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Ha-Iom Harat Olam

PARASHÁ DE LA SEMANA: BEHAR
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: LEVITICO 25:1 – 26:2
HAFTORAH: JEREMIAS 32:6-22
PROXIMA FESTIVIDAD “LAG BAOMER”: JUEVES 23 DE MAYO DE 2019
PROXIMAS FESTIVIDADES “SHAVUOT”: SHABBAT 8 DE JUNIO A LUNES 10 DE JUNIO DE 2019
TIEMPO DE LECTURA: 3 MINUTOS

En muchas comunidades, la plegaria Ha-Iom Harat Olam [“Hoy es el día de la creación del mundo”] es recitada después de la beraja al final de cada una de las tres secciones especiales del Musaf de Rosh Hashaná. Mencionamos la Creación del mundo para recordarnos que Rosh Hashaná es un día de renovación. La plegaria es repetida tres veces como una alusión a las tres renovaciones que el mundo ha experimentado los seis días de la Creación, el período luego del Diluvio, y el día en que se dio la Torá.

Al momento de la Creación, el mundo estaba bajo el dominio de maljuiot – la soberanía Divina. Esto cambió después del Diluvio, cuando la Divina providencia llegó a dominar – una característica que es simbolizada por zijronot – la contabilidad por parte de D-os de las acciones de la humanidad. Después de que D-os dio la Torá, se introdujo también la característica de shofarot – revelación Divina.

Durante los primeros 1,656 años después de la Creación, D-os trató al hombre únicamente con el atributo de la soberanía. El Señor, Rey del Universo, coronó al hombre sobre las creaciones inferiores, le dio honor, le otorgó poder y fuerza, hizo su vida largo y le dejó hacer lo que quería sin restringirlo por medio de preceptos y obligaciones.

No le dio la Torá, ni las Siete Leyes de los gentiles [excepto por alusión], y no prometió ni premio ni castigo ya que los miembros de la casa del Rey no requerían de códigos. Se esperaba que viviesen de acuerdo a su grandeza, retuviesen el honor del Reino y fuesen merecedores de su alta posición, por medio de acciones y pensamientos justos, como lo estableciese la sabiduría de sus corazones.

Pero el hombre no pudo pasar la prueba de la soberanía. En vez de llenar el mundo con gracia por medio de los grandes poderes que se le había dado, llenó el mundo con avaricia, fealdad y maldad. En vez de convertirse en socio de Aquel que creó el mundo para él con gracia y amor, se convirtió en asociado de Satanás, y usó su grandeza únicamente para corromper.

Por muchos años, D-os trató al hombre con tolerancia y paciencia. Pero cuando el hombre demostró que no había posibilidad de que cambiase su mala manera de ser, el Diluvio vino e inundó el mundo. Parecía que no podía existir más un mundo basado únicamente en el fundamento de la soberanía. Los instintos del hombre siempre lo superarían si vivía en un mundo sin temor o preocupación.

Así, D-os atemperó la característica de maljuiot con la de zijronot durante los siguientes 792 años. Quizás la soberanía junto con la providencia podía asegurar la existencia del mundo. El hombre no perdería su superioridad con el mundo creado pero aceptaría un yugo de preceptos y mandamientos específicos – las leyes de Noaj – que le harían estar consciente de sus responsabilidades, que estaba actuando bajo supervisión y que debía responder de sus acciones.

D-os también acortó el número de años que el hombre viviría y disminuyó sus facultades, así que aunque lo desease no podía llevar al mundo a un estado de corrupción absoluta.

Pero el hombre no pasó esta segunda prueba tampoco. Diez generaciones pasaron entre Noaj y Abraham – generaciones que desafiaron la ley de D-os aunque sabían cuál sería el resultado de su rebelión. La soberanía y la grandeza no habían sido suficientes para defender al hombre contra sus malos instintos, y la providencia Divina no fue suficiente tampoco. El conocimiento de que sería llamado a cuenta por sus acciones no era suficiente para evitar que el hombre transgrediese.

El mundo estaba al borde de un segundo desastre y hubiese sido destruido, pero surgió una nación, la de los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, creando un pueblo que asumiría responsabilidad por toda la Creación y asumiría la tarea de restaurar el honor de aquellos que habían sido creados a imagen de D-os. Al aceptar la Torá de D-os, salvaron al mundo de ser devuelto al vacío. En el Monte Sinaí se renovó el mundo y ahora hasta la eternidad.

Con su aceptación de la Torá, D-os introdujo un tercer elemento para unirlo a la soberanía y a la providencia para manifestar Su Presencia en el mundo. Este elemento – shofarot – le dio al hombre la capacidad de percibir la revelación de D-os; oír Su voz hablar a través de los Profetas; escuchar la llamada de la conciencia que lo impulsaría a arrepentirse; temblar en reverencia hacia el Creador cuando el sonido del shofar le recordase al hombre considerar quién era y qué debía hacer.

Así, el mundo después de Sinaí se encuentra apoyado en tres pilares: la soberanía de D-os Quien es la fuente absoluta de todo lo que hay; la providencia de D-os Que recompensa y castiga al hombre por lo que hace; y la revelación de D-os, el yugo de la Torá dada al hombre con los sonidos del shofar que reverbera dentro de él y lo mantiene fiel a su misión.

Los ecos de estos shofarot son siempre oídos. A veces son fuertes y a veces más débiles y luego fuertes de nuevo. Cuando el gran Día del Señor venga, tocarán con plena fuerza y serán oídos por toda la humanidad, como está dicho (Ieshaiahu 27:13): Acontecerá también en aquel día, que sonará un gran shofar….

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