¿Cómo funciona eso de la “fe”?

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Uno de los desafíos muy grandes para el judío de hoy es el tema de la fe. Con decir “No soy creyente,” ya se considera fuera de combate en cuanto a lo religioso se refiere.

¿Es tan así? ¿Es tan binario, si no estás 100% “adentro” quiere decir que estás 100% “afuera”?

Veamos.

La palabra hebrea por “fe”, Emuná, está relacionada etimológicamente con la palabra Imun, o sea adiestramiento o ejercicio. En otras palabras la fe no es algo estático; es algo que se cultiva, crece y da sus frutos.

Todos tenemos fe en algo. Algunos tenemos fe en que el Uruguay haga otro Maracanazo en el próximo Mundial. Algunos no la tenemos. Algunos tenemos fe en que nos entiendan cuando hablamos. Otros no la tenemos. Algunos tenemos fe en la bondad de la gente. Algunos no la tenemos. Algunos tenemos fe en que la Torá es la palabra de D-os; otros no la tenemos. ¿A qué se debe la diferencia entre la gente? ¿Por qué es que algunos creen en determinadas cosas y otros, no?

Creo que depende en gran parte de la educación y de la experiencia personal. Un indio que vive en las Amazonas no te dará nada a cambio de un billete de $2.000; un comerciante en Montevideo, sí (no mucho, por cierto, pero algo es más que nada…) ¿A qué se debe? Es muy sencillo. El indio que nunca vio un billete ve nada más que un pedacito de papel que no le sirve de nada. El comerciante en Montevideo, ha visto cómo este tipo de “papel” representa un valor más allá del de un pedacito de papel y sirve para adquirir cosas concretas. Le conviene recibir ese papelito a cambio de unos kilos de tomates…

En realidad, la gran mayoría de la gente no entiende cómo funciona el sistema monetario y por qué un billete vale tanto más que un pedacito de papel. Simplemente confían. ¿Por qué confían? Basan su fe en la experiencia. Lo ven funcionar todos los días. Si presentas un billete de dos mil pesos uruguayos a un comerciante en un país donde no conocen al peso uruguayo, difícil que te dé algo a cambio. No cree en su valor, porque no tiene la experiencia personal. Claro está que tanto al indio como al comerciante del otro país se le puede explicar que las cosas funcionan distinto a su experiencia personal, pero será difícil que lo crean. Es recién al ver cómo funciona, que adquirirán la experiencia necesaria como para poder creer en el valor del billete la próxima vez que se le presente.

¿Ver es creer?

Hay quienes dicen que ver es creer. ¿Es realmente así? Si veo que está lloviendo, ¿por qué tengo que creer que está lloviendo? ¡Sé que está lloviendo!

Parecería que ver y creer no van de la mano, ya que si veo algo no necesito creerlo; a la fe debo recurrir únicamente hasta el momento que tenga la certeza que me da la vista…

Quizás podemos decir que este dicho sí tiene sentido. Al ver algo, nos lleva a creer en otra cosa. Por ejemplo: si de repente empieza a llover, creemos que hay nubes, aunque no las veamos. O sea, al ver una consecuencia creemos en la existencia de su causa y sus características. Claro, es posible que alguien esté creando la lluvia con una manguera, pero aun así tendemos a creer que viene de las nubes, aunque no lo hayamos comprobado. Quizás alguien que trabaja en Hollywood, basado en su experiencia, dudaría de que la lluvia en pleno día soleado esté llegando de las nubes. (Y quizás tenga razón…)

En cuanto al judaísmo se refiere, ocurre algo parecido. Nuestra fe milenaria depende en gran parte de nuestra exposición a su funcionamiento. Es cultivable. Para uno que fue educado en un ambiente en el cual se respeta el Shabat, Shabat será un día sagrado para él. Para el que fue educado en un ambiente en el cual el Shabat no tenía nada especial, Shabat será un día común y corriente, careciente de santidad. Lo mismo es aplicable a todas las facetas del judaísmo.

¿Entonces qué?

Hay dos opciones: 1) Si no lo creo, entonces no tiene nada que ver conmigo; 2) Si no lo creo, quizás es debido a mi educación y formación.

El próximo paso está en tus manos.

La lectura bíblica de esta semana, Bejukotai1, comienza con las palabras Im Bejukotai Teleiju, “Si caminarán en Mis estatutos…” Nuestros sabios explican que esta expresión se refiere al estudio de la Torá (ya que el cumplimiento de los preceptos es mencionado explícitamente más adelante en el versículo).

En las enseñanzas jasídicas hacen la siguiente observación:

¿Por qué la Torá alude al estudio de la Torá por medio de la expresión “caminar en Mis estatutos”, refiriéndose justamente a los preceptos no-racionales2? ¿No es el estudio de la Torá una tarea intelectual de estudio y comprensión?

La respuesta que dan es muy interesante y a propó del tema que estamos tratando aquí hoy.

La palabra Juká, “estatuto”, está relacionada etimológicamente con la palabra Jakiká, o sea “esculpido”. La diferencia entre una letra escrita y una letra esculpida es que una letra escrita es algo extraño impuesto que tapa el lugar donde se encuentra, mientras que la letra esculpida proviene de la propia piedra.

Los preceptos bíblicos no racionales que cumplimos sirven para expresar una dimensión más profunda de nuestro ser que la que se expresa por medio de los preceptos que sí entendemos. Sirven para expresar nuestra esencia que trasciende a nuestra comprensión.

Bejukotai Teleiju, “caminar (avanzar) en mis estatutos” quiere decir, entonces, avanzar en aquella dimensión de nuestro vínculo con D-os que trasciende y no se limita por nuestra comprensión. La fe se cultiva. Uno puede avanzar no solamente en su comprensión, sino también – y quizás más importantemente – en su fe.

¿Cómo se lograr cultivar la fe?

Por medio del estudio de la Torá y el cumplimiento de las Mitzvot. Cuanto más nos exponemos al estudio de la Torá y el cumplimiento de las Mitzvot, tanto más activamos la fe inherente en cada uno de nosotros.

La llave está en tus manos.

NOTAS AL PIE
1. Lev., 26:3-27:34
2. Hay tres tipos de preceptos: 1) Mishpatim, leyes racionales, como, por ejemplo, no matar, no robar; 2) Edot, leyes testimoniales que representan algo, como por ejemplo, Shabat (Creación del mundo), Pésaj (El Éxodo de Egipto); 3) Jukim, leyes irracionales como por ejemplo la prohibición de comer cerdo, la prohibición de vestirse de Shaatnez.

POR ELIEZER SHEMTOV