PARASHÁ DE LA SEMANA: SHOFTÍM
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 16:18 – 21:9
HAFTORAH: ISAÍAS 51:12 – 52:12

El Tania del Día Igueret HaKodesh, comienzo de Epístola 29

Igueret HaKodesh, comienzo de Epístola 29

“Una mujer de valor es la corona de su esposo…”.

La Guemará, en el cap. 4 [del Tratado Talmúdico] de Meguilá, [comentando la enseñanza de los Sabios en Avot que] “Quien hace uso de la corona, pasa [de este mundo]”, declara: “Esto se aplica al que hace uso de quien estudia halajot, que son la corona de la Torá…”. Se enseñó en la Academia de Eliahu que “Quienquiera estudia halajot tiene asegurada [una parte en el Olam HaBá, el Mundo por Venir]”.

Es necesario comprender: ¿Por qué son llamadas las halajot “corona” o “corona de la Torá”? Además, ¿por qué quien estudia precisamente halajot, y no otros temas de Torá, tiene asegurada [una parte en el Mundo por Venir]? También hay que comprender la enseñanza de nuestros Sabios en el cap. 11 [del Tratado Talmúdico] de Menajot, que “incluso si uno estudió sólo un único capítulo en la mañana [y un único capítulo en la noche], ha cumplido con su obligación [de estudiar Torá]”. ¿Por qué no se exime de su deber con otros temas de la Torá?


Sin embargo, es bien sabido que el AríZal declaró que [el alma de] todo hombre judío debe volver reencarnada muchas veces hasta cumplir todos los 613 mandamientos de la Torá con el pensamiento, la palabra y la acción. Esto es a fin de completar las vestimentas de su alma y enmendarlas, de modo que ninguna de ella esté incompleta —con la excepción de los mandamientos que recaen sobre el rey, quien exime a todo Israel porque él es la corporación colectiva de todos ellos—. La razón: A fin de vestir todos los 613 aspectos y poderes de su alma, de modo que no falte ninguno de ellos.

La explicación de la indispensabilidad de estas vestimentas se da en el Zohar, y es comprensible a toda persona pensante. Pues el Néfesh, Rúaj, y Neshamá en el hombre son entidades creadas [y por eso inherentemente limitadas], y a cualquier ser creado le es imposible captar cualquier comprensión del bendito Creador y Formador de todo, Quien es infinito. Además, incluso después de que Di-s ha irradiado [un resplandor] de Su bendita luz, y ha causado una emanación en la forma de una evolución [descendente] encadenada

de numerosos grados, nivel tras nivel, mediante poderosas contracciones y vestimentas numerosas e inmensas [que oscurecen la Divinidad] —éstas son conocidas a los familiarizados con la Sabiduría Oculta, y en Idrá Rabá éstas se denominan “cabellos”, y como está escrito en Daniel: “Y el cabello de Su cabeza es como lana blanca”—, no obstante, [incluso tras semejante ocultamiento] ni el Néfesh ni el Rúaj ni la Neshamá pueden soportar la luz —pues la luz es buena y dulce…, como está escrito: “Para contemplar la agradabilidad (nóam) de Di-s”; [nóam] denota agradabilidad, delicia, dulzura, y un placer infinitamente intenso, como está escrito: “Entonces te deleitarás en Di-s” y “El saciará tu alma con una sed placentera (tzajtzajót)…”; [tzajtzajót está] relacionado con tzijéi tzamá (“reseco de sed”), como lo declara el Zohar—. No tiene fuerza para absorber la agradabilidad y delicia de la [antedicha] placentera sed sin dejar su cáscara, [es decir, su limitación,] y resultar totalmente anulada como la llama de un candil [se anula por completo] en una antorcha, de no ser porque de esta misma luz ha de desarrollarse y surgir algún minúsculo resplandor, por medio de una evolución de nivel tras nivel, con multitudinarias contracciones, hasta que [de este resplandor] se crea una única vestimenta, una creación afín a la naturaleza de esta luz, con la cual vestir el Néfesh, Rúaj y Neshamá. Por medio de esta vestimenta —que es afín a esta luz— [el alma] puede derivar placer del brillo de esta luz, y captarlo, sin anularse totalmente de la existencia. Esto es análogo a alguien mirando al sol a través de un fino y lúcido espéculo, y como está escrito: “Y Moshé entró en medio de la nube, y ascendió a [la montaña]”; esto es, se invistió en la nube y ascendió, y vio por medio de la nube. Así se explica en el Zohar, Volumen II, folios 210 y 229.

 

Extraído del libro Tania Completo, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana
© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial. Derechos Reservados.

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