El Tania del Día Likutei Amarim, comienzo de Capítulo 44

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Likutei Amarim, comienzo de Capítulo 44

Cada uno de estos dos grados de amor —ahavá rabá y ahavat olám— se subdivide en infinitos matices y gradaciones, en cada individuo de acuerdo a su capacidad [espiritual]. Como está escrito en el santo Zohar sobre el versículo “Su esposo es conocido en los portales (shearím)”, que “esto se refiere al Santo, bendito sea, Quien Se hace conocer y Se une a cada uno según cuánto éste mide en su propio corazón…”. Por eso, el temor y el amor son denominados “las cosas ocultas [conocidas sólo] a Di-s , nuestro Señor”, en tanto que la Torá y las mitzvot son aquellas cosas que son “reveladas a nosotros y a nuestros hijos para hacer…”. [Se encuentran por igual en todos los judíos,] porque todos tenemos una Torá y una ley, en cuanto al cumplimiento de toda la Torá y las mitzvot en la práctica real se refiere. Es distinto con el temor y el amor, los que varían conforme al conocimiento de Di-s en la mente y el corazón, como se ha explicado antes. No obstante, hay un amor [único y singular] que incorpora algo de todas las distinciones y gradaciones de ambos, ahavá rabá y ahavát olám, y se encuentra igualmente en cada alma judía, como herencia nuestra de nuestros Patriarcas. Y es lo que el Zohar escribió sobre el versículo: “Alma mía, yo Te deseo por la noche” — ‘la persona debe amar a Di-s con un amor del alma y del espíritu tal como estos están unidos al cuerpo y el cuerpo los ama…’. Esta es la interpretación del versículo “Alma mía, yo Te deseo”, que quiere decir: “Dado que Tú, Di-s, eres mi verdadera alma y vida, por ello yo Te deseo”. Vale decir, “yo anhelo por Ti y Te deseo como el hombre que ansía la vida de su alma, y cuando está débil y exhausto anhela y desea que su alma vuelva a él [y lo reviva]. Análogamente cuando se retira a dormir, anhela y desea que su alma le sea restaurada cuando despierta de su sueño. Así también ansío y anhelo yo atraer dentro de mí la infinita luz del bendito Ein Sof, la Vida de la verdadera vida, abocándome a [el estudio de] la Torá cuando despierto durante la noche de mi sueño”; porque la Torá y el Santo, bendito sea, son uno y lo mismo. Tal como dice el Zohar, ibíd., que “por amor al Santo, bendito sea, el hombre debe levantarse cada noche y esforzarse en Su servicio hasta la mañana…”.


Extraído del libro Tania Completo, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana
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