo hace un judío de Torá, pero cuando “salen al mundo” actuarán siguiendo las percepciones y prácticas del mundo. Lo cierto es que del judío se demanda que todas sus cuestiones, incluso las mundanas, concuerden con las premisas de la Torá.

No se está hablando aquí de [una dualidad de criterios en] aquellos asuntos que están prohibidos. Se sobreentiende que “lo prohibido – prohibido está” [siempre, quedando fuera de todo análisis y discusión]. En cambio, se trata de que aún en el ámbito de aquellas cosas que sí están permitidas, no debemos guiarnos por las concepciones mundanas, por la visión del hombre común de la calle, sino por las premisas de la Torá8.

  1. Esto arroja luz sobre el versículo: “Mis lágrimas fueron mi sustento día y noche, cuando todo el día se me dice: ‘¿Dónde está tu Di-s (Elokéja)?'”9

“Mis lágrimas fueron mi sustento” alude a la persona que de tan amargada, sus lágrimas han reemplazado todo otro tipo de sustento –pues, como es notorio, merirut (la amargura del alma y el corazón) afecta al individuo de tal modo que elimina todo apetito–. Y el versículo expresa cuál es la causa de este merirut: “cuando se me dice”, es decir, cuando desde lo Alto hay una insistente demanda: todo el día se me dice “¿Dónde está tu Di-s?”

[Este concepto se entenderá mejor cuando es precedido por la explicación jasídica de las palabras iniciales de los Diez Mandamientos: “Anojí (Yo doy) Havaiá (el Di-s) Elokéja (tu Señor)”]. Elokéja (“tu Señor”) significa: ‘tu fuerza y vitalidad’10. ¿Quién es Elokéja? ¡Havaiá es Elokéja! Havaiá, aquel nivel de Divinidad que trasciende tiempo y espacio, aquel que está más allá del hishtalshelut11, ¡Él es Elokéja, tu fuerza y vitalidad! Más aún, [el versículo declara:] “Anojí – Yo soy – Havaiá Elokéja”. Anojí significa Anojí misheAnojí – Yo Soy quien Soy12, aquel que no es insinuado por ninguna letra ni astilla”13, ¡Él es Elokéja, tu fuerza y vitalidad!

Esto entonces, es lo que se exige a la persona desde lo Alto: ¿Dónde está Elokéja todo el día? ¿Dónde se encuentra todo el día tu sentida conciencia de que Anojí es Havaiá Elokéja?

Sentir el Elokéja [dentro de uno mismo, que Di-s, y no otra cosa, es su fuerza vital,] en el momento de la plegaria o el estudio de la Torá, o durante un farbrenguen (“encuentro jasídico”), no basta. No es ésta la intención [ni el objetivo, de la creación del mundo] pues, de ser así, [no era necesario que se hiciera descender almas dentro de cuerpos físicos;] ello podría haberse logrado incluso por [medio de seres espirituales tales como] los ángeles, o por almas 1415[sin estar investidas en cuerpos, tal] como se encuentran en lo Alto, bajo el Divino Trono de Gloria. El propósito del descenso del alma al cuerpo es refinar y elevar al cuerpo y al Alma Animal (pues el Alma Divina misma no precisa, en absoluto, tikún (enmienda). Del judío se exige [y espera] que todo el día –cuando come, bebe, comercia y conversa con otros– sea conciente y sienta el Elokéja, [es decir, que todas sus cuestiones mundanas –que son vitalizadas por los Asará (Diez) Maamarot de la Creación–, se vean imbuidas por la Divinidad de los Aseret (Diez) HaDibrot de la Torá –Anojí Havaiá–]. Esta conciencia debe estar manifiestamente presente a lo largo de todo el día, tal como lo está en el momento de la plegaria y el estudio de la Torá.

B

  1. Hay quienes arguyen que la doctrina jasídica pertenece a la esfera de lo esotérico, y por lo tanto, Di-s libre, no debe ser estudiada. [En conexión con el relato de la Entrega de la Torá en nuestra Sección Semanal,] la respuesta a esto es la siguiente:

