PARASHÁ DE LA SEMANA: SHOFTÍM
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 16:18 – 21:9
HAFTORAH: ISAÍAS 51:12 – 52:12

Kidush Hashem

Emor (Levítico 21-24)

La parashá de esta semana contiene la mitzvá de kidush Hashem, ‘santificar el Nombre de Dios’. “No profanarás mi sagrado Nombre, seré santificado ente los hijos de Israel, Yo soy Hashem” (Vaikrá 22:32).

La Mishná dice: “Todo lo que Dios creó en su mundo, lo creó para su honor, como está escrito (Yeshayahu 43:7) “Todo lo que se llama por mi nombre, por mi honor lo creé” (Pirkei Avot 6:11).

La creación tiene un solo objetivo: kavod shamáim, darle ‘honor a Dios’.

Sin embargo, el libro Mesilat Yesharim parece contradecir esta declaración. Explica que “el hombre sólo fue creado para regocijarse en Dios y derivar placer del esplendor de su presencia; porque este es… el mayor placer que existe”. No hay nada que podamos hacer por Dios. Toda la creación es una expresión de su bondad: “Olam jésed ibané”, ‘el mundo está construido con bondad’. Y la bondad suprema es el placer de forjar una relación con Él. ¿Cómo reconciliamos esta idea con “Todo lo que Dios creó en su mundo, lo creó para su honor”?

En realidad, no hay contradicción: son dos lados de la misma moneda. Obviamente, Dios no necesita que le demos honor. Al apreciar la grandeza de Dios, que es evidente en cada aspecto de la creación, disfrutamos del placer supremo de ahavat Hashem, ‘amar a Dios’. Pero Dios creó el mundo para su honor por nosotros, no por Él. Todo lo que hay en el mundo es un vehículo para que le demos honor, para que así apreciemos constantemente su grandeza y, al apegarnos a su existencia infinita, alcancemos la fuente mayor de sentido y placer.

El Rambam escribe en Séfer HaMitzvot, en la mitzvá de kidush Hashem (Mitzvá positiva 9):

Esta mitzvá requiere que difundamos la verdadera religión a las masas. Esto debe hacerse sin temor a la retribución, al punto de que incluso si un poderoso tirano intentara forzarnos a negar a Dios, tenemos prohibido obedecerle. Debemos, en cambio, someternos indudablemente a la muerte, sin siquiera permitirle pensar que hemos negado a Dios (…) Esta es la mitzvá de santificar el nombre de Dios a la que todos los judíos están obligados.

En la shemoná esré de Rosh HaShaná que describe la visión utópica que anhela el pueblo judío, rezamos: “Que toda creación sepa que Tú eres su Creador… y que todo lo que tenga hálito de vida proclame: ‘Hashem, el Dios de Israel, es Rey, y su reino se extiende por sobre todo’”. Le imploramos a Dios que le permita a toda la humanidad reconocer a Dios, para que todos puedan disfrutar el placer supremo de ahavat Hashem.

La singularidad de Abraham Avinu

La Mishná declara: “Hubo diez generaciones entre Adam y Nóaj, para mostrar la magnitud de la paciencia de Dios, pues todas esas generaciones lo hicieron enojar cada vez más, hasta que trajo sobre ellas las aguas del Diluvio. Hubo diez generaciones desde Nóaj hasta Abraham, para mostrar la magnitud de la paciencia de Dios, pues todas esas generaciones lo hicieron enojar cada vez más, hasta que vino nuestro patriarca Abraham y recibió la recompensa por todas ellas (Pirkei Avot 5:2-3).

¿Por qué sólo Abraham recibió la recompensa de todos? ¿Y Nóaj, que fue un “ish tzadik tamim”, ‘un hombre recto y perfecto’? Más aún, Shem y Éver vivieron durante ese tiempo. Tuvieron una gran Ieshivá, ¡Yaakov Avinu pasó 14 años estudiando allí! ¿Por qué fue sólo Abraham quien salvó a la humanidad?

En Hiljot Avodat Kojavim (1;2-3), el Rambam describe el espiral descendiente del mundo desde el monoteísmo hasta la idolatría, comenzando con Enosh, nieto de Abraham, quien equivocadamente honró a los sirvientes celestiales de Hashem como una forma de honrar a Hashem. Este error llevó, eventualmente, a todo el mundo a adorar dioses falsos.

