Judaísmo en Español

Hacer versus lograr

Jukat (Números 19:1-22:1)

La parashá de esta semana termina con la historia sobre cómo el pueblo judío llegó a conquistar la ciudad emorita de Jeshvón. Esta ciudad anteriormente había sido parte de Moav, hasta que Sijón, rey de los emoritas, derrotó a Moav y la conquistó. Respecto a esa guerra, la Torá nos dice: “Entonces dijeron los moshlim: Vengan a Jeshvón y la ciudad de Sijón será edificada y preparada” (1). El entendimiento simple de este versículo es que los moshlim son Bilam y Beor, quienes dicen mashalim (parábolas), y que estaban diciéndole a Sijón que viniera y conquistara Jeshvón de mano de los moabitas. Sin embargo, la Guemará ve un mensaje oculto en este versículo: “Por lo tanto, dicen quienes gobiernan sobre sus inclinaciones (moshlim), vengan y hagamos un recuento (jeshvón); la pérdida [incurrida por hacer] una mitzvá frente al beneficio de hacerla, y el beneficio de un pecado frente a la pérdida que origina” (2).

Los comentaristas preguntan por qué ‘sólo quienes gobiernan sobre sus inclinaciones’ deberían hacer un jeshvón (recuento), implicando que no creen que los demás deban hacerlo (3). El libro La senda de los rectos explica que quienes gobiernan sus inclinaciones son personas que han desarrollado un entendimiento profundo del iétzer hará (inclinación negativa) y son conscientes de la necesidad de permanecer constantemente vigilantes frente a sus tácticas, haciendo regularmente un jeshvón hanéfesh (4). Consecuentemente, incitan a las personas a hacer jeshvón hanéfesh. Este jeshvón incluye analizar cuáles deberían ser los objetivos principales en la vida de la persona y evaluar si se está viviendo de acuerdo a ellos. Una persona que no ‘gobierna sobre sus inclinaciones’ ignora cómo el iétzer hará la engaña constantemente, llevándola a un estilo de vida indeseable. Esta persona es tan ciega a los poderes del iétzer hará que tropieza como quien camina en la oscuridad, ignorando las muchas trampas que le esperan. No entiende la necesidad de hacer un jeshvón, y debe ser motivada a hacerlo por alguien que sí gobierna sobre su inclinación.

La senda de los rectos trata los factores principales que hacen que una persona no encuentre el verdadero objetivo de la vida. Escribe que el problema más básico es que uno puede verse tan absorbido por sus actividades que nunca encuentre tiempo para hacer una pausa y evaluar la dirección que está tomando su vida. Esta es una de las tácticas principales del iétzer hará, ya que sabe que, si uno se tomara un momento para analizar sus acciones, se daría cuenta que necesita hacer cambios drásticos. Entonces, lo vuelve tan ocupado que no le queda nada de tiempo libre para pensar en la dirección de su vida. Entonces compara esto con el plan que ingenió Paró cuando percibió la amenaza de que los judíos comenzaran a pensar en la libertad: su respuesta fue aumentar su carga laboral para que no tuvieran tiempo para pensar en rebelarse contra él, sino que “Intentó distraer sus corazones de toda contemplación con la aguda constancia del trabajo que jamás cesaba”.

De la misma forma, el iétzer hará nos envía todo tipo de distracciones para que estemos constantemente ocupados, al punto que nunca podamos tomar una pausa y observar la dirección general que está tomando nuestra vida. Un observador, al notar esto, declaró escuetamente: “No es lo mismo hacer cosas que lograr cosas”. Puede que alguien esté extremadamente ocupado pero que, si se fijara en lo que está logrando, se desilusionaría, porque sus logros no son lo suficientemente importantes. Una persona que se encontró a sí mismo en este dilema lo expresó con gran claridad: “Estoy muy ocupado, pero en ocasiones me pregunto si lo que hago hará alguna diferencia en el largo plazo”.