En el momento de Matán Torá se dio toda la Torá, tanto su niglé (su dimensión exotérica, revelada) como su nistar (su faceta esotérica). Y a decir verdad, en aquel momento lo cierto era precisamente lo contrario [a la noción popular]: El niglé de la Torá era lo oculto. Bien se sabe que en los Diez Mandamientos hay 620 letras, las que aluden a las 620 mitzvot16 –613 de carácter bíblico y 7 rabínicas instauradas por los Sabios17–, por lo que todas las mitzvot [que son lo que constituye el aspecto niglé (‘revelado’ de la Torá] fueron entregadas contenidas en los Diez Mandamientos, pero [encapsuladas en ellos,] sólo de una manera alusiva y oculta. En contraste, en aquel sublime momento fue el nistar (lo místico) de la Torá lo que fue expuesto de una manera manifiesta, pues todo el pueblo judío vio allí el Maasé Merkavá18 (como se insinúa también en el versículo: “[La Carroza de Di-s…] los dos veces diez mil… en Sinái en santidad”19: la palabra shinán/ (lit.: ‘ángeles) forma el acrónimo de shor/ (‘toro’), nésher/ (‘águila’), arié/ (‘león’), y la nun final alude a ‘la faz del hombre’20), que es la esencia de pnimiut haTorá.

C

  1. Por lo general, quienes se oponen al estudio de la Filosofía Jasídica esgrimen dos razones:

1) Si éste estudio fuera realmente tan crucial, ¡¿por qué no existía en épocas anteriores?! Si durante tantos años fue posible arreglárselas sin esta doctrina, ¡ello demuestra que el Jasidismo no constituye una necesidad existencial!

2) El estudio de la Filosofía Jasídica apunta a la anulación de la realidad de la materia y del iesh –el propio Yo–, y ‘auto-anulación’ ¡es una actitud negativa!

  1. La respuesta a estos argumentos es la siguiente:

Maimónides, en Shmoné Prakím21, escribe que tal como existen enfermedades físicas y sus respectivos tratamientos curativos, del mismo modo hay también enfermedades del alma y metodologías para curarlas. De esto se entiende, entonces, que de las enfermedades del cuerpo y sus respectivos tratamientos es posible aprender acerca de las patologías del alma y su curación.

  1. Generalmente definimos como “enfermedad” a la carencia o deterioro de alguna parte del cuerpo. Sin embargo, existe un estado en el que al cuerpo no le falta ninguno de sus órganos sino que, su afección, por el contrario, radica en el crecimiento de un “cuerpo extraño” añadido. A simple vista esto requiere explicación: ¿Por qué preocupa [tanto] este fenómeno? Después de todo, ¡[no] se trata [más que] de un crecimiento! ¿Acaso falta algún componente necesario cuya presencia es imprescindible [para el buen funcionamiento del cuerpo]? Sin embargo, no hay duda, esta anomalía constituye una enfermedad. Y en algunos casos su cuadro reviste mayor gravedad que cuando al cuerpo le falta algo. ¡La enfermedad es tan severa [y dañina], que ni siquiera queremos llamarla por su nombre!

El “cuerpo añadido” crecido daña la zona de su propia ubicación física y, Di-s nos libre, puede incluso expandirse [afectando a otras áreas del organismo].

Tal como esta enfermedad difiere de las demás, así también su tratamiento es diferente al del resto de las afecciones. Los tratamientos curativos fortalecen en cierta medida a la persona. En contraste, el tratamiento que combate esta enfermedad destruye la zona del “crecimiento”, y [sólo] eso restaura verdaderamente la salud del paciente.

Los recursos medicinales para atacar esta dolencia se descubrieron apenas hace un par de generaciones; y las técnicas específicas en la aplicación de dichos recursos se investigaron recién más tarde, y aún continúan investigándose.

  1. Obviamente, si alguien se niega a utilizar estos [nuevos] recursos medicinales y sustenta su desacuerdo en que a) La medicina debe fortalecer la salud del cuerpo y no destruirlo, o en que [considera que] b) Si durante generaciones no se usaron estos tratamientos, él no quiere hacer caso a los nuevos médicos con sus técnicas novedosas –él mismo se cree un especialista, por lo que se comportará tal como en el pasado–, ¡todos entienden que semejantes argumentos son inválidos!

Es cierto, que hay que fortalecer la zona sana del cuerpo, pero de ningún modo debe hacerse lo propio con aquel “crecimiento” que es ajeno al cuerpo, pues no integra al cuerpo humano, sino que, por el contrario, lo daña. Por lo tanto, hay que destruirlo.

Como en tiempos pasados esta afección no era tan frecuente ni se manifestaba como en la actualidad, no se la investigaba tanto. Y [la falta de recursos curativos] se debía, principalmente, a que Di-s no hizo accesible al hombre su solución curativa. Ultimamente, en cambio, al expandirse la enfermedad –Di-s nos libre– el Todopoderoso “anticipó la curación a la enfermedad”22, y nos dio acceso a su curación.