El Rambam continúa luego describiendo la reversión de esta tendencia:

Dios no fue reconocido ni conocido por nadie en el mundo, con la excepción de unos pocos individuos, como Janoj, Metushélaj, Nóaj, Shem y Éver. El mundo continuó así hasta que el pilar del mundo, el patriarca Abraham, nació…

[Abraham] sabía que todo el mundo estaba equivocado. Esta equivocación era por culpa de su adoración a las estrellas e imágenes, lo cual les hizo perder la consciencia de la verdad.

Abraham tenía cuarenta años de edad cuando se concientizó de su Creador. Cuando lo reconoció y lo conoció… comenzó a decirles en voz alta a todas las personas y a informarles que hay un solo Dios en todo el mundo y que es apropiado adorarlo a Él. Salía y les decía a todas las personas, reuniéndolas en una ciudad tras otra y en un país tras otro, hasta que llegó a la tierra de Canaán, proclamando [la existencia de Dios], como está escrito (Bereshit 21:33): “Y allí proclamó en el Nombre de Hashem, Dios del Universo”. Cuando las personas se reunían a su alrededor y le preguntaban sobre sus dichos, él le explicaba a cada uno de acuerdo a su entendimiento, hasta que se alineaban en el camino de la verdad.

El Rambam explica que después de que Abraham Avinu descubrió a Dios, asumió la misión de enseñarle monoteísmo a todo el mundo. El Raavad pregunta: ¿En dónde estaban Shem y Éver? Ellos sabían la verdad, ¿por qué no protestaron contra la rampante idolatría?

El Késef Mishne responde que, por supuesto Shem y Éver eran hombres grandiosos y rectos, profetas que le enseñaban Torá a sus estudiantes en su grandiosa Ieshivá. Pero agrega que se equivocaron en un área crucial: no “llamaron en el nombre de Hashem”, les enseñaron sólo a esos estudiantes que se acercaron a ellos. No se propusieron alejar activamente a las personas de la idolatría, y acercarlas a Dios.

Ese también fue el error de Nóaj. De hecho, fue un tzadik que se perfeccionó a sí mismo y “halló gracia en los ojos de Dios”. Pero no asumió la iniciativa de enseñarle a la humanidad el camino de Hashem. Por lo tanto, sólo logró salvarse a sí mismo y a su familia inmediata.

Sólo Abraham Avinu viajó enseñándole a todo el que encontrara sobre la realidad de la existencia de Dios. Fue Abraham quien destruyó los ídolos de su padre y les dijo a sus seguidores: “¡Están equivocados! Hay sólo un Dios, quien creó a toda la humanidad. Adorar rocas y árboles no tiene sentido”. Abraham dedicó su vida al kidush Hashem, a traer la realidad de Hashem al mundo. Entonces, sólo Abraham recibió la recompensa de sus predecesores y, al hacerlo, ameritó convertirse en el padre del pueblo judío, cuya misión es asociarse con Hashem para hacer que Él sea conocido por toda la humanidad.

En la actualidad, la gran mayoría del pueblo judío no asume la misión de concientizar al mundo sobre Dios y servir como sus embajadores, porque desafortunadamente ellos no entienden su existencia y la verdad de su Torá. ¿Puede haber un jilul Hashem mayor que ese? El mensajero ha olvidado su mensaje.

Acercarnos a nuestros hermanos y hermanas perdidas involucra muchas obligaciones de la Torá. La más importante es kidush Hashem, luchar en contra de la profanación de su Nombre y llenar el doloroso vacío con el reconocimiento de Hashem y su amor eterno por su pueblo, porque ese es el objetivo con el cual Hashem creó el mundo y es también nuestro objetivo como pueblo judío.

En la actualidad hay una terrible hambruna, como dice el profeta: “Observa, los días están llegando, la palabra de Hashem, cuando enviaré hambre a toda la tierra, no un hambre de pan ni una sed de agua, sino de escuchar las palabras de Hashem (Amos 8:11). Al esforzarte para reconectar a tu compañero judío con su legado, estás ayudando a cumplir el propósito de la creación.

 

 

 

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