El Tania del Día Likutei Amarim, Capítulo 47

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Likutei Amarim, Capítulo 47

“En cada generación y en cada día el hombre debe verse a sí mismo como si él hubiera salido ese día de Egipto”. Esto se refiere a la liberación del Alma Divina del cautiverio del cuerpo, la “piel de la serpiente”, para ser absorbida en la unidad de la luz del bendito Ein Sof al abocarse a la Torá y los mandamientos en general, y en particular al aceptar el Reinado Celestial durante la Lectura del Shemá, en el que la persona acepta explícitamente y atrae sobre sí la unidad de Di-s, cuando dice: “Di-s es nuestro Señor, Di-s es uno”.

Se ha explicado antes que “nuestro Di-s” es entendido del mismo modo que “Di-s de Avraham”, etc., porque éste resultó anulado y absorbido en la unidad de la luz del bendito Ein Sof, sólo que Avraham se hizo acreedor a ello en razón de sus obras y su progreso en la santidad de grado en grado, como está escrito: “Y Avraham viajó, prosiguiendo más y más [hacia el sur]”. En cuanto a nosotros, [los hijos de Avraham,] sin embargo, para nosotros es una herencia y un regalo, el hecho de que El nos haya dado Su Torá y ha investido en ella Su Voluntad y Sabiduría, que están unidas a su Esencia y Ser en perfecta unidad; y esto es, sin duda, como si el nos hubiera dado Su mismísimo Ser, para decirlo de alguna manera. Esto es como el Zohar comentó sobre el versículo: “Que ellos tomen para Mí una ofrenda”. [La expresión “para Mí”, [dice el Zohar,] significa, de hecho, “para tomarme a Mí”. De modo que el texto, en consecuencia, debería haber dicho: “[a Mí] y a una ofrenda”, sólo que ambos, [Di-s y la Torá,] son uno y lo mismo. Estúdiese bien allí].

Esto es [el significado de lo que recitamos en nuestra Liturgia]: “Y Tú nos has dado, Di-s nuestro Señor, con amor…”, [y también declaramos:] “pues con la luz de Tu semblante Tú nos has dado, Di-s nuestro Señor…”. Por eso, [porque la unión con Di-s no depende del servicio espiritual personal,] nada se interpone en el camino de la unión del alma con Di-s y Su luz, salvo la propia voluntad; pues si la persona no desea en absoluto, Di-s libre, unirse a El… Pero inmediatamente cuando sí lo desea, y acepta y atrae sobre sí Su bendita Divinidad declara: “Di-s es nuestro Señor, Di-s es uno”, sin duda que entonces su alma es espontáneamente absorbida en la unidad de Di-s, porque “[el anhelo del] espíritu [del individuo] evoca espíritu [y estímulo en lo Alto], y atrae [y concede] espíritu”. Y ésta [dinámica dentro del alma de la persona] es una forma de “Exodo de Egipto”.

Por eso se instauró que el párrafo referente al Exodo de Egipto fuera leído específicamente durante la Lectura del Shemá, [como anexo a éste,] —pese a que ésta [evocación y verbalización del Exodo] es un mandamiento en mérito propio, no parte del mandamiento de recitar el Shemá, como se declara en el Talmud y los Códigos—, porque realmente son la misma cosa. Asimismo, el párrafo que se refiere al Exodo de Egipto concluye también [con las palabras:] “Yo soy Di-s, vuestro Señor”. Esto también concuerda con lo que se explicó anteriormente.


Extraído del libro Tania Completo, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana
© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial. Derechos Reservados.

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