Querida y estimada Culpa:

Desde que nació mi primer hijo me persigues, nublas mi juicio y socavas mi confianza. Lo estás alimentando demasiado. ¿Acaso no sabes que debes descansar mientras el bebé duerme? Lo sostienes demasiado en brazos. No, ahora no lo levantas lo suficiente.

A lo largo de los años me has perseguido, sin dejarme nunca tranquila, ni siquiera cuando traté de ignorarte. Enséñales cómo compartir. Dales su propio espacio. Ayúdalos a hacer amigos. Llama a la maestra. Deja de llamar a la maestra. Busca una carrera real para que la gente no te pregunte todo el tiempo qué haces todo el día. ¿Qué clase de madre no está en la casa para recibir a los niños cuando vuelven de la escuela?

Una madre sólo es tan feliz como su hijo menos feliz. Así que mejor que te asegures que todos estén felices. Todo el tiempo. No hay excusas. ¿No funciona? Eso significa que no te esforzaste lo suficiente.

Eventualmente comprendí que tú siempre me acusarás, sin importar lo que haga. Por hacer demasiado o por hacer muy poco. Por mantener a mis hijos demasiado cerca o por dejarlos alejarse. Por las cosas que no dije y por todas las palabras que dije. Por las noches en que me preocupé por nada y por los días en que debería haberme preocupado y no lo hice. Por los momentos en que presté demasiada atención y por las veces que estuve demasiado distraída para escuchar.

Por eso, en este día de las madres, me despido de tu voz de culpa para siempre y en tu lugar le doy la bienvenida a la voz de la gratitud.

Su voz es mucho más agradable. Ella suena algo así:

Cada niño es valioso. Cada momento con ellos es una oportunidad para conectarse. Sé agradecida por tu capacidad de elegir estas dos cosas cruciales cada día: en qué enfocarte y cuánto esfuerzo invertir en ello.

Agradece apenas te despiertas cada mañana. Por las cosas pequeñas que no son tan pequeñas. Y por las cosas grandes que son mayores de lo que puedes imaginar. Por tener un techo, agua y árboles. Por la salud, los libros y el café. Por tu matrimonio, por tu hogar y por tus hijos.

Presta atención a la luz en los ojos de tus hijos. Aprecia su risa. Ama a tus hijos y siente su amor. Escucha sus historias y cuéntales las tuyas.

Preocúpate profundamente. Abrázalos mucho tiempo. Nunca los sueltes. Agradécele a Dios hoy y cada día por el regalo de la maternidad. Y cuando las cosas se pongan difíciles, aférrate con fuerza a esa voz interior positiva que aleja a la culpa y deja en su lugar a la gratitud.

¡Tenemos que asegurarnos de no sentirnos culpables por dejar atrás la culpa! A menudo podemos caer y volver a escuchar esa voz negativa, pero nunca es demasiado tarde para comenzar de nuevo. Comienza hoy mismo.

Adiós Culpa, y feliz día de la madre.