  1. Todo lo existente en el plano físico de la Creación tiene su raíz y paralelo en la dimensión espiritual. También la enfermedad de la que estamos hablando y su curación, aparecidos recién [con tanta intensidad] en las últimas generaciones, se debe a su similitud con lo que sucede en los planos espirituales, también un producto de las últimas generaciones.
[Su raigambre en los planos espirituales es al siguiente:] Nos encontramos en la última etapa de la época de los Talones Mesiánicos –Ikvetá deIkvetá deMeshijá–. Y dado que pronto se producirá el “ketz sam lajóshej” (“Di-s puso fin a la oscuridad”23 [y toda situación de mal, impureza y muerte]), se fortalece y aumenta la insolencia y la arrogancia sin causa24 de la Kelipá de Amalek –también antaño existían el orgullo y la arrogancia, pero no de una manera tan vulgar como ahora–.

De esto [en la dimensión de la deformación espiritual] se desencadenó que también en el plano físico aparezca la existencia de un “cuerpo extraño” carente de todo sentido o función, que absorbe toda la fuerza del cuerpo como si sólo él fuera lo principal del cuerpo.

[Para contrarrestar la Kelipá de Amalek –el orgullo y la soberbia desmedidos que, como se dijera, constituyen la principal causa espiritual de la afección–] Di-s “anticipó el remedio a la enfermedad”, y reveló Torat HaJasidut –la Filosofía Jasídica–, cuyo estudio [y aplicación] hacen que el iesh, el “Yo enfermo”, se [debilite progresivamente, hasta lograr que se] destruya del todo.

  1. Obviamente, hay un punto en el que la analogía no es perfectamente exacta. En la dimensión física, de abusarse del tratamiento más del tiempo requerido, se podría llegar a afectar y destruir partes sanas del organismo. En el ámbito espiritual no es así: Es posible estudiar Jasidut sin interrupción. Haciéndolo una y otra vez, lo único que se logrará es [disminuir y] neutralizar la soberbia y el “Yo [enfermo]”, en tanto que las facetas sanas del carácter de la persona se verán fortalecidas por el Jasidut, pues de la Torá está escrito25 que es oz (fortalecimiento) y tushiá (debilitación): debilita al Alma Animal y fortalece al Alma Divina.

NOTAS:

1 [Exodo 20:1].

2 [En este sentido, cada vez que en la Torá se dice “Y Di-s habló a Moshé lemor – para decir”, significa que Moshé debía asegurar que las palabras de Di-s llegaran a todos los judíos. Pero éste no es el caso de la Entrega de la Torá, como continúa el análisis la Sijá (NE)].

3 Shemot Rabá 28:6.

4 [Or Torá, Hosafot, secc. 8. Véase también su Likutéi Amarím, secc. 264; y Or Torá, secc.96 y 235 (NVI)].

5 Zohar III, 11b. [Véase Likutei Sijot, vol. I, Toldot, pág. 57, secc. XXVII].

6 [Números 7:86 (NVI)].

7 [El universo fue creado por medio de Diez Aserciones (Avot 5:1; Rosh HaShaná 32a), las diez órdenes “que se haga…” mencionadas en Génesis, cap. 1. Sin embargo, esta creación fue condicional: la primera palabra de la Torá, Bereshit (“Al principio”), puede dividirse en be (la letra bet, cuyo valor numérico es 2) por un lado, y reshít (“comienzo”) por el otro, es decir, “dos comienzos – principios”. La interpretación de esto es que Di-s creó los cielos y la tierra en función de dos cosas denominadas reshít: la Torá e Israel (véase Rashi sobre Génesis 1:1). En este contexto, Di-s impuso una condición sobre la obra de la Creación: “Si Israel acepta la Torá, existirán; si no, Yo los retornaré al vacío y la nada” (Shabat 88a, Rashi sobre Génesis 1:31). De esta manera, Matán Torá, la Entrega de la Torá y su aceptación por parte del pueblo judío garantizan la existencia de la obra de la Creación: los Diez Mandamientos (a los que se alude con la palabra vaidaber, “y… habló”) se corresponden con las Diez Aserciones (a las que se alude con la palabra lemor) e infunden en éstas el poder necesario para perdurar (NVI)].

8 Véase Meirat Eináim sobre Jóshen Mishpat, secc. 3, nota 13.

9 [Salmos 42:4 (NVI)].

10 Véase Shulján Aruj, Oraj Jaím, secc. 5. [La raíz de este Nombre Divino es E-l, que significa “fortaleza, rigor”; véase Ievamot 21a y Zohar III, 132a. Así, al pronunciar este Nombre debemos tener en mente la idea de que Di-s es nuestra fuerza, nuestra vitalidad, sin la cual no podemos subsistir (NVI)].

