PARASHÁ DE LA SEMANA: SHOFTÍM
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 16:18 – 21:9
HAFTORAH: ISAÍAS 51:12 – 52:12

El Tania del Día Likutei Amarim, comienzo de Capítulo 23

Likutei Amarim, comienzo de Capítulo 23

A la luz de todo lo que se ha dicho previamente, se comprenderá mejor y será elucidada más plena y claramente la declaración del Zohar que “La Torá y Di-s son totalmente uno”, y el comentario de Tikunéi Zohar que “Los 248 mandamientos son los 248 ‘órganos’ del Rey [Divino]”.

Porque las mitzvot constituyen la Voluntad más interior de Di-s y Su verdadero deseo, investido en todos los mundos superiores e inferiores, dándoles vida de esta manera. La vida misma y el sustento de todos los mundos depende del cumplimiento de las mitzvot por parte de las criaturas de los mundos inferiores, como se sabe.

Resulta, entonces, que la ejecución y el cumplimiento de las mitzvot es la vestimenta más interior para el más interior aspecto de la Voluntad de Di-s, ya que es debido a este cumplimiento [de las mitzvot] que la luz y la vida de los mundos brota de la Voluntad Divina para investirse en ellos.

Por eso las mitzvot son descriptas en forma figurativa como “órganos del Rey”. Pues tal como los órganos del cuerpo humano son una vestimenta para su alma, y están completa y totalmente sometidos a ella —como se evidencia del hecho de que apenas la persona desea estirar su mano o pie, estos obedecen su voluntad inmediatamente, sin mandato o instrucción a ellos, y sin demora, sino que [obedecen] en el preciso instante en que se ha suscitado su voluntad [de hacerlo]—, así también la fuerza vital que anima la ejecución y el cumplimiento de los mandamientos está completamente sometida a la Voluntad Divina investida en ella y [esta fuerza vital] se vuelve, [para la Voluntad Divina,] como un cuerpo para el alma.

Del mismo modo, la vestimenta externa del Alma Divina de la persona que cumple y practica el mandamiento —es decir, su facultad de acción—, se inviste en la vitalidad de la ejecución de la mitzvá, y así también, en consecuencia, se vuelve como un cuerpo para el alma en relación con la Voluntad Divina y está totalmente sometida a la Voluntad Divina. De esta manera, aquellos órganos del cuerpo humano que cumplen la mitzvá —es decir, aquellos órganos en los cuales la facultad de acción del Alma Divina está investida durante la ejecución y el cumplimiento de la mitzvá—, también ellos se transforman en una verdadera “carroza” (vehículo) para la Voluntad Divina. Por ejemplo, la mano que distribuye caridad a los pobres, o cumple con otro mandamiento [se vuelve, en el acto de cumplir la mitzvá, un vehículo de la Voluntad Divina]. Similarmente, los pies que caminan con el fin de cumplir una mitzvá, o la boca y la lengua que hablan palabras de Torá, o el cerebro meditando en [cosas de] la Torá o del temor al Cielo, o acerca de la grandeza de Di-s, bendito sea. Esto es lo que [han querido decir] los Sabios [cuando] expresaron que “Los Patriarcas son verdaderamente la carroza [Divina], porque todos sus órganos eran completamente sagrados y estaban apartados de los asuntos mundanos, y durante todas sus vidas no sirvieron de vehículo [a ninguna otra cosa] sino a la Voluntad Divina exclusivamente.

 

Extraído del libro Tania Completo, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana
© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial. Derechos Reservados.

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