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El Humano Productivo

“Y proclamar la libertad en toda la tierra y a todos sus habitantes…” (Vaikrá 25:10).

Tal vez porque la libertad es altamente valorada en la sociedad actual, la privación de la libertad se considera el máximo castigo. Así, el sistema penitenciario se ha convertido en el castigo para varios delitos, tanto graves como leves. Pero, ¿cómo le ha ido como fuerza de rehabilitación? Nuestras cárceles son el caldo de cultivo para crímenes futuros: un “delincuente sin antecedentes” encontrará en la prisión un “curso intensivo” para encontrar mejores y más significativas maneras de quebrar la ley. Las cárceles apestan a violencia, adicciones y delitos sexuales. Los trabajadores sociales y agencias gubernamentales se dieron por vencidos y aceptaron los trabajos forzados como método de rehabilitación del delincuente. Sin embargo, muchos están agradecidos de que hayamos llegado a la “iluminación” y ya no se impongan castigos corporales (tales como latigazos, etc., como se menciona en la Torá).

Aunque no era usual que se aplicase bajo la ley de la Torá1 , el castigo corporal era parte de ella; la reclusión penal, no. ¿Por qué? Porque “el hombre ha nacido para trabajar”2 . El ser humano debe llevar a cabo su razón de ser para ser un elemento productivo de la sociedad; el hombre debe trabajar para conservar su carácter humano. Un criminal que recibía castigo físico bajo la ley de la Torá sufría dolor y angustia, pero en poco tiempo era capaz de volver a trabajar y de ocupar su lugar en la sociedad como un ser humano trabajador y productivo, para continuar así su misión en esta tierra como creación del Todopoderoso. (En casos muy graves, un hombre podía ser juzgado incapaz de continuar su misión en esta tierra, y recién entonces se aplicaba la pena capital.) Por el contrario, cuando un individuo queda estancado en la celda de una prisión y se le impide funcionar como parte productiva de la sociedad, su carácter humano se deteriora y esto, en cierto sentido, es incluso peor que la muerte.

“La ley del reino es ley”:3 hay que trabajar dentro del sistema hasta que el método de trabajos forzados se sustituya por algo mejor y más rehabilitador. Como judíos, tenemos la obligación de llevar ayuda, comodidad y mitzvot al prisionero judío. Esta es un gran acto de ahavat israel, de “amor fraternal”. Esto eleva sus espíritus; los inspira con la esperanza de que, si resuelven los factores negativos de la vida que los llevaron a su encarcelamiento, finalmente podrán disfrutar de una buena, larga y feliz vida.

NOTAS AL PIE
1. Ver Talmud, Makot 7a.
2. Job 5:7.
3. Talmud, Gitlin 10b.

POR ITZJAK MEIR KAGAN

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