El primer rayón es el más difícil

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Una amiga terminó de remodelar su casa. Fue un gran proyecto que les llevó más de un año. Unos días después de haber regresado a la casa, uno de sus hijos garabateó con un lápiz de cera las paredes recién pintadas. “Arruinó mi casa nueva”, se lamentó mi amiga.

“Destruyó mi auto nuevo”, se quejó otra amiga después de un encuentro demasiado cercano con un tacho de basura que le dejó un rayón sobre la puerta.

¿Acaso no hemos experimentado todos una de esas vacaciones en las que llovió o los niños pelearon (un momento, ¡eso pasó en todas!), o los cuartos no eran lo esperado? Entonces nos quejamos: “Todo el viaje se arruinó”.

¿Cuál es el problema de estas respuestas? La vida no es una experiencia de “todo o nada” y si esperamos que lo sea nos arriesgamos a la decepción y a la frustración. Vivir en un mundo material significa que pasan cosas, las máquinas no funcionan, se cometen errores, algo va mal. Podemos aprender a aceptar las cosas como son y enfocarnos en lo positivo o pasarnos la vida sintiéndonos miserables.

La opción parece obvia. Sin embargo, con frecuencia muchos escogemos la segunda opción. En vez de disfrutar todos los momentos maravillosos del viaje, lo único que vemos es la lluvia y las actividades que no podemos hacer. ¿Qué pasa con las diferentes actividades que sí podemos hacer en un día lluvioso? En vez de enfocarnos en los momentos de unión familiar en el mismo viaje, ese momento de pelea (física o verbal) echa todo a perder. Es un momento breve momento que los niños olvidan de inmediato, pero nosotros cometemos el error de dejarlo merodear y alimentar las llamas de la frustración. En vez de disfrutar de nuestra casa nueva y reconocer que es un lugar en donde las personas realmente viven, permitimos que ese lápiz de cera nos moleste. (En un nivel más profundo, podemos sentirnos agradecidos de tener niños sanos y vivaces que pueden dibujar en las paredes… ¡Quizás un artista en potencia! ¿Alguien se cree este argumento?)

Entienden la idea. Todo depende de cómo lo miramos y cuáles son nuestras expectativas. La perfección no existe en este mundo, no en nosotros ni en nuestros alrededores. Mientras más la buscamos o la esperamos, más desilusionados y frustrados nos sentimos. Por el contrario, mientras más entendemos que este es un mundo de imperfecciones y que nuestro trabajo es navegar a través de ellas con alegría, estaremos mejor equipados para lograrlo.

Afortunadamente muchos de estos problemas pueden resolverse. Las paredes se pueden volver a pintar, en el taller de chapa y pintura pueden remover rayones, podemos cambiarnos de cuarto o de hotel (¡las peleas son un poco más difíciles de controlar!). Pero siempre aparecerá algo nuevo. La pintura no dura para siempre. ¡Las palomas nos ensucian el auto y siempre llueve el día que lo lavamos!

Pero está bien. Podemos reírnos de eso y seguir adelante. Podemos aprender a no buscar la perfección y valorar lo que tenemos. Podemos disfrutar en una casa “gastada”, con manchas en la alfombra, pintura descascarada y platos resquebrajados (bueno, quizás estoy exagerando). Una vez que nos liberamos de la presión de que todo sea perfecto, podemos relajarnos y disfrutar.

El primer rayón siempre es el más difícil. ¡Es mejor acabar con eso de una vez y disfrutar de lo que tenemos!

 

por Emuna Braverman

 


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