Las encrucijadas de nuestras vidas

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Shlaj (Números 13-15)

Jorge y su esposa, Karen, enfrentaban una crisis. Dos años antes se habían mudado de ciudad gracias a un ascenso laboral de Jorge. Pero ahora se daban cuenta que habían cometido un error colosal y trágico. No por el trabajo de Jorge, que era un gran éxito. El problema eran Karen y los niños.

Ellos sabían que la mayor desventaja de la nueva ciudad era la carencia de educación y círculos sociales judíos. Allí no había escuelas judías ni sinagoga, pero creyeron que podrían soportar los cuatro años que duraba el contrato de Jorge.

¡Pero ahora los niños les dijeron que ya no deseaban ser judíos! Esto ocurrió apenas dos años después de estar lejos de otros niños judíos. ¿Qué pasaría después de otros dos años en la misma ciudad? Esto se sumaba a la ermitaña vida social de Karen y Jorge, que habían dejado su grupo de amigos judíos en la ciudad anterior.

Jorge y Karen se preguntaban: “¿Qué piensa Dios de nosotros ahora?”. Dos años antes enfrentaron el desafío de aceptar o no la oferta laboral, y ahora estaban seguros de haber fallado en esa prueba. ¿Cómo los trataría Dios ahora, después de haber arruinado Su plan maestro para sus vidas al cometer un error tan terrible?

La respuesta está en Shlaj, la parashá semanal:

“Envía PARA TI hombres, y que exploren la tierra de Canaán que les doy a los Hijos de Israel” (Bamidbar 13:2).

Rashi comenta: “Para ti, de acuerdo con tu propio juicio. Yo (Dios) no te ordeno que lo hagas. Si quieres, puedes enviarlos”.

Dios aceptó el pedido del pueblo judío de enviar espías, pero sin ningún entusiasmo:

“Les dije que la Tierra de Israel era buena (pero ellos no confiaron en Mí)” (Rashi 13:2).

A Dios no le agradó que el pueblo judío deseara enviar espías para verificar que la Tierra de Israel era conquistable y que, efectivamente, mana leche y miel. Pero lo permitió. La falta de entusiasmo de Dios respecto a enviar espías presagió los eventos de la parashá, que describe cómo la misión de los espías junto a la reacción del pueblo a su informe, causó la eventual muerte de toda la generación y que debieran permanecer 40 años en el desierto.

Esto despierta muchas preguntas. Primero y principal, si Dios dejó entrever su descontento con la idea de enviar espías y Moshé entendió que era así, ¿por qué Moshé lo permitió? Incluso vemos (en Devarim 1:26) que Moshé estuvo contento con la idea. ¿Cómo pudo Moshé enviar espías si sabía que Dios sólo lo permitió en términos de shelaj lejá – envía para ti mismo, Yo no te lo ordeno? Una cosa es ignorar a tu madre o a tu padre cuando te dicen “no creo que sea una buena idea, pero si quieres, hazlo”… ¡Pero ignorar un consejo de Dios es completamente diferente!

Segundo: ¿Por qué Dios puso una trampa para que el pueblo judío tropezara? Si Él sabía que enviar espías llevaría al desastre, ¿por qué no protegió a Su nación?

Finalmente, parece injusto que Dios sea tan exacto con Sus palabras: Envía PARA TI, para distanciarse de la orden. Después de todo, Dios es quien le dijo a Moshé que envíe espías. Es una orden. ¿Cuál es el mensaje más profundo de PARA TI si, al final de cuentas, sigue siendo una orden?

La respuesta nos enseña un principio fundamental de la filosofía y la vida judías. Dios se relaciona con nosotros desde nuestro lugar, no desde el de Él. Enviar a los espías no iba a causar automáticamente la caída del pueblo judío. En base a las circunstancias del pueblo en ese momento, era el curso correcto de acción.

