La homeopatía es una modalidad de tratamiento fascinante. La tierra posee muchas substancias poderosas que, ingeridas, son fatales. Sin embargo estas mismas substancias, en las manos de un homeópata, son agentes de cura y recuperación.

“La naturaleza del bueno es hacer el bien”, enseña una enseñanza Jasídica. El Creador benévolo coloca virtudes redentoras en substancias que parecen no poseer ningún mérito, y muchas veces son francamente perjudiciales. La homeopatía es una prueba simple de este adagio.

Uno de los principios de la homeopatía es buscar semejanzas entre los seres humanos y la naturaleza. Las encuentra en los niveles de mineral, vegetal y animal. El modelo Kabalístico registra cuatro niveles — los tres arriba mencionados más el reino humano. Esta cuádrupla clasificación tiene las siguientes correspondencias: la tierra corresponde al mineral; el agua al vegetal; el fuego al animal; y el aire al humano. Estos cuatro elementos se expresan en diversos caminos. Más profundamente, los cuatro elementos tienen su fuente en la visión profética que el Profeta Ezekiel vivenció, conocida como la Visión de la Carroza. Él vio un trono apoyado por cuatro rostros — un águila, un buey, un león y una cara humana. Estas corresponden a los diversos tipos de animales: aves, animales domesticados, animales salvajes y el ser humano. La creación posee una simetría maravillosa.

En la época del Templo de Jerusalén, la dinámica espiritual envuelta en una ofrenda de planta o animal correspondían a profundos procesos espirituales. El fuego unido al fuego espiritual creaba una analogía de fuerzas angelicales conocidas como ángeles de fuego. Actualmente, no hacemos este tipo de ofrendas, pero los procesos espirituales aún permanecen por medio de la plegaria. Como el esfuerzo espiritual de la plegaria es el análogo de las ofrendas del pasado, los mismos elementos están presentes. El fuego emocional del fuerte despertar espiritual consume el ‘alma animal’ (=propio ego). La energía de la fuerza de voluntad para superar las tentaciones del ego se convierte en un deseo ‘ardiente’ de subyugar su fervor egoísta. El éxito significa fundir el sentido del ser (un alma animal domada) a la voluntad de comprometerse con actos y expresiones positivas en el mundo del tiempo y espacio.

El mismo concepto se aplica al deseo de elevar los reinos animal y mineral (protección y realce de nuestra ecología y medio ambiente), el reino animal (respeto y práctica de los derechos de los animales y prevención de prácticas crueles), y el reino humano (respeto mutuo, nutrición y coexistencia pacífica).Eso nos lleva de vuelta al modelo homeopático. Vivimos en una sinergia con nuestro ambiente básico. Auto-dominio significa estar consciente de esta sinergia y respeto por los cuatro elementos de la creación, practicando la elevación espiritual del mineral, vegetal, animal y humano. De esa forma los elementos de la creación estarán no solamente libres del dolor, sino realzarán positivamente nuestra vida, creando integridad y bienestar.


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