Lamentablemente sucede. Las personas se involucran en discusiones que van desde tranquilos desacuerdos hasta fuertes disputas. Cuando escuchamos alguna discusión, involucrarse puede ser algo muy tentador. Todo el mundo pareciera tener algo que decir al respecto, entonces, ¿por qué no hacer nuestro pequeño “aporte” también?

La Torá nos enseña el valor de no involucrarnos en los conflictos de otras personas. Cuando Koraj malinterpretó las intenciones de Moisés como líder del Pueblo Judío comenzó a discutir con él. Muchas personas, en lugar de preocuparse por sus propios asuntos optaron por apoyar a Koraj, y a consecuencia de esto la controversia aumentó, y generó una gran división dentro del Pueblo Judío.

Cuando Dios reveló que el ataque de Koraj fue injustificado, él y todos sus seguidores tuvieron que enfrentar las desagradables consecuencias de sus acciones imprudentes. Mientras tanto los que se mantuvieron fuera de la disputa se alegraron mucho de su decisión. La Torá nos enseña lo importante que es intentar mantenernos alejados de los conflictos y, desde luego, no involucrarnos en los conflictos de los demás.

En nuestra historia, una niña sabiamente se mantiene al margen de una disputa que no le concierne.

“En el Medio de la Calle”

Una cosa que a Marcia le gustaba del verano era la posibilidad de ponerse al día con sus viejos amigos del vecindario. Durante el año escolar todo el mundo parecía tan ocupado entre la escuela, las tareas y los asuntos personales que era realmente difícil hacer vida social. Pero las largas y tranquilas tardes de verano en su barrio, cuando todos los niños salían a jugar, eran una oportunidad natural de volver a relacionarse.

Pero este año todo era diferente. Lisa y Susy, que eran primas hermanas y dos de las niñas más populares del barrio, se habían involucrado en una gran discusión acerca de quien heredaría la hermosa colección de muñecas chinas de su abuela. Ahora no se hablaban entre ellas y todo el barrio parecía dividido en dos bandos en torno a ellas.

A Marcia le parecía que todo el mundo tenía una fuerte opinión acerca de quién tenía la razón. Y aunque la mayoría de las personas estaban de acuerdo en que era una discusión seria sobre un asunto familiar, nadie conocía siquiera los detalles de la discusión.

Marcia intentó mantener buenas relaciones con todas, pero el verano simplemente no era lo mismo. La hermosa calle con árboles alineados que siempre pareció un campamento de verano, ahora parecía una zona de guerra.

Una tarde la madre de Marcia le pidió que fuera hasta la tienda de la esquina para comprar pan. Ella iba caminando y no pudo sino agitar su cabeza con incredulidad ante lo que veían sus ojos. Todo el centro de la calle donde vivían estaba prácticamente vacío, mientras que dos grupos se habían formado en las aceras opuestas – ¡uno de los grupos centrado en torno a Lisa y el otro en torno a Susy! Ambos grupos intentaban arduamente aparentar que se estaban divirtiendo, riendo en voz alta y haciendo todo tipo de cosas, mientras intercambiaban tensas miradas con el lado contrario. Marcia notó que todas ellas se veían terriblemente incómodas, y suspiró de alivio al no ser parte de la disputa.

Ella fue hasta la tienda, compró un poco de pan, un par de otras cosas y volvió a su casa. Cuando estaba llegando a la puerta de su edificio, se topó con dos hermanas que vivían en el piso de arriba, Shely y Jana. Una de ellas sostenía una cuerda para saltar de color naranja. Las chicas se saludaron amablemente y charlaron un poco. Pero pronto surgió el tema que estaba en boca de todos.

“Entonces… Marcia”, preguntó Shely. “¿En que “bando” estás tú?, ¿estás de parte de Lisa o de parte de Susy?”.

“Sí”, respondió Marcia muy seria, mirando a la chica fijamente a los ojos. Las hermanas parecían confundidas.

“¿Qué quiere decir “sí”?”, balbuceó Jana. “¿Sí de parte de Lisa o sí de parte de Susy?”.

Marcia sonrió de manera encantadora. “Sí, a ambas”, dijo. “Las dos eran mis amigas antes de esta pelea, y ambas siguen siendo mis amigas”.

Las niñas levantaron sus cejas. “Eso tiene sentido”, dijo Shely, “¿pero ni siquiera tienes una opinión al respecto?”.

“Desde luego”, dijo Marcia con valentía. “En mi opinión, ¡la pelea no es asunto mío!”.

Las niñas rieron fuertemente y asintieron con la cabeza en señal de aprobación.

“Vamos a saltar la cuerda ahora, ¿quieres unirte a nosotras?”, preguntó Jana.

