PARASHÁ DE LA SEMANA: SHOFTÍM
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 16:18 – 21:9
HAFTORAH: ISAÍAS 51:12 – 52:12

El Tania del Día Igueret HaKodesh, Epístola 8

Igueret HaKodesh, Epístola 8

[Está escrito:] “El siembra tzedakot y hace brotar salvaciones”. El uso de la expresión “sembrar” en conexión con el precepto de caridad, y similarmente en el versículo: “Sembrad para vosotros para tzedaká [y cosechad conforme a la medida de jésed (bondad)]”, puede entenderse a la luz de una enseñanza de nuestros Sabios: “Rabí Elazar solía entregar una moneda a un pobre y luego rezar, pues está escrito: ‘A través de tzédek yo contemplaré Tu semblante'”. Esto significa que la manifestación de Divinidad —que se revela en el pensamiento del hombre y en su devoción durante la plegaria, en cada individuo de acuerdo a su propia medida— es [concedida al hombre] a modo de caridad Divina y [por medio del descenso de] “La benevolencia de Di-s de mundo a mundo sobre aquellos que Le temen…”. Es decir, que la luz de Di-s, el [infinito] Ein Sof, irradia con una manifestación tan [cuantitativamente] grande y [cualitativamente] intensa en lo Alto, en los mundos superiores, que estos [y los seres que los habitan] están verdaderamente en un estado de autoanulación, y considerados como realmente nada ante El, y son absorbidos en Su luz. Estos [mundos superiores] son los heijalot (“cámaras”), con los ángeles y las almas dentro de ellos, que en el sagrado Zohar se mencionan por sus nombres y conforme a sus lugares [y niveles, según se alude a ellos] en la liturgia dispuesta para nosotros por los Hombres de la Magna Asamblea. Ahora bien, esta “luz, que es buena”, irradia desde allí a este mundo inferior sobre “aquellos que temen a Di-s y meditan acerca de Su Nombre” —quienes desean adorarlo con el “servicio del corazón, esto es, la plegaria”— como está escrito: “Y Di-s iluminará mi oscuridad”. Ahora bien, el descenso de esta iluminación a este mundo es llamado “la bondad de Di-s”, denominada con el nombre de “agua”, pues desciende de un lugar alto a uno bajo….


Ahora bien, es sabido que en lo Alto también hay un atributo de guevurá (“rigor”) y tzimtzúm (“contracción”) que sirve para contraer y ocultar la luz Divina de modo que no se revele a los mundos inferiores. No obstante ello, todo depende del estímulo [producido] desde abajo. Pues si el hombre se conduce con bondad, otorgando vida y jésed… [a través de actos de caridad que sostienen al desafortunado], despierta su equivalente en lo Alto. Pues, como dijeron nuestros Sabios: “Con la vara con que el hombre mide, se lo mide a él”. Parecería, sin embargo, que ésta [respuesta Divina] no es de la misma medida, sino [que semejante individuo parecería merecer] sólo que le sea concedida la vida del Mundo Venidero, en correspondencia con su [acto de] conferir vida en este mundo, mas no que se le conceda la vida que proviene de la iluminación de la luz de Di-s propiamente dicha para iluminar y alumbrar su oscuridad en “el servicio del corazón, esto es, la plegaria”. Pues esta última es un grado y nivel de “arrepentimiento de nivel superior” (teshuvá ilaá) —como bien se sabe— [y, como tal, es por mucho superior a sus acciones] por cuanto ésta [teshuvá] supera por mucho a toda la vida del Mundo Venidero. Como enseñaron nuestros Sabios: “Mejor una hora de arrepentimiento y buenas obras [en este mundo, que toda la vida del Mundo Venidero]”, como se explica en otra parte extensamente, que el Mundo Venidero no es sino apenas un destello y reflejo [de la Divina Presencia].


