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Las Hijas de Tzelofjad Solicitan una Parte en la Tierra

El Midrash dice

Un hombre llamado Tzelofjad falleció en el desierto, dejando cinco hijas – Majlá, Joglá, Noáh, Milká, y Tirtzá. Las cinco eran rectas, inteligentes, y cultas. En el tiempo de la muerte de Aarón, después de la cual sucedieron los eventos relatados aquí, ellas tenían casi cuarenta años de edad y no estaban casadas, dado que no pudieron encontrar esposos dignos.

Cuando oyeron a Moshé explicar que Eretz Israel sería distribuida de acuerdo con el número de varones, discutieron la materia entre sí.

“El nombre de nuestro padre será olvidado,” se dijeron una a la otra, “porque ningún heredero varón recibirá una porción en Eretz Israel asociada con su nombre. Dado que nosotras no tenemos hermanos, reclamemos la porción de nuestro padre en la Tierra, de tal modo su nombre será perpetuado.”

Las hijas de Tzelafjad eran descendientes de Majir, una familia de la Tribu de Menashé que había pedido permiso a Moshé para asentarse en el lado oriental del Jordán. Así ellas sabían que podrían obtener territorio fácilmente en aquel lado, dado que la tierra allí no era distribuida por la suerte Divina sino por Moshé personalmente. No obstante, amaban Eretz Israel, no estaban satisfechos con una porción en el lado oriental del Jordán, sino que decidieron pedir una parte apropiada en Eretz Israel.

Ellas se aproximaron a los jueces designados sobre cada diez personas y presentaron su petición. Dado que ésta era una cuestión legal sin precedentes, los jueces no pudieron decidirla. Ellos remitieron a las hijas de Tzelofjad a los jueces designados sobre cincuenta.

“Nosotros dejamos la decisión a más grandes,” dijeron también estas más altas autoridades. Las hijas de Tzelofjad entonces abordaron a los jueces designados sobre cien, pero de allí fueron enviadas a los jueces de mil. Ningún juez se sintió competente para decidir la materia, hasta que finalmente las hijas de Tzelofjad fueron referidas a Moshé mismo.

Las hijas de Tzelofjad esperaron en presentar su caso hasta que Moshé comenzó a explicar las leyes de ibúm (matrimonio de levirato) en el Beit Hamidrash. En aquel punto ellas entraron y dirigieron la palabra a Moshé, Elazar (quien oficiaba después de la muerte de su padre Aarón), y los Ancianos.

A pesar de ser renuentes a presentarse en público, las hijas de Tzelofjad vencieron su natural modestia porque su cuestión era fundamental. Ellas la presentaron en un estilo culto.

La hija mayor comenzó, “Nuestro padre falleció en el desierto (y no en Egipto. Dado que él pertenece a la generación que abandonó Egipto, él tiene derecho a una porción en Eretz Israel).”

La segunda hija continuó, “El no estuvo entre los querelladores o la malvada congregación de Koraj (quienes perdieron el derecho a sus partes en la Tierra).”

La tercera resumió, “El no indujo a otros a pecar, (lo cual le causaría perder su porción), sino murió a causa de su propio pecado.”

La cuarta hija concluyó, “¿Por qué debería el nombre de nuestro padre ser olvidado de la familia porque él no dejó ningún hijo? ¡Permitidnos a nosotras, sus hijas, heredar todas las porciones que le eran debidas a él!”

Replicó Moshé, “Vosotras no tenéis derecho a la herencia de vuestro padre.”

“¿Por qué?” ellas inquirieron.

“Porque las mujeres no son consideradas herederos de acuerdo con la ley de la Torá,” declaró Moshé.

Las hijas de Tzelofjad entonces argumentaron, “Si muchachas no son consideradas herederos, nuestra madre debe volver a casar a uno de los hermanos de nuestro padre de acuerdo con las leyes de ibúm. Quizá ella tendrá entonces un hijo quien heredará la porción de nuestro padre.”

“Una vez que hay hijas,” replicó Moshé, “ibúm no se aplica. Ella no puede casar a uno de los hermanos de vuestro padre.”

“¿Qué razonamiento es éste, Moshé Rabeinu?” preguntaron estas cultas mujeres. “Si nuestro estatus es igual a hijos en cuanto concierne a ibúm, ¿no debería la misma regla aplicarse en relación a la herencia de la Tierra?”

Inmediatamente, Moshé se volvió para preguntar a Hashem para confirmar el reclamo de las hijas de Tzelofjad.

¿Por qué no reconoció Moshé la verdad de su argumento, prefiriendo esperar la decisión de Hashem?

Hay varias opiniones:

1. La ley de la Torá en esta materia fue ocultada de Moshé.

Dos tzadikím se alabaron a sí mismos de que ellos eran bien versados en Torá y Di-s les causó olvidar una ley.

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□ El Rey David proclamó, “Tus leyes eran mis cantos en la casa donde yo era un extraño” (Tehilím 119:54). David implicaba que aún mientras él estaba en huida y en exilio, la Torá estaba constantemente sobre sus labios. A pesar de que en aquellos penosos tiempos él no podía concentrarse tan profundamente como cuando estaba en paz, incesantemente repetía las palabras de la Torá como quien lleva un canto sobre sus labios. Dijo Hashem, “¡David, no compares la Torá a un canto, alabándote tú mismo de que sus palabras son tan familiares para ti como un canto! Tú errarás todavía concerniente a una ley conocida incluso por niños pequeños.”