Dios estaba diciendo: “No les hubiera sugerido que enviaran espías para investigar el estatus de la tierra. Esperaba que confiaran en Mí y en consecuencia que conquistaran y poblaran la tierra sin haberla visto antes. Este es exactamente el tipo de confianza que demostraron en el pasado, en el Monte Sinaí (ver Dios sabe mejor). No deberían haber precisado los espías. Pero una vez que eligieron esa ruta, DEBÍAN enviarlos. Era apropiado que los enviaran, porque descendieron de su nivel espiritual y del nivel de su confianza en Mí. De hecho, si no envían ahora espías, sino que creen que pueden apoyarse en la confianza en Mí, no tendrán éxito”.

Es cierto que una persona muy santa y recta, que confía en Dios, puede simplemente rezar y pedir por su sustento físico y jamás tendrá que trabajar para conseguirlo. El dinero le llegará de alguna manera cuando lo necesite. Pero para quienes no estamos en este supremo nivel (¡el 99,9999% de las personas!), no sólo sería tonto solamente confiar en Dios para nuestro sustento, sino que también sería una trasgresión. Debemos esforzarnos para lograr los resultados, incluso para ganarnos el pan.

De la misma forma, el pueblo judío se puso en una posición en donde el único curso de acción aceptable era enviar a los espías. Ellos manifestaron una carencia en su confianza en Dios, por lo que debieron seguir el curso normal de los acontecimientos y luchar una guerra para poder conquistar la tierra, para lo que era necesario enviar espías. Al decir: PARA TI, Dios no les estaba aconsejando no enviar espías, sino que expresó su desilusión porque el pueblo judío no logró elevarse al nivel de confianza absoluta en Dios.

Dios se relaciona con nosotros en el lugar en que nos encontramos, no desde donde Él está. ¿Acaso Dios deseaba que los judíos enviaran espías? No. ¿Cometieron los judíos un error fatal al descender al nivel de tener que enviarlos? Sí. Pero Dios no reaccionó ante el error de los judíos con abandono y desprecio, sino que les entregó una nueva tarea y otra misión. Ahora debían enfrentar el peligro y el desafío del informe de los espías, y actuar de acuerdo con eso. (Desafortunadamente también fallaron en esta prueba).

Siempre que usamos nuestro libre albedrío para tomar una decisión en contra del plan y el deseo original de Dios, Él no nos abandona, no nos deja atravesar a tientas las dificultades de la vida. En cambio, Él responde con una lista nueva de desafíos y pruebas que debemos superar.

Esto no significa que no seamos responsables por nuestras elecciones y acciones. Dios nos juzga y registra todos nuestros fracasos. Esto, por supuesto, lleva a consecuencias y castigos. Pero incluso si elegimos un camino equivocado, Dios continúa a nuestro lado.

Nosotros establecemos el terreno de juego para nuestra vida y esperamos que esté alineado con lo que Dios desea. Pero si no lo está, Dios se presenta en este nuevo estadio que construimos para nosotros mismos y escribe un nuevo plan. Quizás ahora Él tenga expectativas muy diferentes a las que tenía antes, pero siguen siendo grandes expectativas.

Volvamos ahora a la decisión de Jorge y Karen. Al parecer eligieron mal. Pero Dios se relaciona con ellos de la misma manera, a pesar de que arruinaron el plan maestro para sus vidas y cometieron un terrible error. Dios responde a la situación con flexibilidad, baja Sus expectativas y el rango de decisiones que podrán tomar. En el lugar donde vivían en un comienzo los desafíos de Jorge y Karen hubieran incluido el hecho de rezar en la sinagoga e inscribir a sus niños en una escuela de Torá. En la nueva ciudad el desafío es estudiar Torá a diario con sus hijos y dialogar con ellos sobre temas de judaísmo. (Es posible que también deban pensar en volver a mudarse).

Dios dejó nuestro destino en manos de nuestro libre albedrío. Si bien en ocasiones puede entrometerse para dirigirnos con Su providencia, no es habitual que lo haga.

Pero no te preocupes, porque más alla de lo que ocurra y lo que decidamos, Dios siempre está con nosotros.


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