El concepto anterior, sin embargo, puede entenderse por medio de la analogía de la siembra de semillas [de grano] o el plantado de pepitas [de fruta]: la espiga que brota de la semilla, y el árbol con sus frutos [que crecen] de la pepita, no son la misma esencia y ser de la semilla o de la pepita en absoluto, pues su esencia y ser se ha consumido y decaído en el suelo [por lo que no son la fuente de la propiedad vegetativa]. Es la propiedad vegetativa en el suelo mismo, lo que origina y hace crecer la espiga o el árbol y su fruto; sólo que [es necesario sembrar porque el poder vegetativo de la tierra] no manifiesta su poder hacia afuera —de lo potencial a lo real— salvo por medio de la semilla o pepita que decayeron en el suelo y cuyo poder por entero fue consumido por la propiedad vegetativa en el suelo, de modo que se unieron y volvieron una misma cosa. De este modo la propiedad vegetativa concreta su potencial, y emana vitalidad para posibilitar el crecimiento de una espiga asociada a la semilla sembrada, si bien con un enorme incremento en cada espiga [de manera que una espiga contiene muchos granos] y, del mismo modo, hay muchos frutos en un único árbol. Además, la naturaleza y esencia misma de los frutos excede inmensamente la naturaleza y esencia de la semilla plantada. Lo mismo es cierto del producto de la tierra que crece de semillas al estilo de pepitas, como los pepinos y similares. Todo esto es así porque el tronco y la raíz de la vitalidad de los frutos emana de la propiedad vegetativa del suelo que incluye la vitalidad de todos los frutos [y los hace crecer]; [no obstante, se debe plantar una semilla —más específicamente, la semilla de la especie específicamente deseada— pues] las semillas sembradas en la tierra no son sino como un “estímulo desde abajo”, que en los escritos del AríZal se denomina “elevación de máin nukvín”, [la iniciativa de las “aguas femeninas”, receptoras, para despertar el flujo de las “aguas masculinas”, dadoras].


Ahora bien, precisamente de esta manera, hablando metafóricamente, cada acto de caridad que realizan los judíos asciende, como una “elevación de máin nukvín”, hasta la raíz de sus almas en lo Alto, denominada Kneset Israel (lit., “la Congregación de Israel”), y en la terminología del Zohar [esta fuente de las almas judías es llamada] imá tataá, la “madre de nivel inferior”, y en la del Talmud es llamada Shejiná, que comprende a, y está absolutamente unida con, todos los atributos del Santo, bendito sea, el primero de los cuales es el atributo de jésed. Ahora bien, por medio de esta elevación, el “jésed de Di-s”, tal cual, es despertado, de modo que una gran e intensa revelación de Su luz descienda a este [mundo] inferior, donde enciende las almas de Israel, al menos durante el momento de la plegaria. Pues si bien “Su grandeza es insondable”, al grado de que “todos son considerados como nada ante El”, no obstante ello, “Donde encuentras Su grandeza, allí encuentras Su humildad”, tal como el “agua, que desciende [de un sitio elevado a un lugar abajo]”.

Y esto está [implícito] en el versículo: “El brilló en la oscuridad como una luz para los rectos, [El] que es gracioso, misericordioso y tzadík”. Pues, al ser gracioso y misericordioso, y “tzadík — afecto a tzedakot”, [realizando actos de tzedaká con bondad y amor, el hombre] hace que la luz de Di-s brille hacia su alma que está investida en su cuerpo, el que permanece en la oscuridad pues es “la piel de la serpiente”. Y este [estado], cuando “la oscuridad es convertida en luz”, es llamado “liberación”.

Este, entonces, es el significado de “y hace brotar salvaciones” [como resultado de haber “sembrado tzedaká”]. Pues esta salvación brota de la caridad que se siembra en la “Tierra Suprema”, la “Tierra Deseada”, esto es la Shejiná y Kneset Israel, [la fuente de las almas judías,] llamada así porque se inviste en los mundos inferiores para animarlos, como está escrito: “Tu soberanía es la soberanía de todos los mundos”. Esto se aplica más particularmente a cuando uno siembra en la Tierra Santa de abajo, la que verdaderamente se corresponde con ella. Pues la semilla [de tzedaká] es absorbida inmediatamente en la Tierra Suprema, sin obstáculo o impedimento cualquiera, pues nada hay que frene y entorpezca entre las “Tierras de Vida”, pues “es el portal del Cielo”. Esto no es así, sin embargo, fuera de la Tierra Santa [donde factores diversos pueden impedir la implantación de tzedaká en la “Tierra de Vida” en lo Alto].

Esto bastará para los que disciernen.

Extraído del libro Tania Completo, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana
© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial. Derechos Reservados.

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