“Seguro”, dijo Marcia. “Solamente debo dejar antes estas cosas para mi mamá. Pero voy a jugar sólo con una condición… que saltemos la cuerda en el medio de la calle y no en uno de los lados”.

Las tres chicas salieron a jugar en el medio de la calle, entre los dos grupos de niñas. Al principio las niñas a los lados de la calle miraban confundidas, pero poco a poco algunas comenzaron a entender lo que estaban tratando de hacer, y se unieron a ellas en el medio de la calle… dejando de lado la disputa.

(Continuará la próxima semana…)

De 3 a 5 años

P. ¿Cómo se sintió Marcia cuando vio que las chicas del barrio se habían involucrado en la discusión de Lisa y Susy?
R. Se sintió triste, ella pensó que no estaba bien que las personas se involucren en disputas ajenas.

P. Si dos de tus amigos se embarcan en una disputa y quieren que decidas de que lado estás, ¿deberías involucrarte? R. No, no deberías. Por lo general es mejor mantenerse al margen de las discusiones ajenas.

De 6 a 9 años

P. La mayoría de nosotros acepta que cada uno tiene derecho a expresar su opinión. Si es así, ¿qué hay de malo en expresar nuestra opinión y tomar partido en una discusión?
R. Si bien una persona puede tener derecho a expresar su opinión, este “derecho” también es una “responsabilidad” que cualquier persona considerada sabe utilizar sabiamente. Incluso antes de formarnos una opinión – y ciertamente antes de compartirla con los demás – debemos considerar si realmente tenemos una idea clara de la situación o no. Asimismo, es muy importante reflexionar acerca del efecto que esto causará sobre los demás.

P. ¿Qué estrategias se te ocurren para evitar ser arrastrado a las disputas ajenas?
R. Podemos ser muy cuidadosos con lo que decimos en relación a la disputa. Las palabras viajan rápido. La gente que quiere que tomemos parte en la pelea tendrá en cuenta cualquier pequeña sugerencia que demos como una señal de que estamos de su lado, o que estamos en contra de ellos. Una buena idea es intentar cambiar de tema cuando comiencen a hablar de la disputa, o dar una respuesta neutra, sin compromisos, así como hizo Marcia cuando se enfrentó a sus vecinas.

P. ¿Puedes pensar en alguna oportunidad en la que expresaste tu opinión y posteriormente te arrepentiste? ¿Cómo actuarías hoy en día en una situación similar?

10 años y más

P. Probablemente Marcia tenía una opinión acerca de la pelea entre sus amigas. Sin embargo, cuando le preguntaron, ella optó por permanecer en silencio. Un gran pensador judío dijo una vez: “No todo lo que pensamos debe ser dicho, no todo lo que decimos debe ser escrito, y no todo lo escrito debe ser publicado”. ¿Cómo se entiende esto con respecto a las relaciones humanas?
R. La mente de una persona activa es un generador constante de ideas. Si realmente prestáramos atención a nuestros pensamientos, nos sorprenderíamos de ver la amplia gama de respuestas y opiniones que aparecen en nuestras mentes constantemente. Nuestro trabajo, como seres humanos maduros, es filtrar de manera conciente este flujo de información y decidir que idea realmente refleja nuestros sentimientos genuinos y finalmente beneficiará a los demás. Al final nos daremos cuenta de que sólo un pequeño porcentaje de todos los pensamientos que cruzan nuestra mente, merecen ser compartidos. Marcia entendió esto y pudo abstenerse de expresar apresuradamente su opinión acerca de un asunto que no conocía en profundidad. Su silencio le permitió mantenerse neutral, permanecer en buenos términos con ambas amigas, y comenzar a restaurar la armonía.

P. Los sabios nos enseñan que no sólo no debemos hablar mal sobre los demás, sino que tampoco debemos decir muchas cosas buenas acerca de alguien en particular delante de los demás. ¿Puedes pensar en una razón por la cual, tal vez, sea malo expresar muchos elogios?
R. A veces puede resultar contraproducente. Nunca podemos estar seguros si una de las personas presentes, quizás, guarda algún rencor oculto acerca de la persona que estamos elogiando. Y, cuando nos escuchen alabar a la otra persona, puedan responder con sus propias “no tan halagadoras” opiniones, y esto puede iniciar una disputa o intensificar una discusión preexistente. Nuestras palabras son muy poderosas, y necesitamos estar concientes de utilizarlas sólo para curar y no para dañar.

P. ¿Puedes pensar en un momento en que expresaste tu opinión y posteriormente te arrepentiste? ¿Cómo actuarías hoy en día en una situación similar?

 

por Nesanel Safran

 


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