11 [El proceso cadenoide de descenso y contracción de la Luz Divina que crea los Mundos Superiores y nuestra realidad física (NE)].

12 [Compárese con Zohar III, 11a: “Yo Soy quien Soy; y no se sabe quién es El”. Así, Anojí, el “Yo” máximo, alude al Di-s Trascendente, que no resulta de causa alguna, la única entidad realmente independiente (compárese con Maimónides, Hiljot Iesodéi HaTorá 1:1). El aspecto de Anojí, así, trasciende incluso el aspecto sublime indicado por el Nombre Divino Havaiá. Ningún ser puede ser genuinamente llamado Anojí –el “Yo” autónomo completo y certero– salvo el Eterno, que es el Verdadero Anojí.

Nótese que este párrafo relaciona el primero de los Diez Mandamientos, “Anojí – Yo soy Havaiá (Di-s) Elokéja (tu Señor)…” (Exodo 20:2) con nuestro texto de Salmos 42, “Mis lágrimas… Elokéja?” (NVI)].

13 Véase Likutéi Torá, Pinjás, 80b.

14 [Véase Zohar I, 113a y III, 29b (y compárese con Shabat 152b), donde se menciona que las almas, antes de su descenso, se encuentran bajo el Divino Trono de Gloria.

El encontrarse en un estado de éxtasis y conciencia Divinos en un contexto exclusivamente de servicio a Di-s es algo aplicable ya a los ángeles y a las almas antes de su descenso a este plano material. Para ello no hubiera sido necesaria la creación del cuerpo físico y que éste se involucrara con las cuestiones de este mundo. Compárese con Shabat 88b, acerca de la discusión entre Moshé y los ángeles respecto de a quién debía entregarse la Torá (NVI)].

15 Tania, cap. 37.

16 [BaMidabr Rabá 13:16; Zohar II, 90b y 93b]. Véase Rashi sobre Exodo 24:12; Báal HaTurím sobre Exodo 20:13.

17 Los Sabios instauraron 7 preceptos en adición a los 613 bíblicos: 1) el recitado del Halel en los momentos apropiados (festividades, Rosh Jodesh); 2) la Lectura del Rollo de Ester en Purím ; 3) el encendido de las velas de Janucá; 4) el encendido de las velas de Shabat; 5) el lavado ritual de las manos antes de comer pan; 6) el recitado de bendiciones determinadas antes de disfrutar de algún bien material (por ejemplo, comer, beber, etc.) y de cumplir mitzvot; 7) el requerimiento de un erúv para permitir ciertas acciones en Shabat y las fiestas (véase Kitzur Shulján Aruj, de Ed. Kehot Lubavitch Sudamericana, vol. 1, caps. 94 y 95). Compárese también con Sefer HaMaamarím – 5708; nota al margen en la pág. 165].

18 [Maasé Merkavá, la “Obra de la Carroza”, que se refiere específicamente a la visión de Di-s descripta en el primer capítulo de Ezequiel (aunque en general también alude a Isaías 6) es la esencia misma de la parte nistar de la Torá. Véase Jaguigá, cap. 2 (NVI)].

19 [Salmos 68:18 (NVI)].

20 [Zohar I, 18b y 149b. Estas son las cuatro “formas” descriptas en Ezequiel 1:10 (NVI)].

21 Capítulo 3. Véase también Mishné Torá, Hiljot Deot, 2:1.

22 [Meguilá 13b; Zohar I, 196a].

23 [Job 28:3].

24 [Véase Sotá 49b (también Sanhedrín 97a): “En las pisadas –es decir, justo antes de la llegada– del Mashíaj, se incrementará la insolencia”. Amalék representa la kelipá (la categoría de mal) de la arrogancia y el orgullo. “‘El orgullo del hombre…’ (Proverbios 29:3) se relaciona con Amalék, quien exhibió impertinencia hacia el Santo, bendito sea, con sus exabruptos y blasfemias…”; BaMidbar Rabá 13:3. Amalék conoce al Amo del universo, y con todo, intencionada, insolente y jactanciosamente, se rebela contra El sin razón. Comp. con Likutei Sijot vol. I, Beshalaj pág. 146, secc XIII (NVI)].

25 Mejilta sobre Exodo 15:2. Vaikrá Rabá 31:5. Sanhedrín 26b. Véase también Torá Or, comienzo de Itró, 67a, y Apéndices, ibíd., 109a.

Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las no­tas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE).
Textos originales: Likutei Sichos (Kehot Publication Society, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.

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Publicado en Itró, Likutei Sijot, Parashá Itró, Shemot
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