PARASHÁ DE LA SEMANA: SHOFTÍM
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 16:18 – 21:9
HAFTORAH: ISAÍAS 51:12 – 52:12

La Felicidad: ¿Una meta alcanzable?

¿Realmente eres feliz, o simplemente te has resignado a tu destino?

La felicidad es un estado emocional que se alcanza cuando nos encontramos en una situación ideal. Cuanto más ideal sea la situación y cuanto más tiempo hayamos soñado con esa oportunidad, más felices seremos. Por el contrario, nos entristece cuando nos vemos privados de nuestros sueños, cuando nuestras circunstancias determinan lo que debemos desear.

Tómate un momento para visualizar tu vida ideal. Me imagino que incluiría muchos de los siguientes elementos: más dinero, un hogar más bonito, más autodisciplina, viajar frecuentemente a lugares exóticos, más tiempo para pasar con tu familia, una salud mejor, una mejor asistencia médica, más dinero, una esposa más comprensiva y sensible, una vida que tenga más sentido, mejores oportunidades de trabajo para tus hijos, una mejor relación con tus padres, más dinero.

Me encantaría conocer a una persona que fuera capaz de decir sinceramente: “¿mi vida ideal? ¡La estoy viviendo! ¡No me imagino ni una sola cosa que me gustaría cambiar!”

Teniendo en cuenta todo esto, ¿es posible la felicidad verdadera? ¿Alguien puede afirmar que está viviendo una vida ideal? ¿Cómo podemos ser felices con la mediocridad?

Sí, todos tenemos momentos fugaces de verdadera felicidad cuando nos pasa algo tan maravilloso que opaca momentáneamente el resto de los aspectos negativos de nuestra vida. Pero para ser felices con la vida en sí, esa parecería ser la esfera de aquellas vidas que carecen de la habilidad de soñar e imaginar.

Como sociedad, considero que confundimos felicidad con aceptación. Alguien que acepta su vida defectuosa con una sonrisa, negándose a deprimirse y a entregarse al letargo que acompaña a este estado emocional tan a menudo, se considera una persona “feliz”.

Lo que pasa en realidad, es que esta persona se ha resignado a su destino, asumiendo que los sueños son solamente eso: sueños; pero ¿podemos definir esto precisamente como felicidad?

Muchos de los grandes pensadores y figuras trascendentes en los campos de la filosofía, la ciencia y la política, entre otros, se caracterizaron por su melancolía. ¿Podría ser posible que su aguda inteligencia y su percepción de la realidad les haya impedido que se conformasen con la imperfección?

¿Te estás preguntando por qué razón estoy comparando la felicidad con las posesiones y los logros materiales? ¿Qué hay de una búsqueda espiritual? Una vida con sentido espiritual, ¿no puede ser fuente de felicidad? Bueno, aparentemente el panorama espiritual no es tan prometedor. Au contraire. La naturaleza humana y la espiritualidad son opuestas. Para la gran mayoría de la gente, un autoanálisis revela que el esfuerzo para ser una persona espiritual/ devota es prácticamente imposible; comparable con un leopardo que intenta cambiar sus manchas.

Espiritualidad; piedad = altruismo; un total compromiso con una causa mayor; un absoluto disgusto hacia cualquier acto que sea perjudicial para las causas anteriormente mencionadas.

Podemos actuar espiritualmente y realizar hazañas sagradas, pero ¿no es todo una gran farsa? Naturaleza humana = egoísmo; el compromiso con la autosatisfacción (solo renunciará a un acto autogratificante en favor de algo que sea aún más autogratificante); no tiene ningún interés por ninguna otra causa que no sea él mismo.

(Si consideras que esta definición de la naturaleza humana es simplista o incorrecta, imprímela y muéstrasela a cualquier estudiante de psicología.)

Podemos actuar de manera espiritual y realizar hazañas sagradas, pero ¿no es todo una gran farsa? ¿A quienes estamos engañando? Más allá de cómo actuemos, nunca puede cambiar lo que somos.

Casi irracionalmente, el ser humano es considerado como lo mejor de la creación, y sin embargo, es la única criatura que posee esta naturaleza antiespiritual. El resto de las creaciones, desde el ángel más celestial hasta la lombriz más humilde, cumplen exactamente con lo que el Creador quiere de ellas; sin desear en ningún momento apartarse en lo más mínimo de su misión Divina.

¿Podemos entonces ser felices con nuestra naturaleza e identidad espiritual? Se puede sostener que esas satisfacciones solo sirven de manera peligrosa para reafirmar y legitimizar nuestra naturaleza egotistas.

¿De dónde deriva entonces la felicidad? Esto es lo que el Rabí Schneur Zalman de Liadí dice sobre el asunto (Tania, cap. 31): para lograr consolar a su corazón… déjalo que le diga a su corazón:

Sin ninguna duda, de hecho, me encuentro completamente apartado de D-os, soy despreciable, desdeñable, etc. Pero toda esta verdad lo es solamente sobre mí, quiere decir mi cuerpo y el alma animada dentro de él. Sin embargo hay una auténtica parte de D-os dentro de mí, concretamente el alma divina y la propia chispa piadosa cubierta en ella y que la anima. Lo que sucede es que el alma divina se encuentra en el exilio (porque habita en un cuerpo demasiado modesto)…

“Haz que tu alma divina sea más preciada para ti que tu detestable cuerpo…” “Por lo tanto, me trazaré como meta y deseo principal lograr liberarla de su exilio, y conseguir que `regrese a la casa de su Padre como en su juventud´, por ejemplo, como lo era antes de instalarse en mi cuerpo, cuando estaba absolutamente centrada en la luz de D-os y unida con Él. De la misma manera, ahora podrá ser absorbida y unida con Él nuevamente, cuando me concentre en mis aspiraciones sobre la Torá y las Mitzvot.”

Este debe ser entonces el servicio a D-os de uno mismo durante toda la vida con gran alegría, la alegría del alma por haber abandonado el abominable cuerpo, y haber podido regresar, a través del estudio de la Torá y del servicio a D-os, a “la casa de su Padre como en su juventud”.

Probablemente, no haya mayor alegría que la que se siente al haber conseguido abandonar el exilio y el cautiverio.

Es cierto, el cuerpo permanece despreciable y abominable… sin embargo, deja que su alma divina sea más valiosa que el cuerpo para él. Así podrá regocijarse con la alegría del alma, sin dejar que la tristeza causada por su cuerpo interfiera o perturbe la alegría del alma.

Al fin y al cabo, la felicidad depende de cómo nos definimos a nosotros mismos, de con cuáles aspectos de nuestra personalidad nos identificamos. Si nos identificamos con nuestro cuerpo y su naturaleza, entonces nos enfrentaremos a una perspectiva auténticamente sombría. Si nos identificamos por el contrario con nuestras almas, con la chispa divina que existe dentro de cada uno de nosotros, entonces cada Mitzvá que realicemos nos proporcionará un estimulante momento de profunda felicidad. No es a pesar de nuestro cuerpo; sino por causa de él. Porque no existe ninguna alegría semejante a la que se siente al ser elevado desde las profundidades más remotas, hacia lo más alto de las alturas.

Palabras según las cuales vivir:

Deja que tu alma divina sea más valiosa para ti que tu cuerpo abominable… no dejes que la tristeza causada por tu cuerpo interfiera o perturbe la alegría del alma.

POR NAFTALI SILBERBERG

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