El Tania del Día Likutei Amarim, comienzo de Capítulo 41

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Likutei Amarim, comienzo de Capítulo 41

Sin embargo, [la persona] debe tener permanentemente en mente cuál es el comienzo del servicio [Divino], así como su núcleo y raíz. Esto quiere decir que aunque el temor es la raíz de “aléjate del mal” y el amor [es la raíz] de “haz el bien”, no obstante, no basta con despertar solamente el amor para “hacer el bien”, sino que, al menos, [antes de ejecutar el mandamiento positivo, la persona] debe despertar primero el temor natural que se encuentra oculto en el corazón de cada judío para no rebelarse contra el Supremo Rey de reyes, el Santo, bendito sea, como se declarara arriba, a fin de que [este temor] se manifieste en su corazón o, al menos, en su mente. Esto significa que [a fin de despertar dentro de sí esta última clase de temor, que] al menos medite en su mente acerca de la grandeza del bendito Ein Sof y su Majestad, que se extiende a todos los mundos, tanto superiores como inferiores, y que [considere además que] “El llena todos los mundos”, y “abarca todos los mundos”, como está ecrito: “¿No lleno acaso Yo el cielo y la tierra?” Y, con todo, [Di-s] deja de lado a [las criaturas de] los [mundos] superiores y a [las criaturas de] los inferiores, y confiere su Majestad únicamente a Su pueblo Israel, en general, y [se la confiere] a él en particular pues la persona tiene el deber de decir: “En aras de mí fue creado el mundo”. Y él, por su parte, acepta Su Soberanía sobre sí, que El sea Rey sobre él, para servirlo a El y hacer Su Voluntad en toda clase de labores serviles.

“Y, he aquí, Di-s [Mismo] está sobre él” y “todo el mundo está lleno [solamente] de Su gloria” y [no sólo por ser omnipresente El ve todo, sino que, lo que es más,] El observa [a él en particular], y “revisa [sus] riñones y corazón” [para ver] si Lo está sirviendo adecuadamente. Por eso, debe llevar a cabo su servicio en Su presencia con reverencia y temor [no sólo como uno que está en el dominio del Rey, sino, más bien,] como uno que está parado delante del Rey.

La persona ha de meditar profunda y extensamente acerca de este concepto, de acuerdo a la capacidad de captación de su cerebro y pensamiento, y [de acuerdo a ] el tiempo que tenga disponible [para dedicar a esta reflexión; este tiempo es:] antes de abocarse a [el estudio de ] la Torá o [la ejecución de] un mandamiento, como ser antes de ponerse el talit o los tefilín.

 

Extraído del libro Tania Completo, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana
© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial. Derechos Reservados.

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