Cuando David trajo el arón (arca) a Ierushalaim, no se lo cargó sobre los hombros de sus portadores, sino él ordenó que fuera colocado sobre una carreta. Hashem se enojó y causó a los bueyes que empujaban la carreta temblar. Un hombre llamado Uzá, quien estaba parado muy cerca, pensó que el arón estaba a punto de caer y lo tomó. Di-s mató a Uzza por este acto (porque él debía haber entendido que el arón que transporta a sus portadores, ciertamente se transporta a sí mismo). David se dio cuenta tristemente que esta tragedia había sido causada por su error, porque él había errado en colocar el arón sobre una carreta. El sólo puede ser cargado sobre los hombros de los portadores.

□ Cuando Moshé designó jueces sobre el pueblo, él anunció, “Cualquier materia que es demasiado difícil para vosotros, traedla ante mí” (Devarím 1:17). El debería haber dicho, “En cualquier materia difícil, yo inquiriré sobre la ley a la Shejiná.”

Consecuentemente, Hashem ocultó de él una halajá la cual aún las mujeres sabían.

2. De acuerdo con un parecer diferente, Moshé sabía la correcta decisión halájica. No obstante, cuando él escuchó que los jueces sobre diez habían diferido el caso a una autoridad más alta, y todo Beit Din de turno se había abstenido de pronunciar una decisión, Moshé pensó, “Permitidme actuar de la misma manera. Hay Uno más grande que yo. Permitidme preguntarle a El.”

Moshé con eso enseñó a los jueces de todas las generaciones venideras a no vacilar para consultar a una más grande autoridad si es necesario.

De acuerdo con este parecer, Moshé conscientemente corrigió su previa declaración presuntuosa de que él decidiría materias difíciles por sí mismo. Su teshuvá (arrepentimiento) consistió en presentar públicamente su pregunta a Hashem.

3. Moshé sabía que las hijas heredan las posesiones de su padre si no hay descendencia masculina. No obstante, él estaba inseguro acerca de si Tzelofjad, quien era un primogénito, tenía derecho a una doble porción en este caso. La ley de la porción doble podría no aplicarse aquí, dado que Eretz Israel no estaba todavía en la posesión de Benei Israel.

4. De acuerdo con el Zohar Moshé no estaba seguro acerca de si el pecado de Tzelofjad, (el mekoshesh) había sido completamente perdonado en el Cielo. El pensó que Hashem podría no querer conceder a las hijas de este hombre una porción en la Tierra. La réplica positiva del Todopoderoso indicó que el pecado de Tzelofjad había sido expiado.

Hashem replicó a la pregunta de Moshé, “Las hijas de Tzelofjad argumentaron correctamente. Esta fue la ley apuntada ante Mí en lo Alto.

“Ellas recibirán una doble porción:

a) La propia porción de Tzelofjad.

b) Una doble porción en la propiedad de su padre Jefer. Como un primogénito, Tzelofjad hereda una doble porción.”

Hashem ordenó a Moshé enseñar a Benei Israel las leyes de herencia las cuales él había oído de Hashem en Har Sinai. Las leyes básicas de herencia de la Torá son:

□ Los hijos del difunto se dividen igualmente sus posesiones; no obstante, el primogénito recibe una porción doble.

□ Si hay herederos varones, una hija no tiene derecho a una parte. No obstante, si no hay hijos, las hijas heredan las posesiones del padre.

□ Si no hay hijos vivos, pero ellos dejaron descendientes, los descendientes heredan en el mismo modo como arriba, por ejemplo si hay descendientes varones y mujeres, los varones heredan las posesiones de su antepasado.

□ Después de eso, el más cercano de parentesco, primero los ancestros paternos, luego hermanos paternos y así sucesivamente, tienen el siguiente derecho a la herencia.

Hashem ordenó a Moshé que él debería aconsejar a las hijas de Tzelofjad tomar maridos de su propia Tribu, la Tribu de Iosef. Eventualmente, todas ellas encontraron dignos maridos, se casaron, y tuvieron hijos.

Usualmente, una mujer que no dio a luz antes de la edad de cuarenta no puede tener hijos después de eso. Hashem realizó un milagro para estas tzidkaniot, y ellas fueron todas bendecidas con hijos.

¿Por qué no encontraron las hijas de Tzelofjad sus compañeros destinados a una edad temprana?

Hashem temía que Moshé, poco antes de su muerte, podría ser incitado por su ietzer hará (mal instinto) para vanagloriarse sobre su alto nivel de kedushá (santidad), porque él había vivido separado de su esposa por tantos años.

Hashem por consiguiente trajo ante Moshé a estas cinco mujeres quienes no estaban todavía casadas después de cuarenta años pues ellas deseaban esposos dignos. Cuando Moshé se enteró de su mesirut nefesh, tuvo que admitirse a sí mismo que él no tenía motivo para la arrogancia. El se había separado de su esposa por decreto Divino, mientras que estas muchachas habían voluntariamente escogido vivir solas antes que bajar sus estándares espirituales.

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