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La misión del padre Desbois: revelar los crímenes ocultos del Holocausto

Es posible que el padre Patrick Desbois, un sacerdote francés, sea el mejor detective de todos los tiempos. En casi una década de trabajo descubrió el asesinato de aproximadamente un millón y medio de judíos en Europa Oriental durante la Segunda Guerra Mundial. En su libro, In Broad Daylight (A plena luz del día), registra con exhaustivos detalles los asesinatos masivos de judíos en Europa Oriental.

Si bien las ejecuciones masivas de judíos en países tales como Polonia, Francia y Alemania en los campos de concentración y exterminio están bien documentadas, en los países orientales como Rusia, Ucrania, Bielorrusia y otras naciones vecinas, los nazis usaron un método diferente para asesinar judíos. En esas regiones más de un millón y medio de judíos fueron asesinados por unidades militares nazis móviles llamadas Einsatzgruppen. Los judíos eran llevados a los campos o bosques, les disparaban y los enterraban. Sus tumbas masivas quedaban sin marcar y eran olvidadas. El padre Desbois llama a estas masacres “El holocausto de las balas”. Él transformó la búsqueda para descubrir estos crímenes en su misión de vida, caso por caso, y revelar al mundo lo que ocurrió.

El abuelo del padre Desbois fue prisionero de guerra en Ucrania en un pueblo llamado Rawa-Ruska, aunque casi no habló con su nieto sobre lo que vio allí. Una visita a Polonia y Ucrania hizo que el Holocausto se volviera más real y al regresar a Francia el padre Desbois comenzó a estudiar hebreo e historia judía. Él quiso ver por sí mismo qué había pasado con los judíos cerca del campo nazi en Rawa-Ruska.

Le llevó años de visitas a Rawa-Ruska hasta que finalmente descubrió por lo menos una parte de la verdad. Al comienzo, el padre Desbois fue rechazado. El alcalde del pueblo se negó a hablar y tampoco los habitantes del lugar cooperaron. Al investigar la historia del pueblo, el padre Desbois descubrió que durante el Holocausto desparecieron del lugar 10.000 judíos. Estaba pasmado. Incluso el asesinato de una sola persona en ese pequeño pueblo hubiera sido un gran evento. El padre Desbois no podía entender cómo el asesinato de 10.000 personas había pasado inadvertido, y nadie parecía recordarlo.

Comenzó a buscar sobrevivientes del campo de prisioneros de Rawa-Ruska que estuvieron allí con su abuelo. Finalmente encontró a uno, Rene Chevalier, un sobrino del famoso cantante francés Maurice Chevalier. Él aceptó encontrarse con el padre Desbois. “¿Alguna vez vio que asesinaran judíos?”, le preguntó el padre Desbois.

Los ojos de Chevalier se nublaron. “Él comenzó a hablar con la voz llena de emoción contenida, y la mirada fija en la distancia”, cuenta el padre Desbois. “Había sido testigo de la requisa de mujeres judías para efectuar la cosecha cuando no había más animales para empujar las carretas cargadas de heno. Ellas llegaron en la mañana con sus hijos a cuestas. El alemán que estaba a cargo no soportaba sus llantos y cuando se irritaba demasiado, agarraba a un niño y lo golpeaba contra el carro hasta matarlo. Por la tarde sólo quedaban las mujeres, los carros y el heno”.

En el año 2003 el padre Desbois regresó a Rawa-Ruska. El nuevo alcalde sabía lo que estaba buscando., Él se acercó al padre Desbois y le dijo: “Patrick, te estábamos esperando”. Él llevó al padre Desbois a un área desolada fuera del pueblo donde lo esperaban un centenar de ancianos. Ellos lo llevaron a la tumba masiva de los judíos de Rawa-Ruska, donde les habían disparado y enterrado. Uno por uno, los ancianos comenzaron a hablar, recordando el día en que los judíos fueron masacrados. Los judíos fueron llevados todos juntos fuera del pueblo, y les dispararon cerca de la tumba masiva recién cavada. Como vieron que dentro del pozo todavía había algunas personas vivas, los soldados alemanes arrojaron granadas para matar a todos. Algunos locales recordaron haber ayudado a los nazis en el “baño de sangre”.

Cuando terminó el testimonio, el padre Desbois estaba atónito. Cuando se preparaba para partir, el alcalde le dijo: “Patrick, esto es lo que pude hacer en un pueblo. Puedes hacer lo mismo en cientos de pueblos”. En ese momento el padre Desbois comprendió que esa era su misión y decidió documentar esa y otras masacres olvidadas antes de que fuera demasiado tarde.

Comenzó su investigación, visitó los sitios de las masacres y entrevistó a los habitantes locales. En el 2004, el padre Desbois fundó un grupo llamado Iajad-In Unum, una combinación de la palabra “juntos” en hebreo y en latín, para promover su labor. Los 29 miembros de Iajad-In Unum, muchos de ellos personas jóvenes que trabajan para sus doctorados, le proveen el apoyo y la compañía necesaria al sumergirse en las profundidades de la maldad humana.

El sitio de una de las masacres en Lituania. Foto por Nancy Kennedy Barnett

Esta investigación ha llevado años y miles de horas. Han entrevistado a casi 6.000 testigos de las masacres de judíos y de otras minorías en Europa Oriental. Cada investigación lleva semanas. “Cuando me sonríen y me reciben en sus hogares, yo no sé si ellos salvaron judíos o participaron en las matanzas”, dice el padre Desbois respecto a los ancianos cuyas historias documenta.

