En la parashá de esta semana, leemos sobre el nacimiento de los mellizos de Itzjak y Rebeca. Jacob y Esav fueron muy diferentes desde el momento en que abandonaron el vientre de su madre. A medida que fueron creciendo, sus distintas personalidades se volvieron más y más notorias. Jacob era el “morador de carpas”, un estudioso diligente de la Torá, mientras que Esav era un “habilidoso cazador” y un hombre violento.

También leemos cómo un día en que Esav regresa de su cacería, cansado y hambriento, encuentra a Jacob, quien está cocinando una cazuela de lentejas. Esav desea las lentejas, Jacob le ofrece la preparación a cambio del derecho natural de Esav. Como él era el mellizo primogénito, sería el elegido para ser un pastor en el templo de Di‑s. Esav acepta la oferta y el trato queda sellado.

Adelantémonos 275 años. Ahora, estamos dentro de libro del Éxodo (4: 22), y Di‑s envía a Moshé con el faraón para liberar a Su pueblo. Él los describe como b’ni bejori israel, “Mis hijos, mis primogénitos, Israel.” Rashi, citando al midrash, comenta: “Es en ese momento en el que el Santo Bendito, Él, rubricó la venta del derecho natural que Esav le dio a Jacob.”

Ahora, ¿tanto tiempo tardó Di‑s en poner Su sello de aprobación en un trato que se celebró cientos de años atrás? ¿Por qué?

El difunto Rosh Yeshiva Israelí, Rab M. Z. Neriyah, ofreció la siguiente explicación: “Se puede vender el derecho natural a cambio de granos, pero no se puede comprar el derecho natural a cambio de granos”. Es fácil echar por la borda la herencia personal, pero adueñarse de ella lleva años de esfuerzo y trabajo duro.

Él utilizó la analogía de un héroe de guerra merecedor de una hilera de medallas por demostrar valentía y coraje en el momento de estar bajo fuego. Lamentablemente, al hacerse viejo, tuvo que vender sus medallas para sobrevivir. Es entonces cuando otra persona entra caminando a la casa de empeño y encuentra las medallas a la venta, las compra y las coloca sobre su pecho. Podrá caminar por la calle con el orgullo de un pavo real. Pero ¿esto significa algo? Todos sabemos que este hombre no es un héroe. De hecho, ¡no es más que un patético tonto!

El pueblo judío tuvo que hacerse merecedor del honor de ser llamado “Mis primogénitos, Israel”. No fue suficiente que su padre, Jacob, haya comprado el derecho natural de un vendedor indigno pero dispuesto. Los hijos de Jacob tuvieron que demostrar que sabían lo que significaba ser Hijos de Israel.

Cuando Jacob compró el derecho natural de Esav, era un trato legítimo. Uno quería los granos, el otro quería el derecho natural. Con todas las de la ley. No obstante, ¿Jacob se ganó ese título o era más bien como ese hombre que compró las medallas de guerra? Generaciones más tarde, cuando sus hijos habían pasado por la “olla de fundición” que fue la esclavitud en Egipto y, aun así, con sorprendente fe y tenacidad, mantuvieron su herencia, entonces, fueron merecedores de recibir el honor del derecho natural.

Ahora, luego de la prueba de fuego, luego del sudor, la sangre y las lágrimas de la esclavitud, el gran Escribano en lo Alto, el santísimo Comisionado de los Juramentos, saca ese antiguo documento, el avejentado boleto de compraventa que había estado esperando por generaciones, adjunta Su sello y lacre a ese documento, y dice: “Ahora son merecedores del derecho. Hoy son mis hijos, mis primogénitos, Israel.”

Hay un famoso intercambio de grafitis que contienen una gran verdad. Alguien, no muy parcial para con nuestro pueblo, había garabateado, “Qué raro que Di‑s haya elegido a los judíos”. Y uno de los nuestros respondió: “De hecho, los judíos eligieron a Di‑s”.

Ser judío es, en verdad, el derecho natural de cada judío. Pero no alcanza con que Di‑s nos haya elegido, nosotros debemos elegir a Di‑s. Debemos ganarnos nuestro derecho natural sosteniendo una vida como judíos. El ser elegidos no nos da licencia para reírnos de los demás o para ser condescendientes con los demás. Es más una responsabilidad que un privilegio.

No es suficiente que nuestros padres y abuelos hayan sido buenos judíos, que mi zeide haya sido un Rab o que un shojet y mi bobe hubieran hecho los mejores blintzes. ¿Qué hacemos nosotros para ganarnos nuestras estrellas?

Es verdad, se puede vender el derecho natural a cambio de unos granos, pero no se puede comprar el derecho natural a cambio de unos granos.

POR YOSSY GOLDMAN
El rabino Yossy Goldman nació en Brooklyn, New York en el seno de la comunidad de Jabad. En 1976 fue enviado por el Rebe de Lubavitch para servir como Shaliaj en la comunidad de Johannesburg, South Africa. Es el rabino principal de la sinagoga Sydenham Highlands North Shul desde 1986, Y presidente de la South African Rabbinical Association.