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La Mitzvá de Separar Ciudades para los Leviím para Servir como Ciudades de Refugio

El Midrash dice

El Midrash Dice

La Tribu de Leví no recibió territorio en Eretz Israel como recibieron las otras Tribus. Antes que volverse granjeros, los leviím sirvieron en el Beit Hamikdash y se dedicaron al estudio de Torá.

Hashem ordenó que los leviím residieran en cuarenta y ocho ciudades por todo Eretz Israel.

Cada ciudad Levita estaba rodeada por un área de tres mil amor (aprox. 1500 metros) en cada dirección, de la cual el millar más interno servía como un área abierta, mientras en los dos millares más externos ellos plantaron jardines y viñedos.

Hashem ordenó que de las cuarenta y ocho ciudades Levitas seis fueran separadas oficialmente como Ciudades de Refugio para asesinos accidentales, tres en Eretz Israel y tres sobre el lado oriental del Jordán. Las otras cuarenta y dos ciudades Levitas también servían como Ciudades de Refugio, pero había dos diferencias básicas entre ellas y las seis designadas Ciudades de Refugio:

  1. Las seis refugiaban a un asesino accidental del goel hadam (Redentor de Sangre); (ver sección concerniente a Leyes de Ciudades de Refugio) aún si él era ignorante de que había entrado a ellas. Las otras ciudades Levitas protegían al asesino accidental sólo si él era consciente de que estaba dentro de ellas.

  2. En las seis ciudades designadas, el asesino podía vivir libre de arrendamiento. En las otras ciudades, tenía que pagar renta a los leviím.

¿Por qué Hashem escogió las ciudades Levitas para servir como Ciudades de Refugio?

  1. Usualmente amigos y parientes de alguien que fue asesinado, aún por accidente, sentirían resentimiento contra el asesino y rechazarían su compañía. Los leviím, sin embargo, subordinaban sus sentimientos totalmente a la Voluntad de Hashem. Aún si alguien había matado a uno de sus amigos íntimos o parientes, ellos no lo odiarían o rechazarían. Si él se asentaba en su medio, ellos lo aceptarían en su sociedad.

  2. Vivir en una atmósfera elevada de kedushá común a una ciudad de los leviím era de beneficio espiritual para el asesino. Hashem ideó su estadía allí para ayudarlo a arrepentirse de su pecado y expiar por él.

La Severidad del Pecado de Derramamiento de Sangre

Quien mata a una persona es considerado como si destruyera un mundo entero.

Si una vida humana es tomada, la sangre de la víctima no puede descansar. Ella permanece agitada hasta que es vengada, levantando un grito que reverbera por todo el universo.

Después de que Cain asesinó a su hermano Hevel, Hashem le reprochó, “Vos habéis derramado no solamente su sangre, sino aquella de generaciones venideras. La sangre de sus hijos no nacidos hasta el fin de todas las generaciones clama a Mí.”

Influenciado por su malvada esposa Izevel, el Rey Ajav hizo asesinar a un hombre llamado Navot, pues el rey codiciaba el viñedo de éste.

Tres años más tarde, el confederado y pariente político de Ajav, Iehoshafat Rey de Iehudá, lo visitó. Ajav preguntó a Iehoshafat si él lo asistiría en una guerra contra el rey de Aram, quien había capturado una ciudad limítrofe judía que Ajav deseaba recuperar. Iehoshafat accedió a unir fuerzas con él siempre que averiguara cuál era la Palabra de Hashem concerniente a la guerra.

Cuatrocientos profetas de Baal rodearon a Ajav, y él les preguntó, “¿Ataco Ramot Guilad o no?” Fingiendo hablar en Nombre de Hashem, estos falsos profetas unánimamente proclamaron, “Levantaos, porque Di-s la entregará en las manos del rey.”

El Rey Iehoshafat, sin embargo, se dio cuenta de que su profecía no podía haber sido Divina, porque todos ellos la transmitieron en las mismas palabras. Di-s se dirige a cada profeta en una manera diferente. El mensaje de un verdadero profeta es único en estilo y expresión.

“¿No quedó profeta de Hashem aquí?” preguntó Iehoshafat. (El se estaba refiriendo a la masacre de los profetas de Hashem por la Reina Izevel.)

“Hay un hombre, Mijaihu ben Imlá,” replicó Ajau, “quien habla en Nombre de Hashem. Yo lo odio, sin embargo. Nunca predice buenas nuevas concernientes a mí, sólo mal.”

“¡No digáis eso!” replicó Iehoshafat. “El meramente transmite lo que Hashem le revela.”

Ajav ordenó que Mijaihu fuera convocado.

Entretanto, mientras los dos reyes estaban sentados en sus tronos a las puertas de Shomrón, los profetas de Baal se apiñaron alrededor de ellos, prediciéndoles suerte y éxito. Uno de ellos, Tzidkiahu ben Kenaaná, hizo cuernos de hierro y profetizó, “Así dice Hashem, “Con estos vos cornearéis Aram hasta la destrucción.'”

Cuando el mensajero de Ajav arribó a la casa de Mijaihu, él dijo, “El rey os ordena venir y dejarle saber vuestra profecía concerniente a la guerra contra Aram. Dejádme advertíros que todos los otros profetas han predicho éxito; ¡no arruinéis todo con malos augurios!”

Mijaihu replicó, “Yo juro que hablaré sólo lo que Hashem me diga.”

Mijaihu se presentó ante los reyes, y Ajav le preguntó, “¿Vamos nosotros a Ramot Guilad para guerrear o no?”

Mijaihu replicó sin mencionar el Nombre de Hashem, “Levantáos y (podáis vos) tened éxito.”