“Nos sorprendimos por la cantidad de habitantes locales que recuerdan el día en que fueron asesinados los judíos”, afirmó el padre Desbois en una entrevista exclusiva con AishLatino.com. En cada pueblo donde los judíos fueron masacrados, los niños del pueblo fueron testigos, y a veces también participantes. “Las escuelas cerraron y todos fueron a observar el asesinato masivo de los judíos de su pueblo”.

En el pequeño pueblo de Medzhybuzh —el lugar donde nació el Baal Shem Tov, el fundador del movimiento jasídico— el padre Desbois y su equipo localizaron 17 testigos. “Nos llamó la atención que hubiera tantos testigos”. Descubrieron que el día de la masacre fue como una festividad. “La matanza de los judíos fue un evento público, como un show”.

Un testigo llamado Vladimir le contó al padre Desbois que un día un policía ucraniano llegó a su escuela con una carreta con caballos. El maestro señaló a cada uno de los niños que eran mitad judíos y gritó “¡Juden! ¡Juden! ¡Juden!”. Y el policía se los llevó. Después Vladimir describió cómo él y sus amigos fueron a observar el asesinato de los judíos: “Crucé el campo de trigo para observar. Para nosotros, los niños, era algo interesante”, explicó.

Algunos testigos incluso están orgullosos de haber ayudado a los asesinos nazis.

Para muchos testigos, el asesinato de los judíos del pueblo era algo para celebrar simplemente porque era divertido, o porque les permitió apoderarse de los bienes de los judíos asesinados. El padre Desbois descubrió que existe muy poco arrepentimiento o pena por las masacres. Algunos testigos incluso están orgullosos de haber ayudado a los asesinos nazis.

En muchos casos, los habitantes del pueblo fueron obligados a observar los asesinatos nazis. En otros casos, participaron voluntariamente. Es típico el testimonio de un ucraniano llamado Andrei, que tenía 15 años cuando ayudó a las tropas nazis a masacrar a los judíos de su pueblo. Andrei insistió en lucir sus antiguas medallas soviéticas en la entrevista con el padre Desbois, y las mostró con orgullo. Andrei estuvo entre los hombres del pueblo a quienes les pidieron construir una prisión temporaria para los judíos del pueblo. Él recuerda a un anciano judío suplicándole del otro lado del alambrado de púa, diciéndole que estaba hambriento y pidiéndole pan. Andrei le cambió un poco de pan por el reloj del anciano y con absoluta calma relató el episodio al equipo del padre Desbois, al parecer sin sentir ningún remordimiento por su rol en el sufrimiento. ”Todas sus pertenencias (de los judíos) pasaron a manos de los habitantes del pueblo. La gente se apoderó de todo…”.

“Los asesinatos de los judíos en el pueblo fueron como un carnaval”, explica con tristeza el padre Desbois. “Todos querían observarlo, todos querían apoderarse de algo”.

Durante todos los años que entrevistó testigos, ninguno de ellos le pidió al padre Desbois —en su rol de líder religioso— perdón por el papel que jugaron en la masacre de los judíos.

Una anciana llamada Olga recordó que los judíos de su pueblo fueron reunidos y los llevaron para ser ejecutados el 21 o 22 de septiembre de 1943. “Nosotros no vivíamos lejos de la calle pavimentada por la que llevaron a los judíos”, recuerda Olga. “La gente dijo que era el Día del Juicio”.

Este es un sentimiento que el padre Desbois ya había escuchado: para algunos testigos el asesinato de los judíos era el cumplimiento de la doctrina cristiana. “Algunas personas pensaron que había un elemento religioso”, explica el padre Desbois. “Los judíos morían en medio de los cristianos. Ellos pensaron que se trataba de algo enviado por Dios”.

Como refutación al odio contra los judíos que descubrió y para contrarrestar el número creciente de personas que niegan el Holocausto, el padre Desbois escribió: In Broad Daylight: The Secret Procedures behind the Holocaust by Bullets, un detallado relato de la mecánica para asesinar comunidades completas de hombres, mujeres y niños judíos. El libro describe cronológicamente el proceso de cómo llegaban al pueblo, seleccionaban a los habitantes locales para ayudarlos, reunían y mataban a los judíos y luego los enterraban en tumbas masivas y borraban todas las huellas del crimen. El libro ofrece un espantoso relato del proceso que utilizaron las tropas nazis para asesinar a más de un millón y medio de judíos, y el rol que los observadores a menudo jugaron al ayudarlos.

Al enseñar sobre el Holocausto, el padre Desbois subraya que fue un crimen de escala masiva. La ideología tuvo su parte, pero el deseo de robar, violar, saquear y matar fue lo que motivó a la mayoría de las personas que él entrevistó. El año pasado el padre Desbois enseñó en la Universidad de Georgetown, en Washington y preparó a alumnos y profesores para que sean meticulosos en sus investigaciones sobre el Holocausto y, de esta forma, sean capaces de probar a la próxima generación que el Holocausto efectivamente ocurrió.

En los últimos años, el padre Desbois y su equipo realizaron muchos viajes a Irak, documentando los asesinatos masivos de ISIS y escribió un libro sobre el tema. El padre Desbois continúa su duro camino por Europa oriental, documentando más tumbas masivas y evidencias de genocidio contra judíos y otros. El padre Desbois calcula que le quedan aproximadamente otros cuatro años de trabajo, porque los testigos del Holocausto ya son ancianos y van muriendo. Esto significa que quedan sólo cuatro años para “devolver los muertos a sus familias, a la comunidad y luchar con fuerza contra quienes niegan que el Holocausto existió”.


Para más información sobre la organización del padre Patrick Desbois, Iajad – In Unum, visita https://www.yahadinunum.org/es y https://www.facebook.com/yahadinunum/

 

por Yvette Alt Miller

 

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