La parashá comienza con Iosef revelándose ante sus hermanos. Les informa que no deben sentirse culpables por lo que hicieron, porque Dios estaba guiando los eventos que los llevaron a esa increíble situación. “Dios me ha enviado antes de ustedes para asegurar su supervivencia en la tierra y para sustentarlos con gran abundancia” (1).

El rol de Iosef era asegurar el bienestar físico de la familia de Yaakov durante su estadía en Egipto. Más adelante en la parashá, la Torá comenta que la responsabilidad de asegurar el bienestar espiritual de la familia en Egipto fue de Yehudá, quien llegó antes que sus hermanos para establecer yeshivot (lugares de estudio de Torá) (2). Esta división de roles entre Iosef y Yehudá estableció un patrón para la historia judía: Iosef es el facilitador que debe pavimentar el camino en gashmiut (el aspecto físico), y Yehudá es el Rey que lidera al pueblo judío en rujaniut (el aspecto espiritual). Esta relación surge de los roles respectivos del Mesías ben Iosef (3) y del Mesías ben David (4). El Mesías ben Iosef luchará las guerras, destruyendo a nuestros enemigos y pavimentando el camino para que el Mesías ben David construya el Tercer Templo.

Un aspecto importante del rol de Iosef es que es en esencia un rol secundario: su tarea es posibilitar la posición de Yehudá como rey. De hecho, un breve análisis del tiempo de Iosef en Egipto muestra que Iosef era muy apto para un rol de número dos: primero se volvió líder de la casa de Potifar, por debajo de Potifar; luego ascendió a una posición similar en la prisión, por debajo al director de la prisión. Finalmente asumió el rol de virrey en Egipto, por debajo de Paró. Este patrón indica el rol de Iosef como número dos, el posibilitador. Una persona fácilmente podría creer que este rol es insatisfactorio; ser siempre segundo ante otra persona es un desafío importante para el carácter de una persona. Un aspecto clave de la grandeza de Iosef es su voluntad a aceptar con alegría su rol de facilitador.

Dos de los más famosos descendientes de Iosef enfrentaron un desafío similar para aceptar un rol secundario, pero respondieron a él drásticamente diferente: en la porción de la próxima semana, Vayejí, Yaakov alude a esas dos personas: advierte la grandeza de Efraím por Yehoshúa, su futuro descendiente. Sin embargo, también ve proféticamente que Jereboam, uno de los reyes más malvados de Israel, emergería de Iosef. Ambos tenían el potencial para seguir el ejemplo de Iosef de ser importantes facilitadores, pero sólo uno tuvo éxito, mientras que el otro fracasó rotundamente. ¿Por qué tomaron caminos tan diferentes?

La fama de Yehoshúa se debe principalmente a haber sido el devoto alumno de Moshé. En muchas ocasiones Yehoshúa mostró sumisión a su maestro. La Torá lo describe como el asistente de Moshe (5), y los rabinos explican que le llevaba las toallas a la casa de baño y que se levantaba temprano todas las mañanas, elegía el maná más grande y se lo daba a Moshe (6). En el estudio de Torá, se dedicaba a entender y emular a su maestro, a tal grado que el Talmud Yerushalmi dice que hasta en cosas que no había oído de Moshé, su propio razonamiento se correspondía con lo que se le había dicho a Moshé en el Sinaí (7). Yehoshúa estaba absolutamente satisfecho con su rol de segundo bajo Moshé, y no se sintió disminuido por su posición, sino que por el contrario, ésta lo elevó a alturas increíbles.

De hecho, el Midrash nos dice que fue el mérito de la sumisión de Yehoshúa a Moshé lo que lo llevó a ser el líder de la nación judía. “Dios le dijo a Moshé: Yehoshúa te sirvió constantemente y te dio mucho honor. Llegó temprano a tu casa de reunión para acomodar las sillas y poner las alfombras. Dado que te sirvió con todo su poder, merece servirle a Israel” (8). Yehoshúa aceptó felizmente su rol de número dos y, consecuentemente, alcanzó la posición máxima de líder de Israel.