Ajav se dio cuenta de que ésta era la bendición personal de Mijaihu pero no una profecía. El le imploró revelarle la verdad en el Nombre de Hashem. Mijaihu entonces profetizó, “Yo previ a todos los judíos diseminados sobre las colinas como ovejas sin pastor. Hashem dijo, “Estos no tienen señor (porque vos, Ajav, caeréis en guerra). Pero el pueblo retornará a casa en paz.”‘

Ajav se volvió a Iehoshafat. “¿No os dije que este hombre me odia y por consiguiente siempre inventa predicciones sombrías concernientes a mí?” comentó.

“Dada que vos me sospecháis de contar una mentira,” resumió Mijaihu, “Yo revelaré mi completa visión, para que podáis reconocer su verdad”.

“Yo vi a Hashem sentado sobre Su Trono Celestial. A un lado estaban parados los ángeles acusadores; al otro lado, los ángeles defensores.

“El Todopoderoso inquirió, “¿Quién persuadirá a Ajav para ir a guerrear en Ramot Guilad y caer?’

“Un debate estalló entre las huestes Celestiales. (Los pecados de Ajav fueron pesados contra sus méritos. El era culpable de adoración de ídolos y otros pecados. No obstante su destino se sostenía en equilibrio.)

“Entonces el espíritu del asesinado Navot se levantó ante el Trono de Hashem.

“El dijo, “Yo convenceré a Ajav de ir a la guerra.’

“Hashem le preguntó, “¿Cómo?’

“El replicó, “Yo iré y seré un espíritu de falsedad en las bocas de todos los profetas de Ajav.’

“Hashem decidió, “Tú lo convencerás y prevalecerás. ¡Sal y ház así!'”

La explicación de la visión de Mijaihu fue que con la demanda de venganza del espíritu de Navot por el derramamiento de su sangre Navot selló la sentencia de muerte de Ajav.

Mijaihu concluyó, “Ahora ved que todos los otros profetas están mintiendo. Hashem decretó el mal concerniente a vos. (En otras palabras: no vayáis a combatir, sino arrepentios.)”

El falso profeta Tzidkiahu ben Kenaaná dio un paso al frente y golpeó a Mijaihu tan fuertemente sobre la mejilla, que derramó una gota de la sangre del tzadik. Aquella gota expió por toda la judería de la época, para que ninguno de ellos cayera en la batalla contra Aram.

El Rey Ajav ordenó, “Poned a Mijaihu en prisión y dadle sólo un mínimo de pan y agua hasta que yo retorne en paz.”

“Si vos retornáis en paz, Hashem no ha hablado a través de mí,” dijo Mijaihu, mientras los guardias lo conducían fuera.

Temeroso después de oir las palabras de Mijaihu, Ajav dijo a Iehoshafat, “Yo pelearé vestido como un soldado ordinario antes que en mis túnicas reales. Vos, sin embargo, podéis vestir vuestras túnicas reales.”

Los ejércitos de los dos reyes judíos se alistaron para batallar contra Aram. El rey de Aram había ordenado a todas sus tropas, “apuntad solo al rey de Israel.”

Primero los soldados enemigos confundieron a Iehoshafat con el rey de Israel. Viendo una hueste de flechas zumbando ante él,

Iehoshafat clamó a Hashem. El enemigo pronto se dio cuenta que él no era el rey de Israel, y cesó de dispararle.

Ajav no fue reconocido por el enemigo. No obstante cuando Di-s lo decreta, “los pies de un hombre lo llevan a su propia muerte.” Un arquero enemigo disparó una flecha al azar, y ella atravesó la armadura de Ajav, y lo hirió fatalmente. A pesar de que Ajav sintió su sangre derramándose con abundancia hacia abajo, heroicamente permaneció erecto en su carroza hasta que la batalla terminó. A pesar de que estaba sangrando lentamente a morir, no ordenó a su conductor llevarlo a casa para no desmoralizar al ejército.

Como Mijaihu había profetizado, ningún otro judío cayó en batalla. Ajav solo murió aquella noche.

Estos eventos ilustran cuan severamente el crimen de derramar sangre humana es considerado por Di-s.

Tan serio es el pecado de derramamiento de sangre que demanda duro castigo aún si es cometido accidentalmente. Nadie es lastimado por otro por accidente o a causa de “mala suerte.” Todos los infortunios son causados providencialmente por Di-s a través de agentes específicos por razones conocidas por El solo. Usualmente la tragedia expía la previa culpa de la víctima y, además, indica que el perpetrador es responsable por una acción similar, como es ilustrado en la Guemará (Makot 10b):

¿Cómo castiga Di-s a dos asesinos, uno de los cuales actuó deliberadamente, mientras el otro lo hizo inadvertidamente, y el acto de ninguno de los dos fue observado por testigos?

El Todopoderoso causa a los dos delincuentes cruzar senderos. Descendiendo de una escalera, el asesino inadvertido cae sobre el asesino deliberado, quien está pasando debajo de la escalera en aquel preciso momento. El asesino deliberado es matado, recibiendo así la pena debida por su previo crimen, mientras el asesino inadvertido también recibe su merecido castigo: testigos testifican contra él, y el Beit Din (Tribunal judío) lo sentencia a exilio en una Ciudad de Refugio.

Si el asesino no actuó deliberadamente, él no es castigado con muerte, sino más bien con exilio en una Ciudad de Refugio. Partiendo de los alrededores familiares de uno y mudándose a un lugar extraño es un sabor anticipado de la muerte, en esencia una pena de muerte mitigada.

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