Se dice que la ciencia describe el proceso mediante el cual surge algo, mientras que la Torá describe el por qué de la existencia de ese algo. En otras palabras, el Rebe Najman de Breslev dice que la ciencia describe el exterior de un fenómeno, al tiempo que la Torá describe el interior. ¿Qué dice la Torá sobre la risa?

El Talmud (Shabat 30b) registra que el gran Sabio Rabbá siempre comenzaba sus conferencias con un comentario humorístico. Esto mejoraba la atención de sus estudiantes. Según el Baal Shem Tov, el humor es esa cosa que guía la mente de una persona desde un lugar de conciencia estrecha a un lugar de conciencia expandida.

Una persona ubicada en un lugar de conciencia expandida ve la totalidad de la creación ante sí. Ve la presencia de Di-s y la bondad actuando sobre todo. Y se da cuenta de que todo, absolutamente todo lo que ocurre, es una expresión del amor de Hashem por nosotros, independientemente de que lo entendamos así en ese momento. La conciencia estrecha es, por supuesto, lo opuesto: el comprensible impulso de tomar las cosas demasiado literalmente, creyendo que no son parte de algo más grande. Y es así que la grandeza del humor está en su sorprendente habilidad para levantarlo a uno de la depresión para llevarlo donde lo invisible, el constante amor y la bondad de Di-s, se vuelven palpables y reales.

El Humor y la Risa, grandes como son en sí mismos, son, en realidad, subcategorías de un tema más amplio: la Alegría. Una de las cosas sorprendentes que aprendí cuando comencé a estudiar la Torá fue el enfoque central que nuestra religión pone en la felicidad. Tal como lo explicó una vez el Rebe Najman, la gente se pone triste porque nada le va bien, pero no se da cuenta de que nada le va bien ¡porque están tristes! En el versículo: “Porque con alegría saldréis” (Isaías 55:12), el Rebe de Kotz explica: “La belleza de la Alegría es que tiene el poder de separar al hombre de todo tipo de problemas.”

Alegría significa estar en contacto con el panorama más amplio, o como dijimos antes, estar en un estado de conciencia expandida. La Revolución Jasídica que tuvo lugar en el pensamiento judío hizo lo correcto cuando colocó la Alegría en su lugar de privilegio entre los valores judaicos. Es muy importante comprender esto. Somos muchos los que pensamos que la Torá es esencialmente una disciplina intelectual, cuando también tiene un componente emocional vital.

Si el humor es el vehículo que nos transporta desde un lugar de conciencia estrecha a un lugar de conciencia expandida, entonces la risa es nuestra reacción a ese proceso que nos deja aturdidos.

Desde la perspectiva de la comedia la manera más segura de lograr la risa es la yuxtaposición de lo esperado con lo inesperado. Así, cuando estamos convencidos de que el mundo es de una manera y ocurre todo lo contrario, algo que nos pone en contacto con cuán grande y maravilloso es el mundo, el resultado es la risa.

Con esto en mente, una de las cosas que nos asombran en la Torá es el hecho de que el nombre de nuestro santo patriarca Itzjak, que representa el atributo espiritual de guevurá, es decir, de la severidad, signifique «risa». Ustedes podrían preguntarse qué tiene que ver la severidad/guevurá con la risa, ya que parecen ser absolutos opuestos. Hay gran profundidad en la reconciliación de estos opuestos absolutos. Sara era una mujer de noventa años, sin hijos. ¿Qué es lo último que una mujer así esperaba tener? ¡Un bebé! ¿Y qué es lo que nuestra santa matriarca Sara tiene? ¡Un bebé! ¡Propiamente una risa! De este modo Itzjak se convierte en la personificación de lo inesperado. Esa es la explicación desde el punto de vista de la comedia. En un nivel aún más profundo Itzjak viene a representar la resistencia final que se necesita para no abandonar nuestros sueños. Y en este sentido se convierte en el depositario espiritual de los deseos más obstinados de Sara y de Abraham. Y esto es guevurá o la severidad propiamente dicha.

El Salmo 126 dice que en la era mesiánica “nuestras bocas se llenarán de risa.”

¿Por qué? Porque la risa, en su expresión más elevada y más santa, es nuestra reacción a la comprensión de que el mundo es mucho más grande, más profundo y más hermoso de lo que jamás hubiéramos creído. Cuando aceptemos esto, habrá una sola respuesta: la risa.

La risa representada por Itzjak es el final feliz que nos aguarda a todos nosotros: la edad mesiánica que Hashem, en su bondad, nos ha prometido. Los cabalistas dicen que cuando este día llegue, deseamos que sea pronto, Di-s nos concederá los ojos para ver que, en realidad, nunca dejamos el Jardín del Edén.

Hasta entonces la pregunta es hasta qué punto creemos en la bondad de Di-s. Si nosotros sabemos que Él es bueno, jamás podemos abandonar la esperanza de que un cambio para mejor nos está esperando a la vuelta de la esquina, por más sombrías que sean las circunstancias. El Salmo 121 dice: “Alzo mis ojos a las montañas. ¿De dónde vendrá mi ayuda” Una explicación fascinante del Gaon de Vilna toma la palabra “m’aiin” y la interpreta «desde la nada». La línea entonces se lee “Alzo los ojos a las montañas, desde la nada vendrá mi ayuda.

En otras palabras, la salvación de Di-s puede llegar desde cualquier lugar en un instante.

Una vez que entendamos este secreto, estamos ante la máxima broma.

Que todo es bueno y que siempre fue bueno.


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