El otro pariente de Yosef al que se alude en Vayejí, Jereboam, también tuvo la oportunidad de emular a su distinguido ancestro y aceptar una posición de facilitador, pero fracasó rotundamente. En el Libro de Reyes, vemos que inicialmente era un hombre recto y un erudito de Torá (9). Dios decidió que el reino de Israel se dividiría en dos como castigo para el Reino de David (10), y envió al profeta Ajiya para darle a Jereboam el Reino Norte, que consistiría en la gran mayoría de Israel. Más aún, Ajiya le prometió que si seguía en el camino de la Torá tendría gran éxito. Sin embargo, también le señaló que el reinado de Jereboam era sólo un resultado de los pecados del Rey Salomón, y que eventualmente volvería a mano de los descendientes del Rey David. El rol de Jereboam era ser líder, pero sólo uno temporario, cuyo objetivo era ser el instrumento de castigo para el Reino de David. Si hubiera aceptado este rol, hubiera emulado a Iosef y a Yehoshúa y habría quedado en la historia como uno de los más grandiosos líderes de la historia judía.

Sin embargo, Jereboam no quiso aceptar la posición de facilitador o número dos. Deseó ser el rey absoluto y no quiso subyugarse a nadie. Temía que cuando la nación realizara la mitzvá de Hakel en el Templo, sólo el Rey de Israel tendría permitido sentarse, y él tendría que quedarse parado. Al ver esto, el pueblo se rebelaría en su contra y volvería al Reino de Yehudá (11). Para evitar esta amenaza a su poder, realizó dos becerros de oro en el Norte y prohibió ir al Templo. La acción de Jereboam dio comienzo a la constante idolatría que plagó al Reino Norte, y Jereboam es conocido como el paradigma de una persona que hace pecar a los demás (12).

Incluso después de comenzar a pecar, Dios le dio una última oportunidad para arrepentirse. La Guemará dice que Dios tomó a Jereboam de su prenda y le dijo: “Arrepiéntete y YO, tú y el hijo de Yshai (David) caminaremos juntos en Gan Edén”. Al recibir esta increíble oportunidad para ser redimido, Jereboam preguntó: “¿Quién irá adelante?”, a lo que Dios respondió: “Ben Yshai (David) irá adelante”. Al escuchar esto, Jereboam se rehusó a arrepentirse (13). Jereboam no pudo aceptar ser segundo de nadie, incluso cuando se le ofreció la gran recompensa del Jardín del Edén. Su arrogancia fue la causa de su destrucción; quería poder, pero en lugar de eso es uno de los reyes que no tiene parte en el Mundo Venidero (14).

Iosef recibió el rol de facilitador en Egipto, preparando el camino para Yehudá; aceptó su rol con alegría y pudo llegar a la grandeza verdadera. Yehoshúa también alcanzó su potencial gracias a su predisposición a subyugarse a Moshé. Pero Jereboam no pudo hacerlo y perdió la oportunidad para distinguirse.

Esta es una importante enseñanza; todos deberíamos esforzarnos para llegar a ser lo más grandiosos que podamos, pero hay ocasiones en que la Providencia nos dice claramente que ciertos logros no son lo mejor para nosotros. Por ejemplo, puede que una persona se esfuerce mucho estudiando Torá y aprenda mucho, sin llegar sin embargo a la posición de enseñanza que le gustaría tener. Lo que debemos advertir es que todo lo que está más allá de nuestro libre albedrío está en la categoría de Providencia; podemos esforzarnos para crecer, pero luchar con la Providencia es en vano. Cualquiera que sea el rol que alcancemos en la vida, esa será la posición con la que podremos cumplir nuestro propósito en este mundo.


Notas:

  1. Vaigash, 45:7.

  2. Rashi, 46:28.

  3. El redentor que será descendiente de Iosef.

  4. El redentor que será descendiente del Rey David, quien desciende de Yehudá.

  5. Bahalotjá, 11:28.

6. Batei Midrashot, 234.

7. YerushalmiPeá, 1:1.

8. Bamidbar Rabá, 11:28.

9. Melajim 1, Cap.11.

  1. En ese momento el Rey Salomón acababa de morir, y fue exitosamente sucedido por su hijo Rejabam.

  2. Ibíd., 12:27-28. Sanedrín, 101b.

12. Pirkei Avot, 5:22.

13. Sanedrín, 102a.

14. Sanedrín, 90a.


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