Esta situación de estar constantemente ocupado puede manifestarse de varias maneras. La siguiente historia brinda un ejemplo de cómo podría ocurrir esto:

Un padre estaba muy inmerso en su trabajo, a tal punto que trabajaba incluso los domingos, que era el único momento en que podía pasar un momento de calidad con su hijo. Todos los domingos su hijo le preguntaba si podían pasar un tiempo juntos, pero el padre respondía que debía trabajar. Finalmente, el hijo le preguntó al padre cuánto dinero ganaba por cada hora trabajada los domingos. La respuesta fue $100, ¡y el hijo le dijo al padre que tenía $50 ahorrados y que se los daría si pasaba media hora con él! Puede que la intención del padre al trabajar tan duro haya sido noble, y que haya incluido proveer estabilidad financiera para la crianza de su hijo. Sin embargo, no advirtió que estaba sacrificando una relación significativa con su hijo y, por lo tanto, todo beneficio obtenido por el trabajo extra era opacado por el daño que causaba. Recién después de hacerse consciente de esto —gracias al esfuerzo desesperado de su hijo para pasar tiempo con él— pudo detenerse un momento y reevaluar su rol como padre.

Si esas pruebas eran tan difíciles en la época en que fue escrito La senda de los rectos (5), lo son mucho más aún hoy en día. La sociedad moderna está saturada por artefactos y tecnología que hacen que las personas estén constantemente ocupadas y distraídas (6). En la actualidad, casi no hay una conversación que no sea interrumpida por una llamada telefónica, un email o un mensaje. La consecuencia de estos avances tecnológicos es que casi no hay momento alguno en que la persona esté libre de distracciones para evaluar la dirección de su vida.

Para superar los esfuerzos del iétzer hará para que nunca analicemos la dirección de nuestra vida, La senda de los rectos sugiere enérgicamente que la persona haga un jeshvón hanéfesh, un ‘balance espiritual’ cuya función es recordarnos nuestros objetivos reales y que evaluemos si vivimos de acuerdo a ellos o si los hemos perdido de vista al vernos atrapados en la infinidad de detalles que nos distraen. Shabat es un excelente momento para escapar de las distracciones cotidianas y evaluar la vida. Es el único día en que un judío observante está libre de los muchos avances tecnológicos que socaban el jeshvón hanéfesh. Por lo tanto, es un momento propicio para analizar la semana que pasó y evaluar si uno vivió alineado con sus propios objetivos de vida o no.

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Como vimos, el iétzer hará quiere desesperadamente impedir que analicemos nuestras vidas. Como resultado, ¡puede que nos resulte más difícil hacer un jeshvón hanéfesh semanal de cinco minutos que estudiar Torá 10 horas al día! El iétzer hará no quiere que una persona estudie, pero si no puede evitarlo, entonces intenta con todo su poder evitar que la persona utilice lo que aprende para vivir en base a los objetivos de la Torá. La forma principal en que lo hace es evitando que la persona haga una pausa para pensar en la dirección de su vida. Consecuentemente, para hacer jeshvón hanéfesh, es necesario un gran esfuerzo. Sin embargo, como sabemos, quien trata de purificarse a sí mismo recibe ayuda celestial y, con seguridad, tendrá éxito en esta difícil área.


NOTAS

(1) Jukat, 21:27.

(2) Baba Batra, 78b.

(3) Ver La senda de los rectos, cap.3; Netivot Shalom, Jukat.

(4) Literalmente se traduce como recuento del alma.

(5) Su autor, Rav Moshé Jaim Luzzatto, vivió hace unos 400 años.

(6) Esto no significa que esas tecnologías no tengan beneficios. Por el contrario, al igual que todo en la vida, puede ser usada tanto para bien como para mal. La idea expresada aquí es que el iétzer hará intenta utilizar los avances tecnológicos para distraer a las personas de lo que es significativo.

 

 

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